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Elecciones, empate y después

¿Cómo hicieron los demócratas para salir adelante en un contexto tan desfavorable?

Joe y Jill Biden recibieron a Emmanuel Macron y su mujer en Washington
Joe y Jill Biden recibieron a Emmanuel Macron y su mujer en Washington
Santiago Alles Santiago Alles 02-12-2022
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Las elecciones legislativas en Estados Unidos presentaron una notable continuidad con los resultados de hace dos años. Cuando aún quedan algunas carreras por resolver, podemos decir que la elección fue un empate: de las 35 bancas en juego en el Senado, sólo una cambió de manos (pueden ser dos), y en la Cámara de Representantes el cambio neto será de alrededor de 10 escaños.

La sensación de victoria demócrata y derrota republicana es, en buena medida, un artificio de las expectativas previas. 

  1. Primero, la renovación legislativa de medio término es siempre difícil para el presidente. A lo largo de las últimas dos décadas, en promedio, el presidente perdió 28 bancas en la Cámara, y frente a ello, los resultados del Partido Republicano lucen pobres. 
  2. Segundo, altos niveles de inflación, crecientes tasas de interés y creciente preocupación por la situación económica anticipaban un castigo electoral que no ocurrió, en particular cuando las encuestas indican que los votantes mayormente culpan al gobierno por la situación. 
  3. Y tercero, el presidente llegó a la elección con un apoyo débil: la aprobación de Joe Biden era sólo 41,2%, casi sin variación en tres meses. Con niveles de aprobación presidencial similares, los demócratas perdieron 63 bancas en 2010 y los republicanos perdieron 41 bancas en 2018.  Con todo a favor, el Partido Republicano no logró la victoria esperada.

¿Cómo hicieron los demócratas para salir adelante en un contexto tan desfavorable? 

  • Primero, la mayor polarización de la política americana reciente hace que cada vez menos votantes sean realmente independientes, dispuestos a votar diferentes partidos de una elección a otra.  La mayor intensidad de las identidades partidarias deja pocos votantes disponibles, y produce mayor continuidad entre elecciones. 
  • Segundo, la literatura indica que la economía pesa más en elecciones presidenciales que legislativas, por lo cual es posible que se haya exagerado la influencia de la economía. 
  • Y tercero, y posiblemente más importante, otro issue desplazó la atención: la Corte Suprema anuló Roe v. Wade, y puso el derecho al aborto en el centro del debate político. Las encuestas con claridad mostraban un sostenido interés de los votantes Dobbs (acá, acá, acá), lo que generó significativas oportunidades de movilización, en especial de mujeres en áreas suburbanas. 

Gobierno dividido

¿Cómo quedará compuesto el Congreso? El Partido Demócrata conservará el Senado. John Fetterman (D) derrotó a Mehmet Oz (R) en Pennsylvania, y se quedó con una banca republicana. Raphael Warnock (D) finalizó en primer lugar en Georgia, pero para reelegir su banca, deberá imponerse en una segunda vuelta contra Herschel Walker (R). Los restantes 33 asientos se mantuvieron en la misma columna en la que estaban. El Partido Republicano recuperará el control de la Cámara de Representantes por una estrecha mayoría, y Kevin McCarthy (R) será el Speaker, quitándole a Nancy Pelosi (D) el control de la agenda legislativa. 

La Administración Biden enfrentará dos años de gobierno dividido, y el estancamiento legislativo será muy probablemente el signo más característico. A lo largo de este año, el gobierno ha sido capaz de llegar a algunos acuerdos con la oposición, pero es dudoso que esa estrategia funcione sin el control de la Cámara de Representantes. McCarthy deberá conducir un caucus partidario profundamente dividido, y negociar acuerdos lo dejaría expuesto a críticas internas. Por el contrario, McCarthy tendrá incentivos para usar herramientas de control legislativo para investigar al gobierno, lo que además de alinear posiciones en el Partido Republicano, servirá para generar titulares y alimentar la próxima campaña presidencial.

