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Conjeturas 2024

En materia política nacional, Milei ha generado conflictos con todas las provincias, sus gobernadores e intendentes. Está poniendo a "la Nación" como una entidad distante de las provincias que la componen. Es que ha puesto a la "política" en suspenso.

Conjeturas 2024
Carlos Leyba 09 febrero de 2024

¿Cómo podemos siquiera conjeturar sobre el futuro de nuestra vida política cuando el Presidente, que habló de espaldas al Congreso, acusó a los legisladores de coimeros, publicó sus caras acusándolos de traidores; dijo que la ley ómnibus era el eje del cambio, bajó caprichosamente el capítulo fiscal y finalmente retiró las supuestas "bases alberdianas"? 

¿Quiere que legislen o quiere legislar él? 

Su plato fuerte eran las delegaciones legislativas y no era muy probable que se las otorgaran con liberalidad. Para una República era poco razonable pretenderlo. Los opositores amigables estaban a punto de otorgárselas. ¿Qué hubiera ocurrido o si se las dieran más adelante? Alta probabilidad de enfrentarnos a una crisis gravísima. Milei ha demostrado que sus impulsos carecen de control. Se desencadenan. 

¿Cómo conjeturar sobre el futuro de la vida económica cuando el ministro retiró el capítulo fiscal de la ley señalando que era redundante y que lo básico era el resto de la ley y que "en ese resto" estaba "el cambio"? El Presidente retiró la ley del Congreso y el ministro dijo que "la ley era irrelevante" porque "el cambio" era su política económica que estaba dando señales de éxito. "El color del cristal..."

¿Cómo conjeturar acerca de la vida social, en el marco de una pobreza descomunal, cuando el Presidente sostiene que la "justicia social" es un delito y cuando la ministro a cargo dice "que los que tengan hambre me vengan a ver de a uno, con el DNI, y les voy a dar una respuesta personalizada"? Pone una mesa en la entrada de su oficina y se sienta junto a un ayudante para anotarlos. Al otro día una cola de 20 cuadras y dice "yo no los convoqué". Corta la intermediación. Pero después le manda millones a los evangelistas (hay una diputada de LLA ahí) y a Cáritas que, más allá de la nobleza de sus actos, son intermediarios. ¿Qué conjeturar?

Conjeturar es formar juicio por indicios u observaciones. La percepción del presente es contradictoria y no es fácil rumiar que puede pasar de aquí en más.

El triunfo de Milei fue en segunda vuelta y ha provocado una situación inesperada. Este Parlamento no es oficialista. Una gran parte de ambas cámaras originalmente estaba en las antípodas del liberalismo paleo libertario, que es la fuente en la que Milei se alimenta. No todos los que lo siguen abrevaron en esas fuentes. Difícilmente lo sea el ministro del Interior que fue parte del gobierno kirchnerista hasta hace 4 meses.

El aquelarre del Ejecutivo tiene una escalera por donde suben sus principales miembros: la Corporación América. Han dormido al amparo del gran concesionario que ha hecho fortuna apalancado por el Estado y ha parido ésta pléyade de militantes "anti Estado". Pero la misma corporación une a la brigada Fernández, hoy en el exilio, Vilma Ibarra, Rafael Bielsa, Eduardo Valdés, flor y nata del albertismo, militantes estatistas, germinaron -al igual que Milei y sus muchachos- en la casa entregada por el Estado a Eurnekian. Origen común. 

Pero lo es también la enorme presencia de funcionarios de Cristina, Massa y La Cámpora que son hoy baluartes de la revolución del cambio liberal. Sorprende. Pero es lo que hay. ¿Cómo conjeturar? ¿Hay una Pacto Cristina- Milei para que "el Estado no persiga causas"? ¿El Ministro de Justicia? La cebolla, como la política, tiene muchas capas. Vamos a la prédica: a la cuestión de las ideas. ¿Será relevante?

Milei es libertario, aperturista y pro mercado, en lo económico; "resultadista" en lo social, es decir, "el mercado lo resolverá" y podemos decir, conservador en lo cultural (aborto, ideología de género, lenguaje inclusivo). 

El Frente de Todos con el kirchnerismo abandonó el conservadorismo cultural histórico del peronismo que rechazaría las consignas culturales de Cristina: celebraría el Día de la Raza, rechazaría el aborto, el lenguaje inclusivo y pondría fuego a la ideología de género. El PRO y los radicales, en su mayoría, estarían a favor de las consignas culturales K. El PRO es verde que te quiero verde. Ahí LLA se las verá en figurillas en encontrar aliados. De acuerdo a la encuesta de PulsAR.UBA de mayo de 2023 todas las consignas culturales K (aborto, género, lenguaje inclusivo) son estadísticamente muy minoritarias. 

En lo económico el PRO y la mayor parte de los radicales, no los alfonsinistas, abrazan el ideario liberal, aunque con cuidado. Temen exagerar. Y los menemistas, donde quiera que moren -su ubicuidad es colosal- están con el entusiasmo privatizador y la desaparición del Estado en la gestión de objetivos económicos. Menen impuso el espíritu privatizador y logró privatizar la ayuda social, lo que habilitó a cosas monstruosas como la operación Milagro Sala y las viviendas Schoklender-Madres de Plaza de Mayo.

