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Anatomía de una caída

El estruendoso fracaso del mega-proyecto de ley enviado por Milei al Congreso expuso a plena luz del día la debilidad del armado político sobre el cual se sustenta el gobierno.

El presidente apuesta su popularidad a ganar la pulseada política.
El presidente apuesta su popularidad a ganar la pulseada política. .
Santiago Alles 15 febrero de 2024

La sucesión de hechos es conocida. Un proyecto omnicomprensivo en sus temas e hiperdelegativo en sus ambiciones dio lugar tanto a una masiva movilización de rechazo en las calles, como a largas negociaciones en el palacio; allí, con el fin de lograr apoyo legislativo, sucesivos brokers del Ejecutivo (todos ellos, en algún punto, desautorizados por el propio gobierno) fueron reescribiendo secciones enteras del proyecto y eliminando otras; finalmente, tras un proceso tan desprolijo y tumultuoso como políticamente desgastante, el gobierno eligió retirar el proyecto.

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¿Qué ocurrió en el recinto? Aún sin un acuerdo formal, las bancadas de La Libertad Avanza (LLA) y Propuesta Republicana (PRO) operaron como una alianza. Ambos bloques defendieron el proyecto sin fisuras, tanto en los discursos durante el debate legislativo, como también en las votaciones en el recinto. Casi todos los legisladores de LLA y PRO apoyaron al gobierno en todas las votaciones. Si durante el año pasado muchos intentaron distinguir entre macristas, larretistas y bullrichistas dentro del PRO, todas estas facciones convergieron en un apoyo monolítico al gobierno.

Asegurada la alianza operativa con el PRO, el gobierno contaba en conjunto con sólo 82 legisladores propios. Más allá del discurso público intransigente, tal como indica Nicolás Massot (HCF), "hubo funcionarios de [Milei] que vivieron en el Congreso las últimas tres semanas negociando artículos." Esas negociaciones estuvieron dirigidas a acercar posiciones con tres actores: con el radicalismo, con el espacio Hacemos Coalición Federal (HCF), y con el bloque Innovación Federal. El apoyo de estos bloques no sólo fue finalmente insuficiente, sino que, además, fue muy poco disciplinado, lo que habla de las fracturas dentro del ahora llamado centrão político argentino.

La figura anterior presenta la frecuencia con que cada legislador votó con el gobierno, según bloque legislativo. Cada barra es un legislador; las barras llegan al máximo cuando ese legislador votó igual que el jefe de bancada de LLA, Oscar Zago, en todas las votaciones para las que hay disponible información individual.

Los legisladores radicales, en promedio, apoyaron al gobierno en el 73.7% de las votaciones. Sin embargo, ese dato esconde que mientras un tercio de ellos lo hicieron en todas o casi todas las votaciones, otro tercio fue sustantivamente más resistente. El radicalismo aparece tensionado entre las necesidades fiscales de sus gobernadores, los insultos que regularmente les dedica Milei, las posiciones state-friendly de muchos de sus legisladores y una base electoral cosida por el antiperonismo, que en noviembre pasado eligió a la extrema derecha. Rodrigo de Loredo (UCR), quien apoyó al gobierno en todas las votaciones, a las puertas del Congreso, no pudo ocultar su frustración ante el fracaso de las negociaciones.

Hacemos Coalición Federal, que en los papeles era la llave de las votaciones, fue aún más dispar en su apoyo. Dentro de ese bloque se reúnen legisladores como Miguel Pichetto y Ricardo López Murphy, que apoyaron al gobierno en todas las votaciones, junto con otros que no lo hicieron casi nunca, como los socialistas santafecinos Mónica Fein y Esteban Paulón. 

Experimentadísimo negociador legislativo, Pichetto lidera un bloque que por su posición central en la Cámara es casi imprescindible para aprobar legislación, pero que por su heterogeneidad ideológica será difícil mantenerlo unido. 

En cambio, Innovación Federal es un espacio referenciado en los gobernadores de Salta y Misiones, con una clara conexión territorial. Sólo apoyó al gobierno en algo más de la mitad de las votaciones, pero a diferencia de HCF, cuando lo hizo, se comportó de forma mucho más disciplinada.

