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En medio de las internas oficialistas, Victoria Villarruel gana protagonismo. Paralelismos con la premier italiana.

Nuevo liderazgo.
Nuevo liderazgo.
09 enero de 2024

Los rumores del diálogo de la Victoria Villarruel con el expresidente Macri complican aún más la relación con Milei y potencian la posición conservadora en la interna de múltiples aristas que azota al gobierno.

El vocero presidencial insiste con la idea de que el gobierno está cohesionado en torno a la figura de Milei, y que no existe ni un germen de posibles conflictos. Sin lugar a dudas, está afirmación está muy alejada de la realidad, y a medida que los tropezones del presidente le cuestan caro frente a la opinión pública, esta brecha se acrecentará. Las disputas dentro del gobierno ya se dan en dos ejes: el metodológico y el ideológico.

El primero se da en el círculo cercano del presidente y es causado por las diferencias en torno a la posibilidad de consensuar y ceder. Sobre este aspecto metodológico se acusa a Sturzenegger y al jefe de gabinete de haber errado en la estrategia legislativa con la que aún no se entiende como pretenden lograr el objetivo. Los acusadores ya plantean la necesidad de pensar en usar a estos funcionarios como fusibles del plan fallido y abrir una nueva etapa que asegure algunas victorias futuras en el plano legislativo.

El eje ideológico ya estaba presente en la campaña pero es de esperarse que la tensión se acreciente con el pasar de las semanas, a medida que las expectativas creadas no se cumplan. La fórmula que llegó a la presidencia representó la alianza entre liberales y conservadores, que se esparce por todo el globo. En nuestro país el consenso de derecha entre conservadores y liberales libertarios se basa en la mano dura en términos de seguridad, el ordenamiento económico, la eliminación de gastos destinados a políticas culturales progresistas y algún grado de cambio en la legislación en materia de derechos de las minorías.

Villarruel alcanzó rápidamente el lugar de representante del ala conservadora, y aunque no tenga grandes méritos en su historia profesional, logró legitimidad entre los votantes más tradicionalistas. Este posicionamiento se da en un contexto donde "la batalla cultural" gana adeptos, pero con un claro faltante de dirigentes políticos. 

En el mundo la vicepresidenta tiene como referente a la premier italiana, Giorgia Meloni, con quien comparte todas las posturas que le sirvieron a la europea para llegar a la primera magistratura. La defensa de la identidad nacional y cristiana es su común denominador, aunque en el caso de la europea el discurso conservador tuvo un caldo de cultivo ideal para su ascenso al poder. La crisis migratoria europea, el creciente rechazo social a elementos de la globalización interpretados como causantes de reclamos sociales que afectan perspectivas tradicionales, sumado a las dificultades de adaptación de un sector de la clase trabajadora en un contexto de transformación productiva han sido la base de la victoria de Meloni en Italia.

En nuestro país el conservadurismo en los últimos años ha focalizado su estrategia discursiva en la crítica al paradigma de interpretación de lo ocurrido durante el conflicto armado de los 70'. Esto ha representado un techo para un sector político que ha sabido crecer a lo largo del mundo apelando a demandas más transversales, típicas del nacionalismo y de los movimientos religiosos. 

Villarruel parece la indicada para captar la legitimidad política del cambio cultural, aunque deberá sortear los obstáculos internos. El escenario donde la imagen de la vicepresidenta crece a medida que Milei pierde popularidad es algo que preocupa en la Casa Rosada, y con razón, dada la experiencia reciente.

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