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2023

El ajedrez político de Macri

El expresidente ya está jugando para las elecciones presidenciales, pero es incierto desde que lugar querrá participar.

Macri no definió aún cuándo comunicará si será candidato.
Macri no definió aún cuándo comunicará si será candidato.
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La campaña electoral empezó hace rato en Argentina. De cara a 2023, la danza de nombres abarca todo el espacio político. Especialmente en la oposición. En los oficialismos se dice que la cancha tiende a estar inclinada por el hecho de ser tales. La posibilidad de contar con recursos y estructura en todo el país es un facilitador que acomoda lo electoral. 

Es cierto, el Frente de Todos nació con enormes matices, que el tiempo exteriorizó y profundizó. No obstante, los gobiernos tienen las cajas y las lapiceras cargadas que, al momento de los cierres de lista, simplifican el ordenamiento electoral.

En la oposición, la dinámica es bien distinta. La pelea por futuros cargos y bancas genera internas constantes que sacude a los partidos y las coaliciones opositoras. A eso se suma que en los sistemas presidenciales -especialmente los de América Latina-, la disciplina partidaria es prácticamente inexistente. Los dirigentes saltan de un partido al otro y las amenazas de ruptura son siempre inminentes. 

Justamente, en la oposición esa lógica es más factible, ya que al no haber recursos estatales que operen como disciplinadores, la posibilidad de contener a díscolos es menor. Esa dinámica de funcionamiento en los partidos opositores genera escenarios propicios para disputas por el liderazgo. El presente de Juntos por el Cambio es una muestra de ello. 

 

La disputa abierta por el liderazgo del PRO

Mauricio Macri ya definió que va a jugar. Y hace meses que lo está haciendo. Sus apariciones públicas y recorridas se intensifican semana a semana. La presentación de su libro "Para qué" fue otra muestra de esas intenciones. Fue un escenario de lanzamiento cuasi electoral, con 1.500 invitados, en el predio de La Rural. 

La incógnita que aún persiste es cómo jugará Macri, si como candidato o como el gran elector de JxC. En ambos escenarios, su decisión será preeminente. Ese coqueteo, con amagues imprecisos, sin definiciones concretas sobre su posicionamiento, abre un dilema por el liderazgo del PRO. 

"El año que viene se discutirá el tipo de liderazgo", auguran en la mesa política de Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno porteño. Algo en lo que hay consenso dentro del partido amarillo es que el líder es Macri. Es algo que se refleja en la centralidad que suele tener el ex Presidente en las reuniones de la mesa chica del espacio y en el rol vinculante que tiene para mediar las tensiones entre los presidenciables.

Macri es líder del PRO porque cuenta con el reconocimiento interno para serlo. La fuente de ese liderazgo no está dada por un estatuto o por tradición, sino por lo que en la sociología weberiana se llama carisma. Y en eso reside el dilema que enfrenta el PRO de cara a las próximas elecciones.

Eso no implica que Larreta, Bullrich o Vidal no tengan ciertos dotes carismáticos, sino que la centralidad política actual de Macri mantiene su liderazgo en el partido que fundó. Incluso, actúa en consecuencia y no da muestras de querer ceder ese rol. 
 

La rutinización del carisma

Por las características del sistema de gobierno argentino, de tipo presidencialista, siempre implica un problema que el líder de un partido no sea el candidato o, eventualmente, el presidente del país. De esa idea surge la famosa frase de la historia política de Argentina, popularizada en los '70: "Cámpora al gobierno, Perón al poder".

Max Weber, cientista social alemán, hizo un exhaustivo análisis sobre los dotes que tiene un líder carismático. De ahí se desprende una teoría weberiana muy difundida: la de la "rutinización del carisma". Una idea que ayuda a comprender el desafío que tensiona la convivencia en el PRO.

Como el carisma -explica Weber- es un don extracotidiano, personal e innato, lo difícil para alguien con esos atributos es transferir ese carisma a otra persona. Centralmente porque se trata de cualidades muy personales. Una forma de transferencia es que el propio líder decida dar un paso al costado y designe al sucesor.

En este caso, algo así ocurriría si Macri se inclina públicamente por uno de los presidenciables en el PRO. En tal circunstancias ejerce el rol de gran elector. Ya lo hizo con el propio Larreta cuando en 2015 disputó la jefatura de Gobierno contra Gabriela Michetti. El segundo escenario es que el ex Presidente se defina a ser candidato él mismo y, en caso de no bajarse el resto, disputar una PASO con quienes decidan enfrentarlo -incluso dentro del PRO-. Larreta ya se anotó a esa carrera.

 

La apuesta de Larreta, Bullrich y Vidal

Por su parte, la ex ministra de Seguridad se mantiene pétrea en su candidatura. Hace recorridas mensuales por el país y profundiza su incursión en el conurbano. Los operadores bullrichistas se congratulan por el apoyo que reciben por parte de Macri y se ilusionan con que finalmente se incline por la candidatura de la presidenta del partido amarillo. Mientras eso no suceda, la táctica del ex presidente también siembra incertidumbre en Bullrich.

El principal óbice de la presidenta del PRO es que su discurso halcón interpela a un electorado similar al de Macri -por no decir al mismo-. Es un indicador de que una eventual candidatura del presidente de la Fundación FIFA eclipsaría a Bullrich.

Por otra parte, María Eugenia Vidal también trabaja en su estrategia con un equipo de asesores que se encarga de organizar su agenda electoral. Y el itinerario es el de una campaña presidencial. Fue el propio Macri el que a principios de año la subió al ring de presidenciables. No obstante, en el entorno de Vidal también se inquietan por la indefinición del ex Presidente.

Macri no definió aún cuándo comunicará si será candidato o si se inclinará por apoyar a alguien en el PRO. En su entorno deslizan que no lo dará a conocer hasta antes de abril.

La moneda está en el aire. Larreta, Bullrich y Vidal ya hicieron sus apuestas. 


 

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