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Días de furia

Vamos a una etapa de mayor incertidumbre y lo único seguro es la demanda de cambio.

El bicoalicionismo de 2019 fue solo una ilusion.
El bicoalicionismo de 2019 fue solo una ilusion.
Carlos Fara 27 abril de 2023

Estamos en sala de terapia intensiva. El paciente no reacciona a las medidas que toman los médicos. Estos, más nerviosos que nunca, hacen aflorar sus profundas diferencias originales. Se arma un círculo vicioso: más desencuentro sobre qué hacer, peor se pone el paciente por la falta de reacción a tiempo. Los parientes del paciente se inquietan cada vez más, se angustian, y empiezan a pensar si no deben cambiar de sanatorio para probar con un equipo más competente. Pero tampoco les queda claro cuál es el mejor. También aparecen viejas rencillas entre ellos.

Surgen todo tipo de rumores. ¿Es verdad que Milei puede desplazar al Frente de Todos e ir al balotaje con Juntos por el Cambio? ¿El votante peronista, en la desesperación, preferirá al libertario frente a los cambiemitas? ¿Qué le conviene más a Juntos en la segunda vuelta? ¿El kirchnerismo para polarizar el debate clásico, o dar una gran discusión sobre cuál es el mejor cambio? ¿Todos en Juntos quieren lo mismo, o hay algún dirigente muy relevante que ya está apostando a que sea Milei el gran cirujano que opere a la Argentina?

Si este nivel de incertidumbre reina en las cúpulas, eso se traduce en profunda angustia en la calle. Cuánta más desesperanza, se achican los espacios del statu quo y la moderación. El escenario se está equilibrando más que nunca entre las tres principales fuerzas. Tal como está la foto hoy, los corrimientos de los votantes de las dos grandes coaliciones hacia Milei es muy significativo. A tal punto, que ya existe una situación bastante balanceada entre cuánto obtiene el libertario de cada uno de sus dos espacios adversarios.

Curiosamente, hay muy poco voto a Alberto o Macri de 2019 que no tenga ya una definición, es decir, no son indecisos a la espera de definiciones de candidaturas. El Frente está reteniendo con mucho esfuerzo el 60 % de su caudal de hace cuatro años atrás. A Juntos le va mejor, pero de todos modos relega cerca de 15 % de lo que juntó el líder del PRO en la última elección presidencial. 

Con estos días de furia que se están viviendo en la Argentina, cada vez le va a costar más a los referentes de las dos coaliciones despertar alguna expectativa interesante respecto al futuro, con lo cual vamos camino hacia la fase de mayor incertidumbre. Lo único claro es la fuerte demanda de cambio. Pero qué cambio, cuánto cambio y quién es el cirujano indicado para tratar al paciente, está en veremos.

Cuánta más crisis, más riesgo corren de alterarse los encolumnamientos políticos establecidos hasta aquí. Similar a lo que ocurre con los movimientos sísmicos, las construcciones resisten cierto grado de movimiento telúrico, pero llega un momento que hasta las mejores edificaciones se quiebran. 

¿Está Argentina cada vez más cercana a eso? Porque una cosa será enfrentar una mega crisis mediante acuerdos de coyuntura entre lo establecido -como en 1989 y 2002- y otra cosa muy distinta es tratando de procesar al mismo tiempo cuerpos extraños al sistema político.

Por consiguiente, no solo vamos a atravesar una super tormenta económica, con las dificultades políticas naturales a esa situación, sino que además todo podría verse agravado por una crisis en el sistema de partidos que, mal o bien, fueron la columna vertebral del país durante los últimos ochenta años. Atravesar un pandemónium con actores desconocidos y preferencias ciudadanas desorientadas abre la puerta a cualquier escenario imaginable.  

La gran pregunta que nos va a azorar durante los próximos siete meses -si efectivamente se produce el balotaje- es cuán disruptivo o cuán sistémico decidirá ser el electorado. Si va a dar por cerrada una etapa post 1983 con peronismo y radicalismo como ejes de coaliciones diversas, o si instalará estructuralmente una tercera opción de fastidio con el statu quo, sea quien sea en cada coyuntura electoral. Ahora sabemos que el bicoalicionismo de 2019 fue solo una ilusión, y que una fuerza alternativa con una base de 20 puntos como en 2015, era algo que vino para quedarse.

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