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El Escenario Mileíazo

En el Mileíazo (una victoria decisiva), Milei electo tendría la posibilidad de armar una nueva coalición de poder y dotar a su tiempo político de una base de sustentación.

La conversación gira en torno a Milei.
La conversación gira en torno a Milei.
Julio Burdman 29 septiembre de 2023

Se dice que, hoy, "la conversación gira en torno a Milei". Esa frase resume su dominio del debate: cuando se habla de política, sea en las redes, los medios o las charlas cotidianas de cuerpo presente, el tema ineludible es qué dijo Javier Milei, o qué se dice de él. En este marco, la habilidad de Milei para abrirse camino en las elecciones argentinas tiene mucho que ver con su capacidad de convertirse en el centro de la atención. Muchos argentinos van a votar a favor o en contra de Milei.

La centralidad del libertario y sus propuestas convirtieron a Sergio Massa y a Patricia Bullrich en actores secundarios de este tramo final de la campaña electoral. Ambos buscan colarse en "la conversación", por momentos lo hacen con desesperación, y adaptan sus discursos para posicionarse con respecto al actor principal.

Dada esta centralidad, descifrar por qué los gestos y las propuestas de Milei se volvieron tan convocantes es un desafío intelectual, y también una necesidad práctica. Lo obvio: su aspecto de estrella de rock, su lenguaje altisonante, su emocionalidad histriónica a flor de piel, su talento para expresar la bronca con la realidad y el status quo. Lo no tan obvio, lo que requiere más análisis, es lo que subyace detrás de sus consignas principales: dolarización, motosierra, casta, libertad.

El primer conjunto expresivo importa, pero si no desgranamos el pack de herramientas propositivas de Milei no alcanzamos a entender nada.

Naturalmente, ya hay muchos que se dedican a ello. El método preferido de los "derechólogos" consiste en comparar a Milei con otros candidatos aparentemente similares en otros países -Donald Trump, Jair Bolsonaro, Antonio Kast y un sinfín de europeos-, y al mismo tiempo trazar continuidades con las "viejas derechas" locales. Como si el fenómeno Mileifuera definible como una tradición de derecha argentina que engancha con una ola global.

Sin embargo, como señalábamos en nuestra columna anterior, las escenas sociales del mileísmo rompieron el molde: en la Capital, Milei sacó 13% en Recoleta, el barrio históricamente más rico y conservador, y casi 40% en la villa 1-11-14.

Ser de derecha casi siempre implica un votante que quiere conservar algo, y ese algo puede ser un orden, una jerarquía, una identidad, pero cuesta mucho encontrar elementos deconservación cuando el candidato se define anarquista, enarbola una motosierra y es el preferido de los más humildes. Hay elementos de la "nueva derecha" en Milei, pero en el rompecabezas de su significado se destaca la ruptura, sea lo que ésto fuere. Hay algo de lo que dice y hace Milei que representa a la Argentina de hoy.

Por eso, es importante el formato de su eventual triunfo. Dado que Milei es una ruptura radical, y no lo disimula, el tamaño del apoyo de Milei nos indicaría cuántos argentinos están embarcados en la revolución electoral mileísta. Podemos esbozar tres escenarios. En el primero, Milei va a un balotaje contra Massa o Bullrich, y se impone en noviembre. En el segundo, Milei se impone en primera vuelta, de acuerdo a las reglas que establece nuestra Constitución, y lo hace en forma ajustada: 41 a 28, por ejemplo. Y el tercero, el más impactante,  sería el mileíazo: que Milei gane en primera vuelta, pero con un porcentaje muy holgado. Por ejemplo, 48%.

Ese número es lo habitual en Argentina. Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando De la Rúa, Cristina Kirchner y Alberto Fernández anduvieron cerca del 50% de los votos, o lo superaron. Pero todos ellos fueron los representantes de una cierta continuidad. Distinto sería el caso de un candidato tan rupturista que tuviese el aval de media Argentina. En los dos primeros escenarios, Milei llega a la presidencia, y eso sin dudas es un shock enorme en la política nacional, pero en el tercero estamos hablando de una onda expansiva que no dejaría certidumbres en pie, y que le otorgaría al Presidente electo un poder popular de tipo constituyente. Un presidente en condiciones de plantear reformas muy profundas, basado en una interpretación creíble del mandato electoral como un barajar y dar de nuevo en nuestra historia.

Naturalmente, la gobernabilidad tiene otros componentes, además del poder populista que confieren los votos. Están los bloques legislativos y los gobiernos presidenciales, que también representan al electorado. Y ahí también, el tamaño de su eventual victoria sería un dato a considerar. No sería lo mismo un triunfo "raspando", que deje a importantes sectores de las dos coaliciones dominantes -UxP y JxC- en pie, y en condiciones de reamar una coalición alternativa para 2025, que una victoria decisiva que pusiese al resto de la política en situación de nocaut. 

En el segundo caso, el Escenario Mileíazo, el presidente electo tendría la posibilidad de armar una nueva coalición de poder desde la presidencia, y dotar a su tiempo político de una base de sustentación.

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