"Mejor sería no hacer nada, dijo uno de los filósofos optimistas, los problemas del futuro, el futuro los resolverá. Lo malo es que el futuro es ya hoy, dijo uno de los pesimistas" (J. Saramago, Las intermitencias de la muerte, 2005)
La pobreza, cinco décadas creciendo. ¿Ese drama lo resolverá el transcurso del tiempo sin expresa acción colectiva? ¿Hemos alcanzado el punto de no retorno y, atontados por pequeños logros circunstanciales, vamos a la pérdida de la identidad de la sociedad que fuimos y rumbo a la cual nadie querría pertenecer?
Nos atonta la idea que "el futuro lo resolverá". O el encerrarnos en nuestro metro cuadrado; no escuchar versiones distintas de lo que pasa "ahí afuera" o a la voz que nos advierte que, tal vez, la luz no anuncia el final del túnel, sino la locomotora que, si no la detenemos, nos llevará puestos. ¿O acaso el aluvión de pobreza es un fenómeno autónomo al que nada lo empujó?
Tal vez nuestro presente es el propio de una estructura industrial no competitiva, incapaz de generar empleo productivo urbano y de mejorar el saldo de la balanza comercial. O que, cuando crece 1% el PIB, las importaciones crecen 3% si hay controles, o 6% con libertad de comercio y por eso crecer (con industria desarticulada) es agrandar el agujero externo. ¿Esa mecánica de freno al crecimiento será resuelta por el mero transcurso del tiempo? ¿O bien, las políticas del presente nos aseguran que esa barrera al crecimiento ya es la materia prima del futuro? ¿Y si es así cuál será la suerte del empleo urbano productivo?
Porque nuestro presente es el de una Nación territorialmente desintegrada: en 1.5% del territorio (AMBA) vive 30% de la población. ¿Sin hacer nada al respecto, por el solo transcurso del tiempo, ese desbalance demográfico, ese vacío territorial, se resolverá? ¿O esta situación, dadas las concepciones de política dominantes, ya nos anuncia la continuidad de este desgraciado presente en el futuro? ¿El desequilibrio demográfico acaso no es un costo que atenta contra la mejora de la productividad sistémica?
Panorama Plata dulce
También estamos en un territorio tan vacío como semi árido, sometido a sequías cada vez más intensas y prolongadas, pero que cuenta con potenciales de riego inexplotados. Existen inventarios, estudios y proyectos. Por sí solos, sin políticas públicas, no transforman la realidad. Este es el presente "rural" -mientras nuestros vecinos crecen velozmente- y sin políticas específicas que lo transformen, será también así, inevitablemente, el futuro. ¿Sería lo mejor seguir haciendo nada?
Nuestro territorio está bendecido para el aprovechamiento de energías limpias (p.ej. eólica y solar) pero no contamos aún, a pesar de leyes que promueven ese aprovechamiento, con el desarrollo de industrias locales proveedoras de los bienes que transforman la naturaleza en energía, ni tampoco - por ejemplo - políticas de vivienda, que puedan generar mecanismos para el aprovechamiento de energía gratuita para la vida cotidiana de poblaciones aisladas en nuestra inmensidad.
Nos pesa haber sido vanguardistas en educación popular y hoy, desde el análisis comparado, estar en franco retroceso. Lo más relevante es que, en términos absolutos, el sistema educativo retrocedió. Pero, ¿con 60% de los educandos de la primaria sobreviviendo en la pobreza y con el actual enfoque educativo -de un país de clase media y acelerada movilidad social ascendente- acaso el mero transcurso del tiempo resolverá la decadencia educativa? ¿O transformar drásticamente este presente no sería el mejor anuncio de "el futuro"?
Estamos encerrados en un círculo que se encoge: nos lo aprietan el declive educativo, la desarticulación industrial, el desequilibrio demográfico, la ignorancia de los potenciales transformadores de la naturaleza; y todo multiplica el potencial destructivo de la pobreza.
Podríamos seguir la retahíla de desgracias y preguntarnos si hay algo en el presente que nos anuncie que, sin hacer nada, el curso del tiempo resolverá nuestras cuitas.
El estado de la opinión, el reino del optimismo, nos dice que la suerte está echada y que ha ganado la idea que, en estos temas, los temas verdaderamente estructurales y no meramente "reglamentarios" a la medida del "Coloso", lo "mejor sería no hacer nada" porque "el futuro los resolverá".
"No hacer nada" desde "la política" implica que no es necesario tener ideas claras para, desde el Estado, construir la Nación. Cunde la cultura de "El Monte Taigeto" y cuáles espartanos, nos proponen "ejecutar" todo lo defectuoso. ¿Corregir, reformar, es inútil?
Las principales encuestadoras dicen que estamos optimistas. Nada de lo que hemos inventariado, apenas un poco de la realidad, genera sombras en la mayor parte de la opinión pública.
La Fundación Mediterránea, ovacionó de pie a Milei, incluso ovacionó con el silencio cuando insultó a Raúl Alfonsín "lo muestran como el padre de la democracia, siendo que fue partidario de un Golpe de Estado, pero que, evidentemente, pesificarle la deuda a "Clarín", hizo mostrarlo como un héroe".
