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La crisis argentina y el inminente chasquido de Thanos

El paisaje retratado por los datos revela que más temprano que tarde, la realidad exigirá reformas en las instituciones y regulaciones en la economía para evitar nuestro "sangre, sudor y lágrimas" o el chasquido de Thanos.

Francia puede ser un tenue reflejo de los debates que nos debemos.
Francia puede ser un tenue reflejo de los debates que nos debemos.
Tiki Gomez Goldin 09 mayo de 2023

Luego de que en 2020 fuera uno de los países con mayor gasto social para mitigar los efectos dramáticos de la pandemia, la Francia de Macron se vió recientemente involucrado en un dramático contexto de enfrentamiento político y social tras intentar elevar dos años, de 62 a 64, la edad jubilatoria 

¿Pero es acaso Francia el único país que enfrenta un problema en lo referido a su esquema previsional, pirámide demográfica y gasto público? Para nada. Y en la Argentina más que un debate supone un enorme dilema.

El geo-politólogo George Friedman desarrolla en su célebre "Los próximos 100 años" una proyección según la cual el envejecimiento poblacional de los países desarrollados pondrá en jaque los sistemas previsionales generando un marco de competencia entre las potencias por la mano de obra para el fin del 2030. Se basa principalmente en que el costo de vida y de manutención de los hijos se vuelve cada vez más elevado, entre otras variables, por lo que se invierte la relación de población económicamente activa y adultos retirados. De hecho, hasta predice en el 2009 un ataque de Rusia a Ucrania para el 2020 pero quizás debamos desacreditar todo su análisis ya que le erró dos años.

Por su parte, Rafael Rofman, considera que las posiciones de desarrollo de los países vinculados a la superioridad numérica poblacional son demasiado militaristas,poniendo el contraste entre Alemania e India, donde la segunda posee más habitantes pero es menos poderosa por lo que su progreso se debe a  su productividad. A su vez, aduce que muchos países desarrollados, y cuya pirámide demográfica está invertida a causa de su envejecimiento poblacional, han resuelto hace años ese problema aumentando su nivel de producción. 

El economista y demógrafo de hecho celebra la merma en la tasa de fecundidad en nuestro país (a razón de 60 mil madres menos por año que se está dando desde el 2015) ya que se condice con una mejora de progreso económico donde las mujeres tienen mayores posibilidades de estudio y trabajo. 

Es absolutamente cierto que el envejecimiento de una población es el resultado de un proceso de desarrollo y avance. Francia lo atestigua hace décadas pese a no ser de los países más envejecidos pero con una fuerte inversión social y una seguridad social robusta. La Argentina, en cambio, está presentando los primeros pasos en esa dirección y también representa uno de los países con mayor cobertura en la región y el mundo, debido a que alrededor del 95% de las personas mayores recibe un ingreso previsional. No obstante, el exceso de población dependiente evidencia en ambas la fragilidad de un sistema que a futuro puede quebrar.

Ahora bien, el panorama local es muy pero muy diferente al de los países del primer mundo. En la República Argentina se destina más del 10% del PBI a financiar prestaciones previsionales, lo que supera el promedio de la región e incluso de los países desarrollados (y envejecidos). Estamos hablando del 45% aproximadamente del gasto público. 

Acorde a la ley previsional, se debiera realizar aportes a lo largo de 30 años para acceder a una jubilación ordinaria. Si nos regimos únicamente por ese parámetro solamente menos de un cuarto de la población podría jubilarse. De este modo, se explican las reiteradas moratorias que se han promovido y aprobado en el Congreso de la Nación a lo largo de las últimas dos décadas. Su existencia en el ecosistema previsional constituye cierta inequidad en el esquema que atenta contra la sustentabilidad a mediano y largo plazo. Pero no se trata de la única excepción. El sistema previsional contempla también en su interior más de 200 regímenes especiales que explican un 40% de los beneficios y un 55% del gasto previsional total del país.