Fuera de la cámara, la Ley Ómnibus y los muchos intereses económicos en juego desplegados en ella, el "proyecto" privatizador, desregulador y aperturista quedó empantanado. "Ese proyecto" no fue argumentado y no se conoce el "para qué concreto" del Gobierno. Nada que señale "objetivos" para esas "herramientas". Tiene el sesgo de intereses sectoriales que no sugieren cuál es el impacto sobre el "bien común". 

Mientras tanto los días pasan y esta gestión no puede exhibir realizaciones más allá de las decisiones del ministro Caputo, cuyas consecuencias a la fecha no auguran nada bueno, salvo que la recesión sea un objetivo. No hay señales como para conjeturar lo por venir. 

Probablemente, el DNU irá desvaneciéndose y la Ley Ómnibus volvió a fojas cero. Milei -respecto de las facultades delegadas- felizmente está hoy en el mismo punto que el día que asumió. 

Lo que ha cambiado es nuestra política internacional, que está lejos de ayudar a la estrategia de Occidente en el conflicto Israel - Palestina.

En materia política nacional, Milei ha generado conflictos con todas las provincias, sus gobernadores e intendentes. Está poniendo a "la Nación" como una entidad distante de las provincias que la componen. Es que ha puesto a la "política" en suspenso. 

Hacer política es conversar acerca de ideas para, desde el Estado, construir la Nación Hogar de todos los argentinos. La iniciativa de la conversación es siempre del Poder Ejecutivo Nacional. 

Si esa iniciativa no existe se genera un conflicto por vacío y las experiencias recientes nos enseñan que esa situación preludia un mal final. 

La iniciativa es tener una "idea de la Nación" y proponerse conversar acerca de ella con actores a los que se les reconoce el peso y el valor que tienen. Quien conversa puede persuadir. Pero no puede imponer. ¿Se puede persuadir sin conversar?

Una conjetura, basada en los datos cotidianos, es que Milei decida persuadir basado en instalar que, su triunfo en el balotaje, es un plebiscito respecto de todo aquello que se le ocurra. Por ejemplo lo que se le ocurrió fue el DNU y las Bases que preparó, para otro gobierno, F. Sturzenegger. Es lo único que había impreso 

Patricia coquetea con la estrategia Bukele. Pero Bukele, más allá de la violación a los derechos humanos y de las normas constitucionales y del pacto democrático implícito de Occidente, se auto habilitó con el triunfo de shock -más allá de su costo- contra las Maras. 

Para que Milei pueda "persuadir desde el éxito" tendría que tenerlo. Milei no sólo debería contabilizar haber terminado con la inflación, recuperar el nivel de ingresos, que la memoria de la clase media sostiene y además liquidar la indigencia y reducir drásticamente la pobreza y superar la restricción externa que impide crecer de manera sostenida a tasas razonables. 

Nada de eso es conjeturable que ocurra en un tiempo tan breve como para poder prescindir de conversar para persuadir.

Milei está prisionero de la contradicción de su propio triunfo. Habiendo perdido en primera vuelta, perdiendo el Parlamento, su triunfo es sólo una habilitación para conversar con una oposición capaz de escuchar. 

Su triunfo, es cierto, refleja la exigencia de cambio que exige la mayor parte de la sociedad. El vigor y profundo sentimiento antikirchnerista, que el triunfo de Milei revela, es un voto "contra el abuso del uso del Estado". No va más. La idea es terminar con el ejército de quienes no sólo viven del Estado sin agregar valor, sino que, además, impiden que el Estado agregue valor. Es reducir la cadena de gastos e ineficiencias ocultas que esos gastos generan.

Si empezamos a mirar ahí, tenemos cosas para conversar. Sin ideologías. Por ejemplo el mayor rubro de gastos del Gobierno es jubilaciones y pensiones. De los 5, 3 millones de jubilados, el 66% lo son por moratorias previsionales de personas que no aportaron íntegramente durante 30 años. 

En 2010 más del 70% de las jubilaciones otorgadas lo fueron por moratorias. Más allá de la falla estructural por el bajo nivel de empleo formal y alto nivel de empleo en negro, lo trágico es que el sistema, por moratorias y por la liberalidad en el otorgamiento de las mismas, hay tal vez dos millones de personas que cobran jubilaciones y nunca trabajaron porque no tenían necesidad de trabajar y hoy disponen de bienes e ingresos que hacen escandaloso que reciban una ayuda inmerecida del Estado. Y también hay cientos de miles de jubilados por discapacidad que no sabemos si alguna vez estuvieron discapacitados. 

Resolver ese galimatías, hay maneras de hacerlo, es seguramente resolver gran parte del déficit fiscal, pero haciendo justicia. Como lo es también combatir la evasión fiscal y abandonar la práctica inmoral del blanqueo permanente. 

Un breve análisis (todas las cifras están) hacer las auditorias, una campaña moralizante y lograr que los que aprovecharon una ley laxa, para obtener mensualmente una cifra inmerecida y tal vez para pagar expensas o que gozan de salud, dejen de ser una carga para el Estado. No es un programa de país. Pero es un tema para la conversación, sin ideología, acerca de la moralidad pública. 

Un objetivo, no una conjetura, para 2024 es levantar la moral colectiva haciendo justicia y a la vez un ajuste fiscal indoloro.

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