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El ocaso de los peronistas

Tal vez el ocaso de los peronistas sea la condición necesaria, aunque no la suficiente, para que Argentina descubra -con otro nombre- que la única manera de dar trabajo y casa, la dignidad de cada argentino, es comprender que el mundo ha retornado a la política industrial.

El ocaso de los peronistas
Carlos Leyba 21 julio de 2023

En 1973 conocí a Antonio Cafiero (1922/2014), de militancia y formación, anterior al liderazgo de J. Perón. Fue parte de una vertiente que aportó a aquél caudal. Ocupado en las ideas de su tiempo, un "hombre culto". Lector de intensa relación con pensadores como J. Miguens, sociólogo; J.C. Scannone, teólogo, o G. Di Tella, economista, en sus "reuniones de discernimiento". Disfrutaba del fútbol y de la lectura de la American Economic Review. 

Rompió con la estructura partidaria en 1985 y accedió al Congreso por la Democracia Cristiana. 

Lo conocí reescribiendo juntos el discurso que H. J. Cámpora debía pronunciar al asumir. Perón le ordenó entregara su discurso a J. B. Gelbard para su "corrección"; con Antonio cambiamos su eje de "socialismo nacional" y parafernalia literaria de Montoneros. 

Perón vislumbraba la captura a la que estaba sometido su obligado reemplazo por la torpe proscripción. 

Conocí la intimidad del pensamiento económico de Cafiero y la evidencia de las mismas fuentes que la DC, con la salvedad que nuestra tradición (de la DC) condenaba el "personalismo y el autoritarismo prepotente e insoportable" de los gobiernos de Perón. 

El tercero, a partir de La Hora del Pueblo (1971), dio a luz a "la amistad política" que firmaron R. Balbín y Perón. El himno de la DC (Valdo Sciamarella) que sintetizaba "ni pan sin libertad, ni libertad sin pan" (1957) se iba a respetar. 

J. M. Castiñerias de Dios (1920/2015), nació en Tierra del Fuego, fue miembro de la "Junta por la Presidencia de Perón" (1945) y del "Comando de la resistencia" (1955). Castiñeiras elegido en ambos frentes: el del triunfo y el de la resistencia. 

José María me regaló una de sus pipas y me distinguió de un modo, inmerecido, que es un orgullo. Fue antes que nada un poeta inmenso y de profunda sensibilidad religiosa. 

Miembro de la Academia Argentina de Letras, su obra mereció, por ejemplo, el mismo premio que la de Manuel Mujica Laínez o Silvina Bullrich. 

Disfruté de su generosa amistad. Un hombre capaz del compromiso cotidiano, con el hacer, y al mismo tiempo con una profunda tensión espiritual en la contemplación y la trascendencia. 

Amigo y discípulo de L. Marechal, frecuentó artistas e intelectuales de todos los compromisos políticos. Testigo de años difíciles, jamás le escuche una palabra que insinuara la grieta que nos devora.

Un ejemplo de ese sentido de la Nación - Patria, fue mi tercer amigo entre los fundadores del peronismo. 

Duilio Brunello (1925/2021), maestro catamarqueño, hombre de una cultura inmensa y de un don de gentes inigualable. Fue quien despidió en el Congreso los restos del General, era Presidente del PJ. Y fue quien Perón eligió como Vicepresidente del PJ -que él presidia - en los '70. Brunello, Presidente de la Asociación de ex -ministros del Poder Ejecutivo - que integran la casi totalidad de ex funcionarios del Poder Ejecutivo de todos los gobiernos - fue reelegido por unanimidad con el voto de ex funcionarios de todas las orientaciones. 

Duillio, un hombre de diálogo y de amistad política, con una formación académica excepcional y una calidad humana que es una honra para quienes hemos gozado de su amistad, estaba a años luz de los "militantes" de estos tiempos.

Es que Brunello, Castiñeiras de Dios y Cafiero no se subieron al peronismo. Contribuyeron a construirlo. Tal vez en esto radique la diferencia con los que hemos visto del '83 para acá. 

El oportunismo es una enfermedad de muchos de los que hacen política aquí y en el mundo entero. Pero en estas Pampas todo es exagerado. 

Conocí el pensamiento de los tres -fundadores de lo que se llama la memoria peronista- y difícilmente tengan un punto de contacto con lo que "los peronistas" desde 1983 -con rarísimas excepciones- repiten como consignas o dogmas. 

Todos estos, por buenas o malas razones, se "subieron" al peronismo que ha sido un aparato que garantiza éxito electoral. Éxito, en términos políticos, es "entrar" y después vemos. 

Un caso notable es Cristina: en 1973 (nació en 1953) votó por Abelardo Ramos, no por Perón. Cuando Antonio le pidió, siendo ella Presidente, colaboración para el monumento al "líder", dijo: "Para ese viejo de m..... nada". Con la marcha...se llega.

Al tren de los cargos "p" se subieron por todos lados, de la extrema derecha, a la extrema izquierda, neoliberales, ex PC. Un popurrí del que no puede sino surgir el desorden. Cada uno se inventó su propio Perón. 

Pero al que, los peronistas en el ocaso no lograron ni quisieron entender es al del '73. Ese era el de la amistad política en torno a un programa construido (más allá cuál haya sido el resultado) con la concurrencia de ideas de todos los partidos, organizaciones sociales y económicas y materia prima intelectual de primera, como lo fue la de todos los argentinos elegidos por la CEPAL para colaborar y hasta la presencia inicial de Julio HG Olivera en el equipo. 

