Se está haciendo tarde
¿Qué nos pasó? No es de ahora. tampoco desde siempre. No importa la fecha de inicio, sino como haremos para curarnos de ese mal que nos mina.
Que multiplica fracasos: el educativo, el espanto de las pruebas PISA; el social, el espanto de la pobreza que, sin duda, explica parte del fracaso de la educación, la que era ejemplar cuando la pobreza no agobiaba; el económico y el dolor de una clase media que se desvanece al tiempo del éxito económico espectacular de muy pocos, básicamente, asociados a las concesiones del Estado (servicios, bancos, obras, petróleo, etc.).
Se va generando una grieta social que hasta será económicamente inconveniente. Una de sus causas es "la corrupción": el dispendio de lo público en beneficio de intereses privados desfigura al Estado constructor de la Nación hogar.
La corrupción mata y destruye al Estado rector del Bien Común. Erosiona desde adentro.
Ahora, dentro del Estado, está el "topo" que quiere destruirlo. Pero muchas veces, embanderados en el "Estado presente", lo han saqueado y convertido en un Estado bobo, sin capacidad de acción. Muchas veces no fue inocente, cómplice de los saqueos: evasión, fuga ilegal de capitales, importaciones "truchas" a dólar barato, etc.
La obvia, la coima; no tan obvia, la ineficiencia vía incorporación al Estado de los menos calificados para la tarea que exigen capacidad. Amiguismo, acomodo. Las promesas incumplidas: desde el origen eran de imposible cumplimiento, demagogia, populismo que va del reparto injustificado o insostenible, al endeudamiento injustificado e insostenible: muchísimo más caro y con consecuencias profundas a largo plazo.
A izquierda y derecha, discursos populistas o pseudo solventes, "la corrupción" - no sólo porque asociada a participaciones impropias - que implica la erosión de la confianza en el Estado.
La "mega consecuencia" de esos males, testigos de la impotencia, es la indiferencia. Se manifiesta en el no ir a votar, en el no interesarse por lo público, en el no participar de lo que no es común.
Dejar de "hacer ciudadanía" que fue el esfuerzo gigantesco de la generación que forjó el Estado para construir la Nación.
Esa deserción de ciudadanía ha erosionado al Estado y ha mutilado el sueño compartido de ser Nación.
No participar es, por ejemplo, no comprometerse con la escuela que informa y forma, a nuestros hijos. El bullying, el juego, el vapeo, esas cosas del telefonito, que están haciendo estragos y abriendo un camino a un mundo oscuro y siniestro al que, solos, ni los padres ni la escuela pueden evitar. Es siendo parte, participando, que se construye: nos estamos derrumbando por falta de compromiso.
Sí, la participación de todos es condición necesaria para la vida comunitaria. La destruye la ausencia de "sanción social a los actos evidentes de corrupción". Una suerte de "el dinero lo cura todo". Es lo que abunda por aquí desde hace tiempo. No siempre ha sido así.
Las fortunas inexplicables, algunas documentadas, como las asociadas a la causa "cuadernos" y que involucra a algunas de las fortunas "más famosas", duerme en Tribunales. Pero, más allá de la escasez de Justicia, duerme en la vida cotidiana. ¿Nada está mal? ¿Cuál es el límite? Pasa en otros lados ¿y en qué nos mejora eso?
Un caso emblemático es el del empresario que "consiguió" que "la Justicia" avale que sus pagos "en negro" a un funcionario, ¡"eran aportes de campaña"! Argumento con el que, empresario y funcionario, cómplices del delito, quedaban fuera de la causa "cuadernos". Los jueces que dictaron tal sentencia, a pesar de ello, lo siguen siendo, y aún después que un Tribunal superior restituyó lo obvio: se trataba de una coima que "la Justicia" disfrazaba.
De igual manera el largo silencio sobre la fortuna del matrimonio Kirchner que fue y es, absolutamente inexplicable. Como lo fue el depósito de 5M de U$S, termo sellados de la RF, en una Caja de Seguridad a nombre de la hija de la presidente, realizado con un alto directivo del Banco en el que se guardaba ese dinero que, a todas luces, era "raro" y que no generó ninguna reacción en el alto directivo. El silencio es cómplice.
Si hiciéramos un análisis de los flujos de dinero ganado por un estudio de abogados de la provincia de Santa Cruz, los pocos años que pudieron ejercer la profesión liberal los Kirchner ("abogada exitosa"), más sus ingresos como funcionarios públicos, durante la mayor parte de su vida, más las tasas de interés, insólitas, pagada a sus depósitos en dólares por el Banco de Santa Cruz, 50% propiedad y 100% conducción de Eskenazi, no necesitaríamos de la tardía confesión del Juez Oyarbide, quién alegó que desestimó la acusación de "enriquecimiento ilícito" porque "lo habían amenazado". Una historia de todos conocida. Oyarbide siguió siendo Juez gracias a la catástrofe de las Torres Gemelas que estallaron, cuando se exponía, en el Senado, la connivencia del magistrado con los propietarios de prostíbulos: fue la excusa para levantar la Sesión.
