La lacrimosa salida de Espert de la competencia electoral deja al PRO con algo más que el primer lugar en la lista de candidatos a diputados por la provincia de Buenos Aires. Diego Santilli llega a la dupla que encabeza en el mayor distrito luego de que todos los PRO (y ex PRO) se alinearan en soltarle la mano a Espert, exigir explicaciones y, finalmente, su renuncia.
El resultado es que los dos principales lugares para las elecciones legislativas, en términos de atención mediática y proyección nacional dentro de La Libertad Avanza, serán ocupados por dos (¿ex?) PRO que no se caracterizan precisamente por su organicidad.
Patricia Bullrich, como primera candidata a senadora por CABA, y Santilli en Buenos Aires, mientras Mauricio Macri retoma su diálogo con el Gobierno en un apoyo condicionado, son síntomas de un posible renacimiento de lo que alguna vez fue el PRO.
¿Habilidad de los amarillos o necesidad de los violetas? Los hechos que derivaron en la definición de las cabeceras de lista combinan tanto factores fortuitos como estrategias individuales eficaces. Aunque motivadas por aspiraciones personales, de cara al segundo bienio mileísta pueden configurar un actor con capacidad de veto, capaz de torcer el rumbo del Gobierno, ganar terreno institucional y dejar allanado el camino para la renovación del espacio liberal-antiperonista.
En el PRO no dejan pasar la posibilidad de que un resultado adverso en las próximas legislativas obligue al Gobierno Nacional a replantear su esquema de alianzas. En ese escenario, la necesidad de ampliar su escudo legislativo podría llevar a Milei a recurrir a los herederos de Juntos por el Cambio, devolviendo a Macri un papel central en la estrategia oficial. ¿Hay lugar para un final de mandato al estilo Alberto Fernández?
Aun con semblantes distintos, una derrota legislativa y la persistencia de expectativas negativas podrían colocar a Milei frente a un debilitamiento de su figura, empujándolo a depender nuevamente y más que nunca de quienes lo condujeron a la presidencia. La reedición del Pacto de Acassuso tendría a los negociadores en posiciones opuestas.
La lealtad al aliado y a la estabilidad macroeconómica volverán a ponerse a prueba. El PRO —o lo que quede de él— lo va a estar esperando.