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De la Constitución refundacional a la Carta Magna minimalista (y todo lo que puede suceder)

Paradojas de la democracia: hoy, el partido de Kast festeja los resultados de una elección que nunca quiso hacer

José Antonio Kast, líder del ulta derechista Partido Republicano
José Antonio Kast, líder del ulta derechista Partido Republicano
Clarisa Demattei 09 mayo de 2023

Da la impresión que son dos países diferentes. Parece raro creer que hace menos de 3 años el 80% de los chilenos que acudieron a las urnas, decidieron abrir un proceso constituyente para reemplazar la actual Carta Magna que data de la época de la dictadura de Augusto Pinochet

Pero aún más raro resulta entender que hace tan solo 2 años, cuando esos mismos chilenos que aprobaron cambiar la Constitución tuvieron que votar a los convencionales que iban a redactarla, eligieron mayormente a las fuerzas de izquierda no tradicionales que un tiempo después incluso llevaron a la presidencia a Gabriel Boric, hasta ahora el mandatario más votado en la historia de las elecciones trasandinas. 

Hoy Chile parece navegar por un camino completamente distinto y a veces hasta antagónico a aquel momento, que nos hace pensar que tal vez estos últimos 2 años que estuvieron marcados por el éxito electoral de una nueva izquierda no fueron más que un envión y fervor ciudadano generado por el estallido social de octubre 2019, antecedente histórico que provocó la necesidad de cambiar la Carta Magna. 

Hoy, del éxito rotundo de la izquierda parece quedar poco y nada. Y lo mismo sucede con los partidos tradicionales. 

Las elecciones de este pasado domingo dejaron varias conclusiones. Quizás la más visible de ese Chile pendular, que desde hace 2 años oscila entre la nueva izquierda y la ultraderecha, fue el fracaso de los candidatos a constituyentes que representaban a los partidos tradicionales, tanto de "Chile Seguro", la coalición de centro derecha afín al ex presidente Sebastián Piñera, pero especialmente de "Todo por Chile", la alianza de centro y centroizquierda que gobernó el país durante 20 años consecutivos pero que el domingo, por el contrario, no obtuvo siquiera ningún convencional para redactar la nueva Constitución. 

Si bien estas dos coaliciones ya habían dado muestras de un vaciamiento electoral en las elecciones presidenciales de 2021, estos comicios parecen haber agudizado su crisis, dando cuenta que la distancia ideológica entre los principales partidos trasandinos llegó para quedarse. 

Pero además de esta polarización, las elecciones de este domingo concluyen con un dato tan relevante como preocupante: el 18% de los chilenos que acudió a sufragar anuló su voto, demostrando que casi 1 de cada 5 electores no está de acuerdo con este segundo intento de proceso constitucional o peor ninguna de las 7 listas que aparecían en la papeleta satisfacían sus preferencias. 

Pero sin duda, el dato más elocuente es la clara victoria del Partido Republicano, una fuerza ultra derechista cuyo líder es el ex candidato presidencial José Antonio Kast, quien podría utilizar este resultado para lanzar su campaña hacia el Palacio de la Moneda para 2026. 

De acuerdo con los resultados electorales, esta fuerza política logró 23 de las 51 bancas que tendrá este nuevo Congreso Constituyente, lo que le da un enorme poder para redactar una Carta Magna minimalista y sin grandes modificaciones a la que está en vigencia. 

De hecho, los convencionales que fueron electos por su coalición ya declararon que están de acuerdo con la redacción de la versión actual que data de 1980 y consideran que la normativa elaborada por Pinochet no necesitará demasiadas modificaciones, un mensaje completamente opuesto al que dio inicio a este proceso en octubre de 2019. 

Para ese entonces, la ciudadanía parecía demandar un cambio refundacional del país. Hoy, la mayoría de los ciudadanos eligió una fuerza que, según sus mismas declaraciones, quiere cambiar poco y nada. 

Con este horizonte, la opinión pública chilena se pregunta cuál puede llegar a ser el texto resultante de este nuevo proceso constituyente y para saber esto, primero tenemos que comprender cómo quedó la distribución de escaños. 

Bastante lejos del Partido Republicano, en segundo lugar quedó el oficialista "Unidad por Chile" que logró casi el 29% de los votos y por lo tanto, 16 convencionales. 

En tercer lugar y con un resultado que ya se anticipaba que iba a ser negativo, encontramos a "Chile Seguro", la alianza de la tradicional centroderecha piñerista que logró solamente 11 bancas. El escaño 51 pertenece al espacio reservado para pueblos indígenas, que muy probablemente trabaje codo a codo con el oficialismo. En base a esto, hay varios datos que salen a la luz. 

Si bien ninguna coalición por sí sola logró el quórum de 31 convencionales necesarios para introducir, quitar o modificar normativas, las fuerzas de ultraderecha tienen un margen mucho más amplio para trabajar sin negociar con otros. 

De hecho, los republicanos de Kast son la única coalición con poder de veto, por lo que en caso de que los convencionales de izquierda quieran proponer artículos progresistas, siguiendo con la naturaleza de la primera convención, podrían ser muy fácilmente bloqueados por los constituyentes de derecha. 

Frente a este escenario, cabe preguntarnos, dado que la izquierda tiene solamente 17 escaños y la centroderecha tradicional tiene 11, ¿cómo será la actuación de estos últimos? Ya que su posición podría darle a la extrema derecha el quórum necesario o bien, en caso de lograr conciliar con el oficialismo, podría robustecer una posición más moderada o progresista. Sin embargo, ¿es esto posible? Depende. 

Los últimos meses han demostrado que el Partido Republicano y los representantes de "Chile Seguro" han tenido enormes diferencias en ciertas temáticas y han sido protagonistas de disputas políticas especialmente generadas por un cierto recelo de los allegados de Piñera hacia los de Kast, que todavía tienen dificultad en aceptar que una fuerza política nueva que nació de su propio seno hoy tenga más caudal electoral que ellos. 

Pero además, un trabajo cohesionado de las derechas se podría ver dificultado por el riesgo político que esto supone para el piñerismo: para muchos, aliarse con los convencionales de Kast podría significar mimetizarse con ellos y terminar desapareciendo. 

Pero, por otro lado, también sería difícil creer que Chile Seguro pueda cooperar con el oficialismo de Boric, debido a que tienen serias diferencias en torno al modelo de Estado y a la consecución de derechos sociales y políticos. 

Sin embargo, por más que esta situación se produjera, la suma de escaños entre ambos sumaría 26 lo que les da poder de veto pero no alcanza para introducir normativas sin el aval de los republicanos. 

Las paradojas de la democracia hacen que hoy el partido de Kast festeje los resultados de una elección que nunca quiso hacer ya que siempre llamaron a rechazar cualquier proceso constituyente. Incluso hoy tienen más incentivos para hacer una constitución minimalista muy similar a la actual en lugar de tender puentes dialoguistas con las otras coaliciones. 

Después de todo, si el texto resultante fuera demasiado sesgado hacia la derecha, la única opción que la ciudadanía tiene es volver a rechazarlo, poniendo a la izquierda en una situación doblemente frustrante: aceptar la nueva redacción con muchísimos menos cambios que los imaginados hace unos años o dejar el texto actual redactado por Pinochet y pagar el costo político de no haber cumplido con su promesa de una nueva Carta Magna. Y esto los allegados a Kast lo saben muy bien. 

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