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España, entre el bloqueo y la inestabilidad

España solo es gobernable con coaliciones. Sin embargo, ninguna de las grandes tiene los votos necesarios para gobernar.

Pese a ser primera fuerza, es virtualmente imposible para los populares impulsar una coalición de gobierno viable.
Pese a ser primera fuerza, es virtualmente imposible para los populares impulsar una coalición de gobierno viable. Pexels

España volvió a las urnas después de la sonora derrota socialista en las elecciones autonómicas y municipales del 28 de mayo pasado. Los resultados de los mencionados comicios y las encuestas vaticinaban un triunfo rotundo de una coalición entre el conservador Partido Popular y el ultraderechista Vox, pero el electorado español, ayer, dejó al gobierno en el aire. ¿Qué esperar ahora?

El Partido Popular (PP), liderado por el gallego Alberto Núñez Feijóo, efectivamente ganó. Volvió a ser primera fuerza, después de perder esa posición en 2019. Sin embargo, el triunfo dejó un sabor amargo en la sede popular de calle Génova.

El descalabro de Vox, y el éxito relativo de las fuerzas de centro izquierda e izquierda, deja a la sumatoria de una alianza de derechas con un diputado menos que el bloque de izquierdas y nacionalistas que se impuso en el último proceso electoral. Por ello, pese a ser primera fuerza, es virtualmente imposible para los populares impulsar una coalición de gobierno viable.

El oficialista Partido Socialista Obrero Español (PSOE), por su parte, obtuvo un premio a su estrategia. 

Ante la derrota en las elecciones locales de mayo, el Presidente del Gobierno Pedro Sánchez decidió adelantar las elecciones, llevando a su coalición progresista a un test, del que salió exitoso. El PSOE quedó segundo, pero a menos de dos puntos del PP, y también ve su posición fortalecida por la remontada ante la derrota de marzo. 

La izquierda, por su parte, se reinventó en la plataforma "Sumar", liderada por la Vicepresidenta del Gobierno Yolanda Díaz. 

Sumar, si bien obtuvo siete diputados menos de los obtenidos por sus fuerzas integrantes en las elecciones de 2019, mantiene su posición relativa. Podemos, otrora principal partido de la izquierda, ve cómo sus bancas efectivamente disminuyen, y también su peso en esta nueva plataforma de izquierdas. 

Ahora bien, ¿qué explica este resultado electoral? El electorado español tuvo un principal factor a la hora de votar: el miedo a Vox. El adelanto de elecciones se dio en un contexto muy preciso: la integración de pactos de gobierno a nivel subnacional entre el Partido Popular y Vox. La negociación de estos pactos en los últimos meses ha sido espinosa, sobre todo para el PP, quién tuvo que ceder en prácticamente todos, respecto a puntos clave desde lo discursivo para el partido de ultraderecha, como género y educación. ¿Cómo respondió a esto el electorado? Los votantes de derecha, migrando de Vox al PP; y los votantes de izquierda, volviendo a movilizarse. El claro derrotado de las elecciones del 23 de julio, fue Vox.

Dado el resultado electoral, la única opción para formar gobierno en el corto plazo es la reedición de la coalición que sostuvo y encumbró a Pedro Sánchez. Esto implica, aparte del voto de PSOE y Sumar, el apoyo de diversas fuerzas nacionalistas, como el Partido Nacionalista Vasco, la izquierda abertzale vasca de EH Bildu, el Bloque Nacionalista Gallego, y el independentista catalán Esquerra Republicana. 

Este partido sufrió una fuerte derrota en esta elección, posiblemente explicada por el apoyo al gobierno central -lo que resulta contradictorio con sus intereses independentistas-. 

De todos modos, para que esta coalición resulte viable, también es necesario que Junts, el otro importante partido independentista catalán se abstenga en la votación de investidura, contradiciendo su posición previa. 

¿Por qué, entonces, los partidos nacionalistas brindarían su apoyo -explícito o tácito- a la reedición del gobierno de izquierdas? En primer lugar, para evitar la repetición de elecciones. En España, históricamente el partido que fuerza la repetición de elecciones, es castigado por su electorado. Asimismo, una repetición de elecciones podría abrir la puerta a un triunfo de la coalición de derecha, lo que complicaría los objetivos nacionalistas. 

El escenario deja en manos de los nacionalistas (al igual que en 1996, con José María Aznar y el Pacto del Majestic) una decisión: o se apuesta a un bloqueo y repetición de elecciones (con el consiguiente costo), o se apuesta a un gobierno inestable, contrario a los intereses centrales de estas fuerzas.

El electorado español volvió, por primera vez desde las elecciones de 2015, a fortalecer al bipartidismo, pero con nuevas condiciones. 

Hoy, España solo es gobernable con coaliciones. 

A diferencia de lo visto en elecciones anteriores, son los dos partidos tradicionales -PP y PSOE- los que tienen la puerta, y son los partidos menores -Vox y Sumar- los que tendrían la llave de la coalición. Sin embargo, las dos coaliciones centrales no tienen los votos necesarios para gobernar. Es por ello que España está en un escenario delicado: o sigue con un gobierno inestable, o se convocan a nuevas elecciones que no necesariamente evitarían el bloqueo.

 

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