Soponcio de R. de Loredo, que se sueña jefe de bloque de la Libertad Avanza, quien pensó que, después de todo, "nunca fue alfonsinista"; como la legión de los que "la vieron". Mientras el pasado se sepulta, "los problemas del futuro, el futuro los resolverá".
La Mediterránea que ovacionó a Milei, financió el programa de C. Melconian que ni remotamente se conecta con el de los libertarios. M. Brito, su vicepresidente y director del Banco Macro, "se" retiró... "si el banquero estaba..., él (Milei) no subía", fue negado, pero la versión se pudo corroborar en el video" (La Voz del interior 31/10) El Poder encandila y ciega.
Pobres y ricos, son consumidores. El Índice de Confianza del Consumidor (UTDT) dice que la confianza ha pegado un salto: 8,8% respecto del mes anterior, 19,5% respecto de enero, pero 6% debajo de octubre de 2023.
En octubre, según Aresco, la imagen positiva de Milei alcanzó 53,7%. La adhesión mayoritaria ocurre, según F. Aurelio, por la valoración de lo económico.
Una mayoría está apostando a que "las cosas van bien" y que Javier está haciendo "lo que hay que hacer".
Apuestan a que la política actual (¿cuál?) resolverá el drama de la pobreza antes que sea tragedia; que el crecimiento económico ocurrirá sin ningún atasco por falta de dólares genuinos y sin ninguna acción específica transformadora sobre la industria; que el desbalance demográfico y el vacío territorial, serán resueltos por la fuerza de la historia, remolona hasta el momento; que fuerzas endógenas, hasta ahora dormidas, generaran el auge de la irrigación de los campos; que espontáneamente se producirá el aprovechamiento de energía gratuita para la vida cotidiana de tantos pueblos y que, el mero transcurso del tiempo, logrará la excelencia, que alguna vez tuvimos, en materia educativa.
Opinión pública a ciegas, nada se hizo, se hace y se piensa acerca de todo esto.
Lo que hay que hacer es "la política", la que se hace desde el Estado, el que con Milei tiene sentencia, sino de muerte, sí de mutilación. Estado manco y cerviz guillotinada, en manos de los arribistas (¿Tierra del Fuego?: un escándalo carísimo) y de los "ingenieros del caos".
Dijo Milei en Córdoba la "dolarización va a ser de facto... y poder eliminar el Banco Central y terminar con ese cáncer inmundo".
Ovacionado. ¿Se harán más ricos los políticos estadounidenses porque los dólares los seguirá emitiendo la Reserva Federal?
Ovación Mediterránea y encuestas, celebran la filosofía de Milei que, parafraseando a un "Alfonso El Sabio" anarcocapitalista, sostiene que sólo hay "Cuestiones que el mercado ha resuelto y cuestiones que el mercado resolverá".
¿Acaso no hay una fiesta en las finanzas regada con anabólicos de escandaloso perdón fiscal y tasas en pesos que duplican la tasa de devaluación comprometida?
Las "fuerzas del mercado" (no del cielo) atraídas por el blanqueo gratuito - inmoralidad tributaria y burla ominosa a las personas de bien que pagan impuestos y no residen fiscalmente fuera del país (costumbre de "nuevo rico") - y tasas extraordinarias, generaron una fuerte corriente de "confianza corta" que a los observadores externos asombra. "El País" (Madrid, 29/10) dice "Argentina..., los especuladores suelen hacerse allí un festín de ganancias de alto riesgo", "Como confían en que Milei defenderá como sea el atraso cambiario, se animan al carry trade, de ganancias más rápidas y lucrativas que, por ejemplo, una inversión en bienes de capital como maquinarias industriales", "ganancias estratosféricas" "Argentina está cara en dólares por el atraso cambiario, pero si el Gobierno sigue interviniendo con reservas para mantener a raya la cotización de los financieros y entra además la plata del blanqueo nos podemos atrasar aún más"
Los beneficiarios crean un clima que arrastra mayorías. "Mejor sería no hacer nada" ... "van a aguantar". Las encuestas confirman. Julio Bárbaro, agudo analista, se preguntó ¿Los encuestadores le preguntarán al 52% de pobres?
L. Vázquez (LN 29/10) cita a la consultora Moiguer que preguntó por los próximos doce meses: el 59% de la clase alta, afirma que estará mejor o mucho mejor y lo mismo sostienen el 50% de la clase media y 41% de la clase baja. Optimismo o confianza de corto plazo inspirada en la fiesta financiera, que es estupenda y generosa...con los que tienen.
Ni pensar en inversiones o en la "confianza de largo plazo", materia prima del desarrollo. YPF, mayoría estatal, inscribió un RIGI, hay anuncios, pero el IBIM-OJF registró, en septiembre, caída de la inversión de 8,3% interanual, y una contracción de 20,4% para nueve meses.
Una cosa es aplaudir, otra invertir. Sin inversiones reales no hay transformaciones estructurales, ni futuro.
El "coloso" podrá mejorar el reglamento: pero sin estrategia de desarrollo de las verdaderas estructuras no hay transformación y los beneficiarios -que son poderosos- dicen que "la fiesta debe continuar". Va a durar. ¿Y la resaca?