El Partido Demócrata conservará el control sobre el nombramiento de jueces federales, incluidos los miembros de la Corte Suprema. Este ha sido un terreno donde los republicanos han sido muy agresivos—con dos tercios de sus miembros nombrados por presidentes republicanos, las posiciones más conservadoras en por lo menos dos décadas, y la desaprobación de seis de cada diez votantes, la Corte hoy es difícilmente vista como un árbitro imparcial.

La sombra de 2024

Inmediatamente pasada la elección, Donald Trump sacudió el escenario político, y anunció su candidatura presidencial, cerrando todas las especulaciones acerca de cuál sería su rol en el futuro próximo. El tercer episodio de sus intentos presidenciales será, no obstante, muy diferente a los anteriores. Si la primera vez fue el challenger sorprendente, capaz de imponerse al establishment republicano, y cuatro años después fue el presidente buscando la reelección, líder indisputado del partido, hoy se presenta como una figura dominante y desgastada.

Trump ha visto debilitada su potencia electoral. Numerosos candidatos con un activo apoyo suyo perdieron elecciones de alto perfil en estados altamente competitivos, entre ellos Doug Mastriano y Oz en Pennsylvania (candidatos a gobernador y senador, respectivamente); Trudor Dixon en Michigan (para gobernador) y Kari Lake y Blake Masters en Arizona (para gobernadora y senador). No todas fueron derrotas, sin embargo: J.D. Vance fue electo senador en Ohio, y Walker en Georgia aún puede lograr la última banca en el Senado. Las dudas sobre la capacidad de Trump para impulsar victorias electorales han abierto la puerta a críticas internas: se trata de la tercera mala elección consecutiva con Trump al mando.

Sin embargo, esos resultados de ningún modo aseguran que alguien tenga suficiente apoyo para arrebatarle el control del partido. Por un lado, aún cuando sigue siendo una figura con bajos niveles de aprobación entre el electorado general, todavía cuenta con una base de votantes extensa y leal, muy difícil de derrotar en una primaria. A lo largo de los últimos seis años, los votantes republicanos con una opinión favorable de Trump jamás bajaron de 80%—ni por acusaciones de corrupción, ni tras perder una elección presidencial, ni tras el fallido intento de autogolpe. Por otro lado, Trump hoy cuenta con un extenso control del establishment partidario, lo que le garantiza considerable influencia sobre el proceso de nominación. Alguien podría decir: con Trump no alcanza, contra Trump no se puede.

¿Quiénes hoy aparecen como los principales contendientes republicanos? Ron DeSantis fue, entre los republicanos, la gran estrella de la jornada electoral. Ganó su reelección como gobernador por una ventaja aplastante (+19.4), y quedó consolidado como el principal rival interno. Esa lista de posibles contendientes también debería incluir a Nikki Haley, ex gobernadora de South Carolina; al ex vicepresidente Mike Pence; al senador Ted Cruz; a Larry Hogan, gobernador de Maryland; a Mike Pompeo, ex secretario de Estado. Muchos huelen debilidad, y por primera vez en años, se animan a explorar el terreno. No obstante, ninguno ha hecho anuncios concretos, y ninguno lo hará por algún tiempo. Trump parte de una posición favorable, y nada lo favorecería más que una primaria poblada, que exacerbe los problemas de coordinación.

Las definiciones en el Partido Demócrata tomarán más tiempo. Biden, quien cumplirá 82 años en 2024, dilatará la decisión: si corre para no dispersar la gestión, y si no lo hace, para conservar poder. Entre tanto, las principales figuras demócratas discretamente tomarán posiciones para lanzarse si Biden decidiera no buscar la reelección, pero difícilmente alguien desafíe a un presidente que puede competir por su reelección. A medida que nos acerquemos al próximo verano (boreal), la necesidad de definiciones será creciente.

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