Dicho de otro modo, mientras que hoy existen alrededor de 5,4 millones de jubilados y pensionados, hace una década eran la mitad. El aporte que hoy lo realizan 9,4 millones de activos hace aproximadanente  10 años lo realizaban 9,2 millones.  En otras palabras, la cantidad de activos es casi la misma aunque no alcance para sostener el doble de beneficiarios. Por si esto fuera poco, el escenario se agrava aún más con el crecimiento de la pobreza, inflación y, más aún, informalidad. 

¿Podemos imaginar un debate en el Congreso o a un dirigente electoralmente competitivo sugiriendo la suba de la edad jubilatoria? ¿O acaso siquiera la propuesta de reforma previsional? 

Para muchos, en nuestro país, entre debatir reformas en la seguridad y previsión social, y el objetivo de Thanos de reducir la población a la mitad para que los recursos alcancen (sacame a Malthus del medio que entorpece) casi no hay diferencia.

Si pensamos en la seguridad social pensamos en trabajo. Es ahí donde se evidencia aún más que el sistema es lisa y llanamente poco sustentable. La informalidad en nuestro país alcanza al 45%, lo que se traduce en 8 millones de trabajadores no registrados y vulnerables que no pueden realizar aportes. Por otro lado, hay unas 5 millones de personas que se encuentran asalariadas en el sector privado y otras 3 millones que son trabajadores o profesionales por cuenta propia. 

No deja de ser curioso, a su vez, que la Argentina, tan alejada de todo, donde los electrodomésticos se compran en cuotas pero las propiedades al contado, tengamos guardado el 10% de los dólares en circulación del mundo (y 20% fuera de Estados Unidos). 

Estos dólares que están fuera del sistema o "bajo el colchón" nos señalan que la falta de recursos es grave pero la baja confiabilidad es crítica. La confianza es una de las herramientas indispensables para introducir ese caudal de recursos en el circuito que permitiría invertir en la salida: educación y trabajo genuino. Sin estas, el incentivo para aportar es cada vez menor.

Dentro de este concierto de trabajadores donde pocos gozan de todos los derechos laborales consagrados en nuestra legislación (de los que alguna vez la Argentina supo ufanarse) ¿a qué sector afecta con mayor ímpetu la informalidad? Sabiendo que la pobreza afecta con menor piedad a los niños, niñas y adolescentes, es muy fácil imaginarlo. 

En esta línea, si pensamos en clave electoral, nos vamos a encontrar con que en octubre del 2023 el 30% del electorado tendrá menos de 30 años, el 50,2% no llegará a los 40 años, y 6 de cada 10 electores tendrá 45 años o menos. 

Si le sumamos una inflación superior al 100% se vuelve una picadora de carne donde más que representar a trabajadores, el desafío político es canalizar mayormente a excluidos del sistema, luego a trabajadores que ahora son pobres y por último alguna clase media cuyos aportes deben sostener el total del sistema previsional. 

¿No es lógico, entonces, que un candidato antisistema como Milei crezca en las encuestas y entre los jóvenes? ¿No parece coherente también que el peronismo tradicional enfrente dificultades en representar trabajadores ante cada vez más pobres que son excluidos del sistema y encuentran pertenencia en movimientos sociales y organizadores de la economía popular?

Parecería que en torno a lo previsional, el mercado de trabajo y el gasto público se está generando la tormenta perfecta si no fuese por el hecho que la crisis, a la luz de los datos descritos,  ya se desató. 

Ahora resta que la dirigencia se enfrente no solo a los comicios de octubre sino también a ampliar su horizonte temporal a la hora de tomar decisiones. Sobre todo si quieren evitar lo que en Francia fue, además de inevitable, una promesa de campaña. 

La salida, por supuesto, demanda mayor productividad e implica mayor inversión en educación y trabajo pero esa inversión hay que financiarla y la sabana se sigue acortando.

Nuestros gobernantes se concentraron demasiado en gerenciar un presente en desmedro del largo plazo cuando el paisaje retratado por los datos revelan que más temprano que tarde, la realidad exigirá reformas en las instituciones y regulaciones en la economía para evitar nuestro "sangre, sudor y lágrimas" o el chasquido de Thanos.

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