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¿Un nuevo electorado?

El resultado de las PASO fue catalogado como inesperado. Sin embargo, esa afirmación merece ser matizada.

Diversos estudios de opinión pública vaticinaron un escenario de tercios, como el último informe nacional 2023 de Zubán Córdoba y Asociados
Diversos estudios de opinión pública vaticinaron un escenario de tercios, como el último informe nacional 2023 de Zubán Córdoba y Asociados EE
Geraldina Dana 16 agosto de 2023

El resultado de las últimas PASO fue catalogado como inesperado debido a que ninguna de las dos principales coaliciones obtuvo el primer lugar en la elección nacional. Esta afirmación, sin embargo, merece ser matizada en tres sentidos. 

En primer lugar, desde la crisis de 2001, se ha descrito una orfandad en la política de partidos (Torre, 2003). Dicho de otro modo, el Siglo XXI argentino se caracterizó por la erosión del sistema partidario basado en el PJ y la UCR como principales ordenadores del mapa ideológico-político. Su resultado fue, por un lado, la desaparición de identidades partidarias "de la cuna a la tumba", en donde los votantes votaban la candidatura propuesta por el partido de su preferencia, de manera orgánica. 

En consecuencia, el nombre y las cualidades personales y políticas de los candidatos comenzaron a pesar más que el sello partidario. Por otro lado, esto se relacionó con una ciudadanía más exigente en términos de rendición de cuentas, que comenzó a asociarse más por temáticas específicas que por una identificación holística con una ideología. 

Surgieron así ONG relativas a la transparencia, que se sumaron a las ya existentes por otras issues. Así, la participación se dislocó del "partido de integración social" (Panebianco, 2009), en el que se llevaban clásicamente adelante todas las actividades de la vida cotidiana de las personas. 

Lo que en el panorama europeo estaba dominado por los partidos socialistas y sus bibliotecas, o los conservadores y sus clubes, en la geografía criolla eran peñas, centros de estudiantes o equipos improvisados de fútbol que tenían por finalidad no sólo el encuadramiento, sino también la socialización en un sentido más amplio y laxo, creando subculturas políticas. 

Aunque a partir de 2015 el panorama binario se haya restituido en dos coaliciones nuevamente, JxC y UxP, el ordenamiento electoral en dos frentes principales no tuvo el correlato societal del siglo XX. En otras palabras, se reordenó la oferta electoral, pero los lazos profundos de identificación partidaria que hacían que un ciudadano votara por alguien tan solo "por ser el candidato del partido", no renacieron. Se siguió prestando especial atención a la (falta de) virtù del político, con la volatilidad del voto que ello conlleva. 

En segundo término, diversos estudios de opinión pública vaticinaron un escenario de tercios, como el último informe nacional 2023 de Zubán Córdoba y Asociados. En un sentido también atípico se leían las conclusiones de Vilker y Timerman, o del LEDA-UNSAM. 

Finalmente, el estudio diacrónico de Latinobarómetro (llevado a cabo desde 1995 hasta la actualidad), viene advirtiendo, para la región latinoamericana, un crecimiento de la indiferencia al tipo de régimen político, así como una caída en la valoración de la democracia como tal. 

En tercer lugar, y en vinculación con lo anterior, la caída en la valoración de la democracia es mayor en jóvenes. Así, de las personas de entre 16 y 25 años de edad, sólo el 43% contesta inequívocamente que la prefiere. El resto de ellos se distribuye entre la indiferencia (30%) y la opción por un autoritarismo (20%). Exactamente lo contrario sucede con las personas que, por su edad, vivieron bajo dictaduras. 

Este dato podría ser insignificante si en Argentina no se pudiera votar a partir de los 16 años, o si este grupo etario no estuviera en crecimiento. Entre la última elección presidencial (2019) y 2023, el grupo de electores de entre 16 y 17 años se incrementó 47%. 

A este grupo centennial se suman algunos milennials: los votantes del 24,29% del padrón electoral tienen entre 18 y 29 años. Así, más del 30% de las personas habilitadas a votar son sub-30. 

Por ende, ante un electorado nuevo, con preferencias poco condicionadas en términos de pertenencia familiar-partidaria y que siente que la democracia no cumple con sus expectativas, no debería sorprender un resultado que ponga en tela de juicio la oferta tradicional. 

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