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2023

Los Horrocrux del Peronismo

La centralidad de la interna de Juntos por el Cambio opaca un fenómeno que se refuerza con las elecciones de Chubut. ¿Qué le está pasando al peronismo?

Tiki Gomez Goldin 31 julio de 2023

A lo largo de los últimos meses, el centro de atención de las elecciones que se han estado desarrollando en distintas provincias ha sido acaparado por su efecto sobre la inédita y competitiva interna del frente opositor que disputa el liderazgo de cara a octubre. 

Sin embargo, poca consideración -tanto mediática como por parte de los analistas- ha tomado el magro desempeño electoral del oficialismo. 

Las serias chances de Juntos por el Cambio de ocupar el sillón de Rivadavía en diciembre, en este sentido, desvió el foco; por lo que vale detenerse para preguntarse ¿qué le está sucediendo al peronismo?

Karl Rove, asesor y estratega principal del presidente George W. Bush, solía decir que "las elecciones no las ganan los republicanos; las pierden los demócratas"

Por lo tanto, ante el acongojante panorama económico en el que se encuentra inmerso el país, en conjunto a lo sucedido en las elecciones subnacionales, no sería errado afirmar que atestiguamos una radiografía de una derrota peronista en lugar de una victoria de Juntos por el Cambio.

En la provincia de Río Negro, el peronismo oficialista obtuvo el tercer lugar con apenas 10,54% quedando atrás del oficialismo provincial de Juntos Somos Rio Negro y también de Juntos por el Cambio. Lo mismo sucedió en Neuquén, donde el oficialismo nacional, con la candidatura de Ramón Rioseco, salió tercero con el 13,15%. Si bien en la provincia de Jujuy el oficialismo obtuvo el  segundo lugar, la diferencia con el radicalismo superó los 25 puntos. Más aún, el sello del Frente de Todos en Misiones apenas pudo arañar un 4,83% ante también un oficialismo provincial y JxC. Del mismo modo, la escena se repitió en Salta y en Córdoba donde el peronismo nacional (y no provincial) no logra hacer pie territorial.

De hecho, el peronismo viene de sufrir derrotas históricas en San Juan, donde perdieron el control de la provincia de Sarmiento luego de 20 años. 

En San Luis, donde la misma familia no sólo gobernaba desde el comienzo de la democracia sino que su apellido está arraigado a la provincia desde hace más de un siglo, el triunfo de la oposición fue inaudito. Y por si fuera poco, el peronismo viene de perder el control de la provincia de Chubut luego de dos décadas.

A todas estas, se le suman las derrotas en las primarias de Mendoza, Santa Fe y Chaco. Hasta ahora, solo lograron sostener triunfos en Formosa, La Pampa, La Rioja, Tucumán y Tierra del Fuego pero con cifras récord de abstención electoral.

En ese sentido, podrían destacarse algunos triunfos sumamente notables por parte de la coalición opositora cuyo liderazgo se encuentra en competitiva disputa, pero frente a varios oficialismos provinciales que lograron retener sus bastiones, como el Frente de la Concordia Misionero, Juntos Somos Rio Negro o Hacemos Unidos por Córdoba, resulta más propicio aún afirmar que la amplia mayoría del electorado esta directamente optando por no elegir al peronismo, en términos de Karl Rove. O, más aún, de rechazarlo.

Un error grotesco sería, no obstante, vaticinar el fin del kirchnerismo o del peronismo como muchos periodistas, analistas y dirigentes se apresuran recurrentemente a pronosticar equivocadamente hace años. Un serio desacierto.

Lo cierto es que el peronismo cuenta con tres horrocruxes básicos  (entendiéndose a ellos como los talismanes en los cuales este ha depositado la vitalidad de su sostén, financiamiento y alma) que explican su hegemonía electoral y con los cuales se ha mantenido en el poder de manera indiscutible; y que incluso explican su constante retorno ante las circunstancias más adversas. Igual que Voldemort.  

  1. Primero y principal, se ha mantenido en el poder gracias a su mayoría  ininterrumpida  en el Senado desde el advenimiento de la democracia. 
  2. En segundo lugar, se ha nutrido gracias a su capilaridad territorial del área metropolitana de Buenos Aires que le ha asegurado la gobernanza de la provincia de Buenos Aires; sobre todo, explicado mayormente por el control de los municipios de La Matanza y de Lomas de Zamora como pilar de esta. 
  3. Y en tercer lugar, a través del poder sindical otorgado a través del financiamiento de las obras sociales en un país caracterizado por tener un ineficiente sistema de salud tripartito (el público, el privado y la seguridad  social).

En lo que concierne al primer horrocrux, de repetirse los resultados de San Juan y San Luis, y en caso de ganar la provincia de Buenos Aires, Juntos por el Cambio se haría de la mayoría de la Cámara Alta arrebatándosela, de esta forma, al peronismo por primera vez en la historia (y donde ya perdió en el 2021la primera minoría). Respecto a la provincia de Buenos Aires, si bien ganársela al kirchnerismo que ha replegado todos sus recursos y energías en ella es una gesta difícil, existe una elevada probabilidad de obtener Lomas de Zamora de la mano de Viñuales.

Cabe insistir que los ejes de los liderazgos del conurbano han orbitado preponderantemente entre éste y La Matanza. Y en último lugar, el peronismo siempre se ha sustentado a través de la maquinaria sindical y sus obras sociales de modo tal que incluso allí se explica el financiamiento y la estructuración que logró mantener antes y durante de la campaña de 1983; y cuyo sistema solo se puede reformar en el Congreso de la Nación, lo que lo torna en el horrocrux más complejo de encarar.

Consecuentemente, de poco sirve precipitarse a firmar un certificado de defunción a una etapa del peronismo, como lo es la kirchnerista, cuando el complejo entramado de elecciones desdobladas apenas demuestran desarmar uno de sus tres horrocrux que le garantizan su incuestionable hegemonía.

Por supuesto que el contexto económico suple con parte de la explicación que configura el escenario: una inflación que supera el 100% anual y apunta hacia 150%, una actividad paralizada que ha logrado un PBI con un nivel similar al de hace una década atrás pero con un PIB per cápita sustancialmente inferior que fuerza a las familias a restringir su consumo. Asimismo, perder siete provincias que controla y reducir su contingente de diputados a 100 (e incluso menos) frente a los 118 con los que hoy cuenta conforma, en efecto, un cuadro crítico.

Por ello, lo adecuado reside en prever una derrota catastrófica con una crisis inminente de liderazgo puertas adentro que desencadene una reordenamiento de las piezas que permita la emergencia de nuevos liderazgos como la figura de Llaryora, entre otras.

Esto fuerza hoy a Massa a apuntar, cuanto menos, a asegurar el piso histórico electoral del peronismo del 35% como primer objetivo. Pero los planetas se encuentran alineados  más que en dirección a un triunfo cambiemita hacia una derrota justicialista propia de un elector sumamente sofisticado. Y eso si es una pieza elemental para enfrentar los siguientes horrocrux en igualdad de condiciones.

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