La Justicia. El poder más esquivo a los focos de la discusión pública. Mientras que los políticos se matan por sumar minutos en los medios, la Justicia siempre es cautelosa, medida y expectante. Esta semana, seguro que al contrario de lo que quisieran, los encargados de impartir justicia son otra vez el foco de atención. Unos dicen que es corrupta, otros que actúa como corresponde. Y muchas veces, unos y otros, intercalan esos lugares dependiendo de cómo beneficien su posición. ¿Pero qué pasa cuando la Justicia no es ni buena ni mala, sino que directamente no es?
En la Argentina, la Justicia muchas veces está vacía. Entre juzgados, fiscalías y defensorías, se calcula que, solo en la Justicia Federal, un 33% de los cargos están vacantes, mientras que en el Ministerio Público Fiscal, las cifras se elevan a 40%. En el caso de los jueces, por ejemplo, esto se debe a que el proceso de designación no acompaña los tiempos políticos, y viceversa. A modo de resumen, el proceso consiste en la evaluación de candidatos por parte del Consejo de la Magistratura y la presentación de una terna al Ejecutivo; Ejecutivo que de allí selecciona los pliegos que presentará al Congreso, el cual debe votar y aprobarlos. Un sistema que en la teoría de la Asamblea Constituyente de 1994 parecía ideal. Ahora, cada cuatro años, el gobierno entrante retira más de 200 pliegos que había postulado su predecesor en el Congreso. Si estos cargos no se pueden designar, ya podemos imaginar por qué la Corte Suprema sigue contando con solo 3 miembros, en vez de los cinco correspondientes.
Y el problema, a partir de esta semana, no hará más que agravarse. El kirchnerismo (re)encontró su "casta": una Corte Suprema (digamos toda la Justicia, ya que estamos) que conspira con el Gobierno y los poderes concentrados. Hasta volvimos a "Magnetto mafioso", como en los mejores tiempos de Jorge Capitanich rompiendo un diario en conferencia matutina. Sin embargo, será interesante ser espectador de una batalla que ahora es distinta. Porque del otro lado, desde los estrados libertarios, también gustan de afirmar "Clarín miente". Método peronista contra método peronista.
La Corte falló en un momento electoral clave. Pero también lo podría haber hecho en 2019 o 2017, algunas de las fechas en las que Cristina Kirchner fue candidata. Claro, eso si la celeridad fuera un atributo de la Justicia argentina. Igualmente, el dato alcanza para dar un puntapié discursivo a una nueva épica de la proscripción. Desde San José 1111 (devaluada Puerta de Hierro) se apuntaló un liderazgo que buscaba definición. Porque he aquí la tragedia del resto del peronismo. Quienes disputaban el poder de Cristina no aguantaban más la ansiedad para ver qué sucedía en la Tercera Sección Electoral el 7 de septiembre, en especial Kicillof.
En la cabeza del gobernador bonaerense debe reinar la confusión. Por un lado, se logró el objetivo al que tanto esfuerzo estaba dedicando, como lo era sacar a Cristina Kirchner de la arena electoral. Hasta había creado el Movimiento Derecho al Futuro, como un espacio propio, para dar esa batalla. Por otro, las mismas banderas que marchaban contra Cristina hace semanas, tuvieron que ir a apoyarla (con cuántas ganas, es la pregunta) al barrio de Constitución días más tarde. Sin disputas del todo frontales, ya hubo ganador en la pelea por el poder. Algo raro en el peronismo, ya que esta vez se lo impusieron de afuera.
El liderazgo de Cristina Kirchner de cara a este año quedó clarísimo. No hay otra opción dentro del peronismo que acoplarse a la "perseguida política". Hasta Moreno se hizo presente. Incluso, ajenos al movimiento, como la izquierda, visitaron su departamento. Aunque no está en las boletas, Cristina Kirchner sigue polarizando. ¿No es acaso lo que el gobierno de Milei buscaba en estas elecciones? Y encima polariza sin la desventaja de tener que competirle en las urnas. Para pensarlo.
Mientras que el kirchnerismo probablemente no dé el brazo a torcer (¿o sí?) en los nombramientos en el Congreso, cabe preguntarse qué hará el Gobierno. Gobierno que, hasta hace poco, chocó como pocas veces cuando trató de designar los dos cargos vacantes de la Corte Suprema. Por suerte el senador Juan Carlos Romero, de Salta, ya pensó en ello. Oportunamente presentado este año, su proyecto de ampliación de la Corte Suprema plantea elevar la cantidad de miembros de 5 a 7. Es decir, 3 nuevos por nombrar. De prosperar el proyecto, las posibilidades de negociación se amplían. Senadores radicales y del PRO que en abril votaron en contra de Manuel García Mansilla y Ariel Lijo, podrían acompañar esta vez al Gobierno.
Además, esos sectores fueron los primeros en defender las causas contra Cristina Kirchner. ¿Cómo quedarían ante su electorado de oponerse al Gobierno que "metió presa a Cristina"? Y tampoco habría que descartar la negociación con el kirchnerismo. Sí, aunque hoy parezca imposible. ¿No sería deseable para este espacio "licuar" la unanimidad de los jueces que fallaron contra su líder? Si muchos de los jueces y fiscales implicados en el proceso contra Cristina Kirchner fueron designados o tenían vínculos con su Gobierno, ¿por qué no pensar también que el kirchnerismo podría estar dispuesto a negociar una ampliación de la Corte Suprema y la designación de nuevos jueces?
Mientras tanto, con los líderes definidos, los argentinos siguen en búsqueda de los justos.
