Escenario

De contramano por Libertador

Se confirma que somos un país de "traductores": leemos lo que pasa en el  mundo con un atraso de diez años, por eso siempre marchamos en dirección contraria.

La apertura económica propiciada por el gobierno está a contramano de la política económica que lleva adelante Trump
La apertura económica propiciada por el gobierno está a contramano de la política económica que lleva adelante Trump
Carlos Leyba 29 agosto de 2025

Cuesta creerlo. El gobierno de EEUU ha impuesto arancel de 50% a las importaciones de "Aluminio y sus manufacturas" de la Argentina...país amigo al que quieren ayudar. Aclaremos el secretario del Tesoro garantiza, vía JC Daza - el interventor chileno -dólares financieros necesarios para que una eventual estampida no haga volar todo por el aire. Hay que tenerlo en cuenta: R. Arriazu dijo sigan con el "carry trade". Las utilidades financieras no se arancelan. Volvamos.

A la producción barreras. La del aluminio no es única. Pero toca a un volumen importante de exportaciones con valor agregado. Sus exportaciones a ese destino sumaron 532 MM U$S en 2024. Silencio oficial. 

Para dimensionar el impacto basta señalar que 500MMU$S es lo que espera obtener, el gobierno, de la privatización de las represas del Comahue (Alicurá, El Chocón y Arroyito, Cerros Colorados y Planicie Banderita y Piedra del Agua) (LN 26/8).  Varias represas, 500 millones de dólares, pero de una sola vez. Pero la barrera exportadora como se trata de producción nacional, empleo, salarios, no amerita el interés oficial. 



Las exportaciones de aluminio a EEUU con la estrategia de Trump están destinadas a ser inviables. ¿Cuál ha sido nuestra reacción como país socio, alineado, amigo, ante este destrato colosal? Por ahora nada relevante.

Por cierto no es el único producto de la Argentina castigado por la estrategia comercial e industrial de Donald Trump. También lo son productos tan diversos como Maderas perfiladas, Turbinas de gas, Grupos electrógenos, Partes de Bombas p/liquidos, todos ellos con aranceles de 45%; Aviones con 40%, Medicamentos 35%. La lista es enorme. 

Pero, más insólito aún,  al "castigo" de los Estados Unidos, hay que sumarle el castigo nacional. Primero el del silencio y la no reacción y después el de "las obras". Por ejemplo, la Argentina, a sus exportaciones de aluminio, les impone un derecho de 5,4% para poder exportar. No sólo hay que "saltar" la barrera olímpica de EEUU, sino que hay que hacerlo con una bolsa de arena en cada pierna puesta por nuestras propias autoridades. ¿Cuál es la estrategia de gobierno además de refinanciar las deudas públicas?



La Argentina que es calificada como país proteccionista y cerrado, ni remotamente llega a imponer barreras de esa dimensión a las importaciones procedentes de EEUU ni de ningún otro país ni para ningún producto. Un trato desigual se ha hecho normal. Consagración del ejercicio del poder y de la ausencia de reacción de los responsables de la política nacional. Estamos ante la aceptación silenciosa de las asimetrías impuestas, fiscales, ajenas a cualquier razón de competencia, productividad o mercado.

Esa política arancelaria de los EEUU- como surge de las expresiones del diputado MA Pichetto en el debate sobre el Informe del Jefe de Gabinete G. Francos - no está circunscripta, limitada, a la cuestión geopolítica vis a vis China, en tanto superpotencia en tensión. Por el contrario: esa política arancelaria afecta el presente y el futuro de las decisiones de inversión en nuestro país. Si un mercado se "cierra" - un arancel de 50% o parecido es un cierre - hay inversiones que desaparecen. No es el sólo presente lo que está en juego. La trama de comercio determina el futuro.   

Pichetto le preguntó al ministro Francos, responsable máximo del Gobierno, "qué estaban haciendo (nuestros responsables de política comercial), en el marco de la decisión del gobierno americano de fijar aranceles para el acero y el aluminio, dos núcleos vitales de la economía argentina y de multinacionales argentinas": concretamente le preguntó qué "gestiones de este canciller", Gerardo Werthein, puede señalar ya que, dijo, "este arancel (el que fijo USA para esos productos), ... es letal para estas empresas argentinas porque ya están suspendiendo personal y van despedir gente". Un efecto tijera: por un lado la decisión de los EEUU y por el otro la inacción del gobierno nacional. Silencio. De cuestiones importantes no se habla. 



Dos estrategias. EEUU, de la mano de Trump, está lanzado, por un lado, a la reconstrucción de su tejido industrial y por el otro, anuncia una reformulación de la globalización o del comercio internacional, basada en tener en cuenta las políticas de empleo al interior de cada país. Y a su vez a la búsqueda de una reconfiguración de las relaciones con la super potencia emergente China. El SXXI - a consecuencia de una estrategia globalizante de los EEUU de los primeros años - impulsó el vertiginoso desarrollo de la China como potencia industrial, de tecnología y de innovación. 

