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Argentina, el Frente de Todos y la guerra en Ucrania

El giro del Gobierno hacia una posición más afín con la de las potencias occidentales –aunque evitando un respaldo explícito a la OTAN- expresa la postura del grupo más cercano al presidente.

Fernández, en febrero, viajando desde Rusia a China
Fernández, en febrero, viajando desde Rusia a China
Tomás Múgica Tomás Múgica 23-03-2022
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La invasión rusa a Ucrania, como todos los grandes eventos internacionales, no admite la indiferencia por respuesta: obliga a los Estados a posicionarse. En el caso argentino, en esa definición se juegan debates políticos domésticos, restricciones externas e intereses permanentes.

Desde el 24 de febrero, día en que las tropas rusas comenzaron el operativo militar en Ucrania, la postura del Gobierno argentino sufrió cambios significativos. Durante ese período, se sucedieron los debates al interior de la coalición de Gobierno acerca de la posición oficial. Vale recordar algunos hitos de ese recorrido.

  • El primer comunicado de la Cancillería, el 24 de febrero, evitó llamar invasión a la acción militar de Rusia, mientras demandaba el cese del fuego y el diálogo entre las partes. 
  • El 25 de febrero Argentina se abstuvo al votarse una moción de condena a Rusia en la OEA. Fue parte de un grupo de cinco países, que incluyó además a Bolivia, Brasil, Nicaragua y Uruguay. 
  • En los días siguientes el tono y el contenido de los comunicados viraron de manera notoria: el 28 de febrero, el canciller Santiago Cafiero intervino en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, condenando la agresión rusa. 
  • El 1° de marzo, al inaugurar las sesiones legislativas, el presidente Alberto Fernández se refirió a la operación militar rusa como “invasión”. Ese mismo día, Argentina acompañó una condena a Rusia en la Asamblea General de la ONU. 
  • El 4 de marzo, en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que nuestro país preside, el gobierno respaldó una resolución sobre “la situación de los derechos humanos en Ucrania a partir de la agresión rusa”. En esa ocasión la representante argentina instó a Rusia a cesar el uso de la fuerza y reafirmó el compromiso de Argentina con los principios de soberanía e integridad territorial de los Estados y los derechos humanos. 

A las declaraciones en foros internacionales Argentina ha sumado otros gestos que la acercan a Occidente, como el envío de asistencia humanitaria para los refugiados ucranianos en Polonia a través de Cascos Blancos, concretado el 18 de marzo. El giro del Gobierno hacia una posición más afín con la de las potencias occidentales –aunque evitando un respaldo explícito a la OTAN- expresa la postura del grupo más cercano al Presidente. 

El sector que se nuclea en torno a CFK mantiene otra mirada, que enfatiza la presión de la OTAN sobre la posición rusa, aunque sin justificar el uso de la fuerza por parte del Gobierno de Putin. 

A través de las redes sociales, el 27 de febrero la expresidenta recordó que en 2014 -en ocasión de la ocupación de Crimea por parte de Rusia- su Gobierno apoyó a Ucrania en defensa del principio de integridad territorial. Sin embargo, evitó condenar abiertamente la conducta rusa en el presente conflicto. 

Entendiendo al Frente de Todos

¿Cómo entender los diversos posicionamientos al interior de la alianza gobernante? Las reacciones frente al conflicto ponen de manifiesto las diferencias en materia de identidades y valores de los diferentes sectores que conforman esa coalición. 

Pero también hablan la existencia de restricciones externas y de intereses permanentes que deben ser tenidos en cuenta, especialmente por aquellos que tienen responsabilidades en el Ejecutivo. 

Empecemos por las diferencias programáticas. Para el kirchnerismo, la cercanía con Rusia (una potencia que, al igual que China, limita el poder norteamericano) es una credencial que confirma sus preferencias por un orden multipolar y una política exterior autónoma. Es sobre esta dimensión política, más que sobre las hasta ahora modestas oportunidades en materia de comercio, inversiones y cooperación tecnológica, que se funda la preferencia por un vínculo fuerte con el país euroasiático. 

Debe recordarse que CFK realizó dos visitas oficiales a Rusia durante su Gobierno (en 2008 y 2015) mientras que Dmitri Medvédev y Vladimir Putin estuvieron en nuestro país en 2010 y 2014, respectivamente. En 2015 una declaración conjunta otorgó a la relación carácter de asociación estratégica integral. La carta rusa, en resumen, es seña de antiimperialismo y autonomismo, una pieza importante de la identidad política del kirchnerismo. 

Los sectores más cercanos al presidente, en cambio, mantienen una mirada más matizada del vínculo con Rusia. Por un lado, se valora la conducta del Gobierno de Putin durante el primer tramo de la pandemia de Covid-19. 

Rusia se mostró dispuesta a proveer vacunas –la Sputnik fue la primer vacuna contra el virus que se aplicó en nuestro país, que a su vez fue el primero en América Latina en autorizarla- cuando otros países (de manera notoria Estados Unidos) no lo hacían. El viaje del presidente a Rusia, en el mes de febrero, cuando la posibilidad de una invasión era clara, debe ser leído en este contexto. 

Sin embargo, en el ejercicio del poder se aprecian los límites que impone la realidad. Es por ello que desde los sectores más afines a Fernández, que concentran la conducción de la política exterior, se enfatizan las restricciones internacionales que operan en este caso. 

La más importante de ellas es la que surge de las necesidades de financiamiento externo: Argentina se encuentra en la fase final de la negociación de un nuevo acuerdo con el FMI, que sería aprobado en la reunión del board el 25 de marzo. El respaldo norteamericano es decisivo en esta instancia y la neutralidad frente a la invasión rusa es incompatible con dicho apoyo. A ello se suman las obligaciones con el Club de París (también dominado por las potencias occidentales), en proceso de renegociación. 

Finalmente, algo que también se ve mejor desde el ejercicio de la función ejecutiva, en su respuesta a la crisis de Ucrania nuestro país debe preservar intereses que trascienden la coyuntura. Para un país mediano, la defensa del multilateralismo y del derecho internacional constituye un interés de largo plazo. Al respecto, dos cuestiones son especialmente sensibles: integridad territorial y derechos humanos. 

Frente a la guerra en Ucrania, la afirmación del principio de integridad territorial de los Estados, invocado en la posición argentina respecto a Malvinas, es central: Argentina no puede respaldar o permanecer neutral frente a una invasión sin contradecir su posicionamiento en relación a una porción de su propio territorio que se encuentra ocupado por una potencia extranjera. La condena al accionar ruso es por tanto indispensable. 

La defensa de los derechos humanos es otro importante de la política exterior argentina. Se trata de un tema en el cual nuestro país tiene un recorrido importante, anclado en su historia, y un prestigio que se debe mantener y acrecentar. Manifestarse claramente frente a la situación en Ucrania (ataque a civiles inocentes y desplazamiento forzado de millones de personas) constituye no sólo un imperativo moral, sino la defensa de un interés vital de la Argentina en la arena internacional. Un recurso de soft power en permanente construcción.

La posición del Gobierno argentino frente al conflicto, en resumen, expresa la heterogeneidad ideológica del Frente de Todos, pero también la diversidad de perspectivas entre aquellos que tienen responsabilidades ejecutivas y aquellos que, más alejados de las decisiones en materia de relacionamiento externo, se apegan a su identidad política y buscan conservar su capital simbólico.


 

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