Todos tenemos la imagen, mil veces repetida, de empresarios, herederos de fortuna de larga historia; o ricos nuevos u otros muchos grandes empresarios - la mayor parte de ellos ricos a partir de ser "concesionarios" del Estado (bancos, petróleo, servicios públicos, construcciones, etc.) - aplaudiendo, no una sino decenas de veces, las monsergas de Cristina, riendo con sus bromas, atentos a sus mohines. Una 'clake' que recordarla da vergüenza ajena porque ninguno de ellos - unos por conocimiento directo, otros por mentas - ignoraba que aquellos lujos y exhibiciones de "buena vida" no eran producto de la integridad personal de aquellos dirigentes.
¿No hay complicidad en eso? ¿Actitudes ejemplares? ¿Silencios dignos? ¿Era necesario aplaudir y aplaudir, una y mil veces?
Aquellas reacciones eran tristes entonces y lo son las de ahora de sentido contrario, en las mismas personas.
Los jueces y ahora la Corte, confirmaron la condena en una causa a Cristina y deberá ir presa, a un penal o una prisión domiciliaria, embargada e inhabilitada para ejercer cargos públicos. Un acto de Justicia.
¿El fallo de la Corte? Tratándose de un expresidente, una jefa política importante, la sentencia debió, creo, frente al Mundo, haber tenido la estética de una evaluación detallada y precisa, más allá de la extensión material del fallo. Ser y aparentar, era apropiado en este caso y no sé si lo fue como lo requerido. ¿Primó una urgencia ajena?
Para Eduardo Fidanza, uno de nuestros intelectuales más lúcidos, muy lejano al kirchnerismo, la oportunidad de la sentencia conforma "un parteaguas, en primer lugar, diría esto quiebra una tradición, una regla no escrita, de que la Corte en un caso tan significativo como este no se trataba o no se definía en un año electoral, esto es lo que ha pasado tradicionalmente, esa regla implícita no se cumplió" (El Economista TV 10/6)
Carlos Menem también fue condenado. La Justicia interminable consiguió que el mero transcurso del tiempo terminara con la cuestión. Otros, políticos, empresarios, han logrado que la Justicia se anule a sí misma gracias al trámite de la demora. El Juez A. Lijo - comentaban los periodistas especializados - es un "estratega de la demora de Justicia", un "tiempista": los nombres beneficiados sorprenderían.
¿Qué nos pasó? No hay nada para celebrar en la condena a un expresidente: es la prueba de un fracaso colectivo.
Ese juicio tiene fundamentos que condenan una conducta violatoria de la ley que esta avalada por miles de pequeños gestos de "la buena vida", relojes escandalosos, carteras insultantes, detalles de diva del espectáculo.
Es triste una constatación que en el más alto nivel - más allá de errores u omisiones que pueda tener el juicio -, los desvíos y daños hayan sido incalculables: no hay delito sin consecuencia.
Triste es que un intendente exhiba opulencia, indecorosa e inexplicable, con fotografías de la "buena vida" en el Mediterráneo, partiendo de la "militancia popular" en el suburbio. Lo es el silencio sobre inmuebles en Miami de un legislador, mileista, que supo ser de la barra de Nueva Chicago. Y la cobertura de silencio continúa
¿A quién echar la culpa si domina la deserción de la vida pública por parte de los más preparados, de los más convencidos de la necesidad de la virtud para gobernar la cosa pública, de los que han gozado de las mayores posibilidades al nacer y hasta de los que tienen mucho para perder? ¿Dónde están los que tendrían que estar ofreciendo virtud, ideas y talento? ¿O carecemos de eso?
La democracia es el gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo. Si en 50 años hemos producido la horrible fábrica de pobres que multiplicó su número por 20, mientras la población lo hacía por 2, estos años no han sido los "del gobierno para el pueblo". Tampoco "con el pueblo", porque los representantes no se han confundido palpitando las necesidades del pueblo: es "tradicional la fuga del conurbano", al que administran, al Puerto Madero en el que viven.
Y tampoco ha sido el gobierno del pueblo, porque no han votado, los ciudadanos, las plataformas no presentadas con claridad y precisión de partidos convencidos de esas ideas. Menem, "si decía lo que iba a hacer no me votaban", habla de engaño, sí. Pero, sobre todo, habla de ignorancia de los que llegan porque no saben lo que van a hacer. Por eso siempre han caído en las manos de los magos de las finanzas que dominan el truco de mostrar "la estabilidad" de una nave, la que se logra tirando pasajeros a la mar en lugar de transportar a todo el pasaje a destino.
La condena a Cristina le puso nombre y apellido a un fracaso que tiene muchos padres y cuyas causas siguen vivas.
La condena está lejos de tener la consecuencia de unidad y salida del enfrentamiento y la violencia, que R. Girard desarrolló en la mecánica del chivo expiatorio.
La condena a la grieta, violencia y fracaso, está ausente. Construirla con la palabra, el fin del odio, la grosería y la vulgaridad, lo que hoy es idioma oficial.
Desde arriba debe empezar. Se está haciendo tarde.