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Otra vez, el infierno tan temido

Las PASO recientes, especialmente las que tuvieron lugar en el territorio del conurbano bonaerense han dejado un resultado inquietante, especialmente para la dirigencia del Frente de Todos.

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Luis Tonelli Luis Tonelli 02-11-2021
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La lealtad del voto quinta esencialmente peronista, o sea, la de los estratos más populares era algo que tanto oficialistas como opositores descontaban. En el estereotipo imperante en Argentina, esos eran los sectores sometidos a prácticas clientelares, al ser fácilmente chantajeables por esa red aceitada de punteros políticos. Red propiedad casi exclusiva, en el conurbano bonaerense, del Frente de Todos.

Pero ese “barro sublevado” esta vez no voto mayoritariamente por los candidatos que se presentaban como los herederos legítimos del General y Evita, en un hecho inédito y quizás, histórico. Tampoco, es cierto, lo hicieron por una oposición hegemonizada por los que tienen un discurso espejo al del kirchnerismo, donde priman las declamaciones ideológicas en cambio de las políticas concretas para superar la espantosa situación social y económica.

Hoy, el núcleo del kirchnerismo se parece al que votaba en su momento al Frepaso, clases medias empobrecidas, alienándose de los estratos más bajos para los que, en términos concretos (o sea, en el disfrute de un cierto bienestar social), pareciera que Perón y Evita no hubieran nunca existido.

El discurso ideológico no le soluciona el hambre a los que la están pasando mal. La hiper emisión de pesos del Gobierno para sostener tanto planes sociales como subsidios a los ricos  se traduce un una inflación galopante. Para los que menos tienen, esa inflación significa lisa y llanamente comer mucho menos. Lo que te da el gobierno, te lo saca el gobierno. Y el malestar y la mufa por la inflación se suma a la acumulada por la “cuarenterna”.

El Gobierno, frente a ella, solo puede responder con más circo que pan.  Un operativo de control de precios que poco y nada puede hacer para detener la avalancha de remarcaciones, con tantos pesos en la calle, y tan pocos dólares en el mercado, lo que dispara al blue para arriba. También hay circo en la política internacional, dirigido a esos votantes ideologizados. Apoyo a Venezuela, a Nicaragua, y a la causa Mapuche. Cosas que le inflan el pecho a algunos, pero que no le llenan el estómago a muchos.

El control de precios no importa en los resultados que el gobierno sabe que no va a lograr. Pero si en la demarcación nítida del “enemigo”, tan necesaria para evitar que los votos propios lo hagan por la oposición en las elecciones que vienen. Ahora son los comerciantes, los supermercados, los que les roban al pueblo. Estrategia electoral absolutamente defensiva: si lo que está en juego es una disputa ideológica, entonces, no hay estrictamente competencia política, sino una confrontación, como la de las luchas religiosas. Nadie se pasa de bando, no hay mercado, sino dos monopolios, el de una coalición y la otra.

Sin embargo, si bien el electorado peronista no traicionó al peronismo en las PASO votando a Juntos, tampoco le fue completamente fiel. Prefirió votar partidos minúsculos. O sea, votos perdidos, antes que votar a los candidatos del Frente de Todos (o a los de Juntos).

En las elecciones anteriores en las que perdió el peronismo, eso sucedió porque sencillamente se presentó una candidatura alternativa que lo partió en dos (primero la de Francisco de Narváez y luego la de Sergio Massa). O sea, una fractura horizontal. Ahora el peronismo fue derrotado por una fractura vertical, entre los dirigentes y la gente.

Muchos ven ahí la mano de los mediadores por excelencia entre lo nacional y el territorio: los intendentes, descontentos porque que sienten amenazados sus feudos por los imberbes de La Cámpora. Algunos barones no pueden aspirar a una nueva reelección por la ley que en su momento sacaron María Eugenia Vidal y Sergio Massa trabajando de consuno, y que los habilita a ser reelegidos una vez, y muchos de ellos llevan unas cuantas encima. 

Es la misión fundamental que le fue encomendada a Aníbal Fernández, en su novena jura en un gabinete nacional (seguramente habrá que cambiar la Biblia esa ya): alinear los patitos políticos en el conurbano y que los intendentes se pongan las pilas en traccionar los votos de los más pobres de nuevo hacia el Frente de Todos. Claro que, en donde el Gobierno ve la conspiración de los intendentes, uno se pregunta si no se da una estrategia de supervivencia de ellos. Quizás no han movilizado más, porque sus votantes no hubieran votado igual al Frente de Todos. Pero claro, esta ese factor extraño de votar pequeños partidos, que en todo caso, están ligados a los intendentes.

Algo que queda claro, sin embargo, es que la mufa del votante del Frente de Todos no la ha podido capitalizar hasta ahora la coalición opositora. La disputa en su interior entre halcones y palomas, que es en realidad una pelea entre las dos terminales en pugna, el team Mauricio vs. el team Horacio, se materializa en dos posturas, una conserva y dura, y otra moderada. Cuando en realidad, se trata de posicionamientos en niveles diferentes, que de alguna manera le hacen ambos el juego al oficialismo del Frente de Todos. Se puede ser duro en la oposición y centrista. Pero aquí la dureza se ha procesado en términos ideológicos, lo que aliena al electorado de centro quien es el que decide las elecciones.  Resultado, la oposición gana gracias a que el oficialismo pierde. 

Mientras tanto, el Gobierno confía en un doble discurso que vuelve explícito ante el FMI diciéndole que tengan paciencia por que todo se trata de jueguito para la tribuna, pero que puede resultar tremendamente riesgosa. Una derrota electoral en noviembre peor que la de las PASO puede picarle el boleto al Gobierno, lo cual significa en la Argentina, dólares yéndose por las nubes, extinción de las reservas, e ingobernabilidad. 

O sea, el infierno tan temido, pero por todos. En los fulgores del estallido, siempre se generó un 10% adicional de pobreza. Lo que en estas circunstancias ya significaría no una Argentina desfigurada, sino otra Argentina. Una en la que nunca imaginábamos que íbamos a vivir.

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