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Buscando el Norte

Gobernadores del Norte fortalecen su alianza multipartidaria y buscan sacar ventaja en horas de turbulencia política nacional.

Gobernadores del Norte Grande con funcionarios del Gobierno Nacional
Gobernadores del Norte Grande con funcionarios del Gobierno Nacional Presidencia
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El Norte Grande reflota como foro de gobernadores para presionar al gobierno nacional en la búsqueda de beneficios impositivos. Aunque se defienda la idea de que están inmersos en un “proceso de integración regional” lejos están las provincias norteñas de delegar competencias a un órgano superior. Sin este elemento necesario para hablar de integración, la alianza interjurisdiccional se consolida como un foro de presión al gobierno nacional.

No es menor el timing de los reclamos norteños a la hacienda federal. Como bien lo hacen saber, las 10 provincias cuentan con 30 senadores y 56 diputados que valen otro en la era de incertidumbre política y ausencia de mayorías parlamentarias. Sin embargo, en momentos de necesidad la búsqueda de soluciones justas queda ignorada frente a la solución posible.

La ciencia política argentina viene estudiando la provincialización del sistema de partidos como un fenómeno creciente en periodos de crisis de legitimidad del Estado Nacional. Esta provincialización, en su edición contemporánea, se refuerza por la responsabilidad de la Casa Rosada sobre la crisis económica. Esto alienta el clivaje entre provincia y nación, que afecta el comportamiento de todos los partidos, indistinto de su afiliación federal. 

El resultado de esta desnacionalización es una creciente disciplina partidaria en el nivel subnacional, donde no son menores los ejemplos de presiones cuasi unánimes por parte de los representantes provinciales en el Congreso Nacional.

La región del Norte Grande, amparada en el art. 124 de la Constitución Nacional, es un ejemplo de alianza multipartidaria que manifiesta esta provincialización. Sus demandas de beneficios fiscales parten de un esquema de federalismo fiscal que las beneficia categóricamente. Con la sanción de la Ley de Coparticipación de 1988, aún vigente, se le sacaron 8 puntos a la Provincia de Buenos Aires y se repartieron en el norte. Esta redistribución apuntó a la convergencia social pero sus consecuencias fueron opuestas. Se generaron provincias rentísticas de las transferencias sociales, resilientes a las crisis por sus altas tasas de empleo público y del otro lado una Provincia de Buenos Aires desfinanciada.

La propuesta del Norte Grande apunta a que se reduzca la presión fiscal (principalmente IVA y Ganancias) a las diez provincias con el mismo fin que la reforma del 1988. En esta ocasión, todas las provincias se verían afectadas por una reducción de a masa coparticipable total. El norte representa entre el 12 y el 13% de la producción de valor agregado nacional, por lo que una reducción impositiva impactaría en las arcas del resto de las provincias.

El fenómeno de la alianza Norteña representa un ejemplo en cuanto a unión de voluntades, dejando de lado diferencias, en pos de beneficios mutuos. Esa practica de política de estado provincial se ve eclipsada por la debilidad de las instituciones nacionales. La regionalización se pensó como un mecanismo para eficientizar el gasto, propósito alejado de su utilización actual. 

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