La derrota legislativa cerró la primera etapa del gobierno, y deja algunas ideas sobre la forma que puede adoptar su inevitable reorganización. Todo parece conducir a la formalización de la alianza LLA-PRO, una relación estable a la que sólo le falta un título.

Desde su doble pertenencia como presidente del PRO y ministra del gobierno de LLA, Patricia Bullrich abiertamente impulsa la alianza: "La idea es muy similar y estamos caminando juntos, [por lo cual] el rediseño político se viene." La literatura indica que la conformación de coaliciones legislativas se corresponde con la distribución de carteras ministeriales, y durante las semanas que duró el proceso, las crónicas repetidas veces indicaron que el PRO no se siente adecuadamente recompensado por su apoyo. Recompensarlo implica necesariamente liberar algunos casilleros del organigrama, lo que implica desplazar a figuras importantes del gobierno. Al mismo tiempo, Milei puede pensar que no hay motivos para ofrecer demasiado, a fin de cuentas ¿a dónde más va a ir el PRO en este escenario? En última instancia, el dilema que enfrenta Milei es cómo alcanzar la incorporación del PRO, sin que eso conduzca a una colonización del gobierno que lo convierta en un mero adorni.

De todos modos, tal como demostró la caída del mega-proyecto, esta alianza no es suficiente: LLA-PRO reúnen un tercio de la Cámara y aún menos en el Senado. El gobierno necesita tender puentes con otras fuerzas, con el fin de establecer una coalición estable y operativa, de modo que cada proyecto legislativo no derive en negociaciones con altos costos políticos y resultados imprevisibles. Antes que desbarrancara la sesión legislativa, Pichetto abrió la puerta a un acuerdo político amplio: "Si el Gobierno en el corto plazo no va hacia un camino de coalición, tiene dificultades. Así no se puede funcionar los cuatro años."

El radicalismo y HCF deberían ser socios naturales en esa coalición, los que permitirían al gobierno contar con mayoría en Diputadxs y aproximarse a ella en el Senado. De lograrlo, volverían a reunirse las piezas de JxC ahora bajo el liderazgo de LLA. Sin embargo, las votaciones en el recinto mostraron que ambos espacios presentan importantes divisiones internas frente al programa del gobierno. Un camino alternativo es intentar una coalición con el peronismo disidente. 

Desde un punto de vista electoral, esta opción representa una expansión si, como algunos sugieren, los votantes duros de JxC ya están incorporados a la base electoral del gobierno. Desde un punto de vista institucional, en cambio, tiene menos para ofrecer—suma pocos legisladores y pocos gobernadores, y a la vez tensionaría la relación con el PRO. Cualquiera sea el camino, este proceso de construcción no es gratuito; esos apoyos deberán pagarse dando lugares en el gobierno, distribuyendo recursos y negociando la agenda.

No obstante, este parece ser un gobierno minoritario que elige seguirlo siendo. Milei parece haber elegido al radicalismo y a los gobernadores como enemigos, y no como posibles aliados. No sólo los insultos públicos, sino también medidas fiscales concretas continuaron elevando la tensión en los días posteriores al fracaso legislativo, lo que en ultima instancia lleva a preguntarse cuáles son las motivaciones de Milei. Marcelo Leiras argumenta que, antes que impulsar una serie de políticas, Milei está intentando construir una reputación. No se trata de partir diferencias en negociaciones programáticas, sino de disciplinar a los demás actores.

En ese caso, el proceso para conseguirlo puede ser muy costoso políticamente. Esa estrategia parte del diagnóstico que las provincias tienen mayores urgencias fiscales que el gobierno nacional, y que, de prolongarse la tensión, los gobernadores serán quienes deban capitular ante las demandas de Milei. El juego es decididamente peligroso. 

Mientras Milei ve en sí mismo un presidente con un mandato refundacional, los demás ven un presidente tan ambicioso como inexperto, apoyado por pequeñas bancadas en el Congreso, insuficientes para brindarle un escudo legislativo. 

En la práctica, Milei cuenta con su popularidad como único escudo, y su popularidad dependerá de obtener resultados materiales concretos, en un contexto de ajuste fiscal, contracción de la actividad y caída del ingreso real. Sin resultados concretos, la confrontación será una estrategia crecientemente riesgosa.

Al final del día, el Congreso siempre ofrecerá el lugar donde conformar una coalición política operativa, sea a unos o a otros.

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