Ningún peronista del ocaso lo reivindica. Los que lo han hecho han abandonado esa marca. No ahora, desde 1983. Veamos.

De los 18 ministros de Economía de las presidencias peronistas, solamente 5 tuvieron "militancia" peronista antes de la llegada al poder: los demás al llegar se hicieron. 

La economía de los presidentes peronistas estuvo en manos de "conversos", sea que provinieran de lo que tradicionalmente se llama "antiperonismo" de derecha o liberal o de los que hicieron "anti peronismo militante" hasta el punto en que el propio Perón los echó de la Plaza. 

En relaciones exteriores las cosas fueron un poco diferentes. De los 8 cancilleres de los gobiernos ejercidos por los que llegaron al poder en nombre del peronismo, 4 pueden presentar credenciales que los avalan como fieles previos a la llegada al poder, pero 4 tienen la misma característica de los conversos economistas. 

Esta curiosidad viene a cuento de una entrevista que le hizo Carlos Pagni a Juan Grabois

Cuando Pagni le señala: "dicen que su fórmula presidencial tiene poco de peronista", Grabois saca a relucir su "aristocracia de sangre peronista". 

Una sangre que no es la del '45. Pero sí del '73. 

Sangre del "tercer peronismo", "anti montonera" como su padre Roberto 'Pajarito', Guardia de Hierro (Julio Bárbaro padrino de Bautismo de Juan) y la Juan Manuel Abal Medina, padre de Paula su compañera de fórmula. 

Abal, además de haber sido mano derecha de la política del renacimiento de Perón en el 73, es un intelectual destacado formado entre personas brillantes. Paula es socióloga. Se puede o no compartir sus ideas, pero hay dos cosas valiosas a destacar, en la fórmula, formación y testimonio. Su ausencia en los demás es aterradora. 

Grabois, en estos tiempos, se autopercibe aristócrata de sangre peronista para contrastarlo con Sergio Massa, un hombre, abogado en la madurez, producto de cruzas peligrosas que van de Carlos Maslaton (UCD) a Luis Barrionuevo, incluido el toque que Ud. quiera; y de Rossi, de quien prefiero ni pensar y parece que los santafesinos tampoco. 

Pues bien, los que usaron y usan la marca del peronismo para las elecciones, en esta etapa democrática, lo que ejecutaron como hombres de gobierno, uno puede decir -sin temor a equivocarse- que de la genética originaria (sea del '45 o del '73) queda poco y nada. 

En la matriz cultural de mis tres amigos que ya no están, no hay duda de la matriz humanista y cristiana. En lo político, sin dudarlo, una veta de cuño nacionalista y de profunda reivindicación de eso que el mismo Perón definió como "criollo" y "gaucho" que está muy lejos de la crítica al "Día de la Raza" que el kirchnerismo suprimió y de su fanatismo por las minorías activas con "x". 

En lo económico, mis amigos reivindicaban el peronismo de la "producción", digamos la continuidad peronista del programa de la versión "New Deal" de los conservadores del 30 en la Argentina, más el Estado de Bienestar de la posguerra en Occidente. 

La primera presidente mujer, elegida por el pueblo, Estela Martínez, muerto Perón, instaló la bomba neutrónica que destruyó la estructura de la producción, el empleo productivo y el bienestar en la Argentina. No fue la "macro del rodrigazo" sino las ideas de Ricardo Zinn, uno de los promotores de lo que fue el Cema, lo que se profundizó como "industricidio" en la Dictadura Genocida y se coronó con la destrucción definitiva que produjo el menemismo y su continuidad hasta el día de la fecha. 

El ocaso de los peronistas es un largo proceso de haber introducido y administrado la idea de la destrucción del aparato productivo. La ignorancia puede no ser una razón pero es una causa. No se salva ninguno.

En estas elecciones PASO ganará Sergio Massa. Es irrelevante. Su programa no puede ser sino la prórroga de su fracaso. Lo de Massa ya está. Lo que no sabemos es que puede ofrecerse desde la oposición como futuro.

Tal vez el ocaso de los peronistas, como los conocemos, sea la condición necesaria, aunque no la suficiente, para que la Argentina descubra -con otro nombre- que la única manera de dar trabajo y casa, la dignidad de cada argentino, es comprender que el mundo ha retornado a la política industrial. 

Grabois le dijo a Pagni que cree que 9 millones de personas pueden recuperar la dignidad con trabajos de la economía popular. Es sin duda un avance sobre los kirchneristas, los otros peronistas del ocaso, que creen que se logra con el reparto de planes y comedores populares. 

La solución ya está inventada: el capitalismo tiene un régimen de distribución primaria que es el trabajo asalariado y los beneficios sociales, a los que sólo los garantiza la productividad y en la área urbana es la productividad industrial consecuencia de la acumulación. 

Ese es el gran compromiso del Estado para los tiempos que vienen: copiar lo que hacen los que progresan. 

Tal vez este ocaso de los peronistas le saque un adjetivo descalificativo a las políticas de estado necesarias. 

Los que ganen, por favor viajen a EE.UU. y miren lo que hacen, no escuchen lo que dicen que hay que hacer. En esa escucha se han especializado los peronistas del ocaso y aquí estamos.

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