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Representar lo obvio

La política y el sentido común

¿No resulta de sentido común votar algo distinto, o en contra, de la oferta electoral que configura al elenco habitual de los últimos 25 años?

No hubo tal sorpresa.
No hubo tal sorpresa. .
Tiki Gomez Goldin 05 octubre de 2023

Nadie ignora el cimbronazo. Todos fuimos notificados del terremoto político. Incluso la prensa internacional ha puesto la lupa en el caso ríoplatense. ¿Qué sucedió, entonces, en agosto y qué balance deja? En resumidas cuentas, es posible afirmar que ganó lo obvio, la política y el sentido común.

En primer lugar, ganó lo obvio dado a que era más que obvio -valga la redundancia- que al interior del oficialismo era el Ministro de Economía, Sergio Tomás Massa, quien ganaría la interna a Juan Grabois.

En segundo lugar, ganó la política porque frente a Horacio Rodríguez Larreta, que hizo uso de una considerable artillería en términos de aparato electoral a lo largo y ancho de todo el país en una campaña voluminosa en materia de recursos, Patricia Bullrich logró salir victoriosa en la interna de Juntos por el Cambio para ser ungida como su nueva líder ¿Y cómo lo hizo? Apenas detentando la presidencia del partido PRO (en una primera instancia), desde el llano, en el marco de una campaña notablemente más austera, y centrada en el atractivo de su figura. Hizo política. Lisa, llana, simple y tradicional política.

En último lugar, las elecciones dejaron en claro que el triunfo, pese lo que y a quien le pese, fue del sentido común ¿Por qué? Debido al hecho a que en un país donde la inflación interanual se encuentra rasguñando el 150%, donde la pobreza ha penetrado al 40% de la población, donde la indigencia azota al 10% de los argentinos y donde el 43% de los trabajadores están bajo la informalidad resulta más que lógico; resulta de sentido común; sufragar por la opción distinta a la centro derecha y centro izquierda política que han gobernado los últimos 25 años o incluso que la izquierda trotskista que ya forma parte incluso del paisaje. De ese modo, pareciera que votar a Milei resultó ser un acto de sentido común. 

Más aún, el 50% del electorado tiene menos de 45 y, teniendo en cuenta que la pobreza e informalidad afecta con mayor impacto a la juventud, no es de extrañar que el primer foco de ciudadanos seducidos por el terremoto violeta del libertario, se concentre en los segmentos más jóvenes. Sobre todo cuando parece ser una elección que lo definen los "millennials" y los "centennials". 

Si no se genera empleo genuino en el sector privado desde el 2011, si la inflación ha sido un problema del peronismo y del no peronismo en la última década y media, si las villa miserias han aumentando (perdón, barrios populares) desde la crisis del 2001 ¿no resulta de sentido común votar algo distinto, o en contra, de la oferta electoral que configura al elenco habitual de los últimos 25 años?  Lo dramático radica en el hecho de que con 40 años de democracia, la política electoral y partidaria no haya conllevado hacia la prosperidad económica.

El escenario de tercios, ya previsto oportunamente por la vicepresidente, permite vislumbrar tres escenarios igual de posibles.

Escenario uno. Por un lado, con un Milei triunfante, sería lógico que no solo mantenga su resultado sino que incluso también aumente en caudal de votos ya que hay muy pocos incentivos para retirar el voto de un caballo ganador para depositarlo en un candidato que obtuvo menos votos. En ese orden, podría darse un balotaje contra Patricia Bullrich ya que no sería ilógico que Massa merme no solo por haber quedado en el tercer puesto sino también por ser el candidato y ministro de una economía que no demuestra elemento alguno de mejora.

Escenario dos. Por otro lado, Bullrich está posicionada en la incómoda ubicación que la somete a una eventual licuación por izquierda y derecha al ya no ser capaz de alzar la bandera del cambio y tener que concentrar energías en que el voto de Horacio Rodriguez Larreta no se fugue. Esta situación, que es la más difundida por las encuestas de opinión, supone que habría un balotaje entre Javier Gerardo y Sergio Tomás.

Escenario tres. Una tercera hipótesis, algo rebuscada pero no por ello menos posible, sería que los aparatos provinciales hagan sentir el rigor de su peso jugándole así en contra a Milei y que, sumado a una campaña de miedo que supiera tener efecto, se logre moderar (o evitar) el encanto que el libertario supo cosechar en las primarias. Esto derivaría, consecuentemente, en una leve y moderada mengua electoral que estructure un esquema de balotaje entre Patricia Bullrich y Sergio Massa. 

No obstante, si se comprende la dimensión del fenómeno que significa Milei, quién irrumpió en la política desmitificando la necesidad de fiscales, aparatos o punteros, es posible que este tercer escenario sea el que padezca las menores probabilidades. Su notoriedad ahora adquirió escala internacional e incluso su entrevista con el polémico Tucker Carlson superó las 350 millones de reproducciones. La magnitud de su protagonismo ha hecho que no solo triunfe sin llevar candidatos en otras categorías, como lo fue la ausencia de candidatos a senadores en provincias como la de Santa Cruz o Misiones, sino que haya sido el candidato que aparentemente menos invirtió en comunicación digital.

Consecuentemente, el dilema a resolver por parte de la oposición hoy qué estaría representando ahora. Unión por la Patria debe surfear la supervivencia de la gestión. La Libertad Avanza continua su marcha inédita. Y Juntos por el Cambio perdió lugar a la (centro) derecha, no es quien simboliza para el electorado el cambio genuino y su otrora experiencia en gobiernos anteriores personifican para gran parte del electorado algo así como un mero establishment.

La campaña de Patricia Bullrich pareciera haber estado concentrando todas sus energías exclusivamente en el 13 de agosto pero ello apenas era la primera posta. Ante la dificultad de encontrar más combustible para lo que resta de la campaña, el triunfo de la coalición en Santa Fe y Chaco encarna una suerte de bocanada de oxígeno para la oposición "del cambio posible y responsable".

Difícilmente se encuentre la pólvora creativa a menos de un mes del escrutinio pero si algo sugiere el rechazo electoral al tik tok actuado, al ministerio de la felicidad, al revoleo de fotos con dirigentes y a las respuestas irrisorias en materia económica es que para vencer en las urnas la esencia demandada a representar no es ni más ni menos que el sentido común.

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