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Diálogo o Parálisis: lo que le espera al Congreso hasta 2023

Los resultados electorales trasladados al Congreso dejan a las dos coaliciones “empatadas”. Qué puede pasar, y porque pasan a ser claves las terceras fuerzas.

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Las elecciones legislativas del domingo 14 tienen y tendrán múltiples análisis dependiendo del corazoncito del analista, pero lo que queda claro como un hecho incontrastable son sus consecuencias: en el Congreso Nacional será dialogo o parálisis. En votos a nivel país, la ganadora es sin duda la coalición opositora “Juntos por el Cambio”: tercera elección general consecutiva superando el 40% de los votos, consolidando un electorado que post 2001 pregonaba huerfanismo y superando el desafío de permanecer en unidad luego de caer al llano. 

Ahora bien, esta lectura debe ser matizada en función de las particularidades de una elección legislativa: no es una elección nacional, sino que son 24 elecciones provinciales con un main event (la provincia de Buenos Aires), y en donde las ganancias y pérdidas son relativas (se comparan con la anterior, y se miden en bancas). Por otro lado, las expectativas coyunturales: el encuadre sobre la elección tiene como componente principal la remontada del Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires cuando todos esperaban (sectores del oficialismo incluido) que se ampliara la diferencia con respecto de las PASO. Con esos condimentos: el oficialismo nacional se va haciendo “puñito”, mientras la oposición queda descolocada porque perdió el encuadre de lo que objetivamente es una victoria pero que las expectativas empequeñecieron. Por impericia o inocencia, Juntos por el Cambio perdió la chance de colgarse la medalla de arrebatarle la mayoría en el Senado al peronismo por primera vez desde 1983.

Todo quedará empardado hasta 2023 en un empate virtual sin mayorías. 117 bancas por lado en Diputados, con 23 bancas de terceras fuerzas a las que ambas coaliciones tendrán que recurrir para predominar. El cambio fundamental se da en la dinámica. El oficialismo necesitará 12 bancas para el quórum, pero de los 23 deberá tachar 8 (4 de la izquierda y 4 de la derecha), los 3 cordobeses (Schiaretti anunció que buscará una alternativa a la grieta en 2023, y sabe que para ganar en la provincia mediterránea en las ejecutivas hay que jugarla de opositor), y habrá que ver que decidirán los misioneros. Le pasó lo mismo a Macri: luego de 2017, y mientras más se acercaban las presidenciales, disminuyen los incentivos de las terceras fuerzas y los partidos provinciales de colaborar con los oficialismos, ya que empiezan a jugar la carrera electoral. Toman relevancia las derrotas en provincias  tradicionalmente peronistas, que hubiesen garantizado un número más alto para el oficialismo. 

En el Senado la historia no es tan diferente, aunque con matices. La perdida de mayoría es más golpe de efecto que dificultad real: solo necesita un senador para que desempate Cristina: descartando a los cordobeses, quedan Weretilneck (de interna casi personal con el ministro de Justicia), Lucila Crexell del MPN y Solari Quintana del Frente Renovador Misionero. Como leía en algún tweet por ahí: serán los senadores más caros del mundo. 

Lo que queda por definir es qué dinámica tendrá el Gobierno a partir de esta configuración. La necesidad de dialogar será fundamental: los desafíos por delante, el acuerdo con el FMI, entre otras cuestiones requieren del compromiso de ambas coaliciones. De no dialogar, quedará la parálisis como consecuencia. A la oposición tampoco le conviene jugar a desentenderse: si bien las bases y los halcones presionan, para no recibir una herencia tan pesada en 2023 se necesitan arreglar algunas cuestiones ahora. Veremos que sucede a partir del 10 de diciembre.

(*) Consultor político