Como predicador de ese nueva visión estratégica de Trump, pero que también comprometió a J. Biden, vino al país Robert Lighthizer. En el reportaje que le brindó a Jorge Liotti (LN 24/8)concluyó: "Si pierdes tu industria manufacturera, probablemente pierdas también innovación y desarrollo tecnológico. No todo, pero sí mucho. El desarrollo tecnológico suele darse donde está la producción. Así ha sido y así será. Y ese es uno de los principios en los que creo". 

Esta afirmación es una de profundo contenido de "política económica" y de enorme pertinencia respecto de la política económica que está en marcha en nuestro país. Esa afirmación es impensable que la pueda asimilar el actual equipo económico o el mismísimo Milei. 



La actual gestión económica y en general una gran parte de la corriente dominante de los economistas que modulan el pensamiento, sobre objetivos económicos. que promueve la dirigencia política, entienden que "la industria" es una cuestión del siglo pasado y que no debe haber - de parte de los gobiernos - política industrial porque se trata de un "objetivo inútil" que no lleva al futuro, sino que "atrasa". 

Lighthizer con la afirmación "el desarrollo tecnológico suele darse donde está la producción" o, "probablemente (si pierdes industria) pierdas también innovación y desarrollo tecnológico", está afirmando que en la fabricación (son sus palabras) está la materialización de esos procesos. Nos está advirtiendo lo mucho que ponemos en riesgo al desertar de tener una "política industrial". 

Una manera de poner en riesgo a la industria es justamente desentenderse de la defensa de los intereses que se juegan en el comercio internacional. Los miles de millones de dólares, las horas de trabajo, el capital que se pierde con cada hora de ausencia de una política de defensa de los intereses de la producción nacional, son incalculables y tienen responsables. No ponen la cara.



La macro (es increíble la tozudez de algunos) no se limita a la tasa de inflación o al equilibrio fiscal, sino al equilibrio de todos los agregados económicos. Y,  atendiendo a nuestros flancos más comprometidos, a las actividades que nos proveen dólares y empleo y que contribuyen a la estabilidad social.  

Los aranceles del 50, 45, 40% son una muestra clara de cómo, la ausencia de una estrategia integral de desarrollo, que incluye las negociaciones internacionales, derrumba la materialidad del progreso. 

Gobernar no es solamente refinanciar las  deudas públicas. Sabemos que al respecto, Daza y el secretario del Tesoro de EEUU, proveerán. Pero la deuda de desarrollo es la ausencia de políticas que lo promuevan 



A raíz del "descubrimiento político" de la abundancia de recursos naturales energéticos y minerales, y además del enorme potencial de la energía eólica y solar y su derivación en todos los planteos de energía verde, el discurso sobre el futuro ha virado, de manera optimista, hacia la explotación de esos recursos. Y más allá de las críticas que se puedan realizar sobre el sistema de promoción RIGI, lanzado por la administración Milei, en franca contradicción con su filosofía libertaria, no cabe duda de la necesidad y conveniencia de apuntalar las inversiones en esos sectores, demandante de altos volúmenes de capital y a la vez proveedores de futuros y muy relevantes recursos para equilibrar nuestras cuentas externas. Pero justamente, en el mismo Seminario Techint en el que disertó Lightheizer, el economista argentino JC Hallak, realizó una presentación en la que, a la vez que dimensionó con menos entusiasmo que el habitual "el futuro basado en las exportaciones primarias", coincidió con Lightheizer en la necesidad de una "política industrial" y una nueva definición de esa estrategia destinada a satisfacer lo que el asesor de Trump había manifestado respecto del efecto empleos de calidad y desarrollo de las clases medias, como factores disparadores del crecimiento y la estabilidad social.   

Es una afirmación que, como todos sabemos, está inspirando la política económica de los Estados Unidos y ahora también la de muchos países de Europa Occidental que - si bien nunca la habían abandonado - ante el nuevo discurso frente a la globalización, genera una redefinición transformadora. 

Ante el elocuente silencio de Francos y de la ausencia de acciones del gobierno, Pichetto señaló que lo que ha practicado la administración Milei es "adherir sin ningún límite a las políticas de Estados Unidos". Pero - y esta es la gran paradoja o si se quiere la gran irresponsabilidad - la "apertura económica propiciada por el gobierno, (está) a contramano de la política económica que lleva adelante Trump, que defiende el interés de las empresas de Estados Unidos". "Acá no defendemos nada" "la caída de la actividad laboral, el cierre de pymes, todo lo que es la actividad económica se está cayendo a pedazos con el ingreso de productos chinos". "El 70 por ciento de la actividad comercial está, precisamente, en el ingreso irrestricto de productos que vienen de China". Y justamente la "cuestión de la invasión de productos chinos" en Occidente es el fundamento del discurso de Lighthizer en todas sus presentaciones. 



Se confirma que somos un país de "traductores": leemos lo que pasa en el  mundo con un atraso de diez años, por eso siempre marchamos en dirección contraria. Milei por el libre comercio y Trump 50% de aranceles. De contramano por Libertador.

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