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El otoño de Milei

La caída de la actividad económica ya es alarmante. Claro que la inflación bajará. La disminuirá la recesión y el ejército de desesperados que no generan demanda sino que demandan sobras que, por ahora, no tienen precio y por eso "desinflacionan". ¿No la ven?

El presidente Javier Milei.
El presidente Javier Milei.
Carlos Leyba 16 febrero de 2024

"El otoño del Patriarca" (G. G. Márquez) una navegación por la soledad del poder, traiciones y venganzas, a la que podrían no ser ajenos tarot, tartas, diálogo con los muertos, animales, infaltables bufones que halagan al poder y distraen a la plebe y la premonición de la venta del mar en la novela y "hay trabajos sobre la privatización del mar", como sugirió Bertie Benegas Lynch.

Escuche la brillante lección de A. Katz ("Estamos en manos de una banda de extremistas, incapaces y vagos", Perfil) para ubicarnos. 

La Ley Ómnibus de F. Sturzenegger preparada para Patricia, enviada al Parlamento, para que -según Javier- sea rechazada y así poder escrachar a "los traidores", "coimeros", etcétera, con foto y cartel. El rechazo es un éxito: Milei habla en la "neo lengua" de Orwell de 1984. 

G. Márquez no pudo imaginarlo. En la novela el consejo es: "El único error que no puede cometer ni una sola vez en toda su vida un hombre investido de autoridad y mando es impartir una orden que no esté seguro que será cumplida". Milei cometió el error y los bufones en "neo lengua" festejan: "El fracaso es un éxito".

Javier tuvo que recular a pesar de los esfuerzos de la oposición blanda -en particular de Rodrigo de Loredo- para sostener ese aquelarre de artículos, seguramente sin tener idea de las espantosas consecuencias de mucho de aquello que estaban apoyando.

Milei retiró el proyecto. Después de abrazarse con el representante de El Maligno y de entrevistarse con G. Meloni y S. Mattarella, jefes de Estado, transformó al programa "Quarta Repubblica" en "el programa cómico" de la noche romana. 

Al panelista que le dio fama lo expuso en Europa, primero en Davos y ahora en la TV italiana. 

El periodismo local lo ignoró. Nicola Romano no daba crédito mientras Milei afirmaba "el Estado es la organización criminal más grande del mundo". Todos los "Estados" y los políticos (todos) roban. Meloni y Mattarella, sorprendidos. 

El anarcocapitalista Milei pretendió salvar esa contradicción ideológica, ser "Jefe de una organización criminal" con el alibi del minarquismo (ideología contradictoria del anarcocapitalismo que niega al Estado, no "su tamaño"). Abusando de citas truchas atribuyó a ¿Openheimer? la idea de "saqueo ocasional o permanente" y afirmó que "los impuestos son el saqueo permanente del Estado". Dijo que había ingresado (a la política) para "dinamitar el sistema desde adentro". ¿De Loredo llora ante la decisión de Milei de retirar la "ley granada" con la que se lo habilitaba, vía delegaciones, a dinamitar el Estado? 

El periodista italiano le preguntó a Javier. "Pero entonces, ¿Ud. es Presidente para destruir el Estado?". Podría haber preguntado "¿Usted es 'Unabomber'?".

Milei, al frente, y Patricia, en la retaguardia de seguridad -alimentados por Sturzenegger- quieren consagrar definitivamente un Estado de Malestar: quieren, lo dicen, dinamitar toda posibilidad de bienestar. 

Con 38 diputados y 7 senadores a los que A. Katz -honesto y brillante- nos dice que un amigo los llamó "una banda de extremistas, incapaces y vagos". 

Nuestro viaje a la decadencia, en la que estamos, se inició con una banda de jóvenes extremistas, su asesinato de P. E. Aramburu y el socialismo con "la boca del fúsil" (¿Patricia?). Incapaces, le hicieron campo orégano a otra secta de extremistas e incapaces, de sentido contrario, los Caballeros del Fuego, que estallaron el Rodrigazo. A ellos los siguió otra banda de militares y civiles, extremistas e incapaces, que destruyeron la estructura económica y social, que sostenía a una sociedad de pleno empleo, sin pobreza y sin deuda externa. 

La suma de la acción y la prédica de todos ellos generó desempleo, pobreza y endeudamiento externo. Pero cuarenta años de democracia no lo pudieron revertir. Desde entonces, nunca el objetivo fue pleno empleo e incremento de la productividad. Nunca, en democracia, fue ese el objetivo y sin él no hay herramienta política que sirva. 

Con Milei, siguiendo al amigo de Katz, volvieron un grupo de extremistas e incapaces. Son vagos. Vago no significa solamente holgazán, sino indefinido, incierto, impreciso y -en este caso- contradictorio: católico pero judío o 'Estado organización criminal pero quiero conducirlo'. 

En ese mareo intelectual van a chocar, con nosotros adentro. 

El PRO ha decidido sumarse a LLA, estrategia "entrista", puede ir por detrás recogiendo sobrantes. Mauricio alienta el "entrismo" porque quiere revancha, como escribió P. Avelutto ("Primer tiempo" y "Para qué"). La incontenible vocación de "volver mejor" (como Cristina) se agigantó con su derrota a la vicepresidencia de Boca Juniors: lo más importante para su tránsito en la vida. Milei es el ganador y a Mauricio sólo le cabe sumarse por teléfono, aunque sus periodistas militantes insistan ponerlo en primera línea. 

El fracaso de los cuadros del PRO fue estrepitoso: hasta de su autoría es la Ley de Alquileres. ¿Se podría remediar tal fracaso con los mismos cuadros e ideas simplistas para afrontar problemas complejos? ¿Lo derrotaron 14 toneladas de piedra y no lo pudo rescatar el crédito único y extraordinario de US$ 50.000 millones del FMI? ¿Cuánto haría falta para sacarlos adelante? Inconmensurable. "Extremistas, incapaces y vagos".

Sorprende ver prensa, intelectuales, colegas economistas, dispuestos a ver belleza donde hay horror, claridad en la noche, inteligencia y pensamiento donde hay torpeza y vulgaridad. Insultos, gritos, descalificaciones e incomprensible ausencia de un programa. Llevamos 60 días que parecen meses de niebla. 

No es que sea poco tiempo. Es que es mucha confusión. 

Más allá de las sugerencias, en clave de decodificación de "El otoño del Patriarca", lo que está marcado en el presente y gracias a las increíbles decisiones de política económica de Caputo, es el inevitable "otoño de Milei".

Las personas debajo de la línea de pobreza, según la estimación de A. Salvia del Observatorio de la UCA (LN+) son hoy 57% de la población. Si con 40% de pobreza, el 60% de los niños estaba condenado, imagínese cuantos serán en marzo los pobres y cuántos niños condenados en el otoño de Milei. 

¿Luego de los "ajustes" que faltan, cuánto imagina Ud. que será el porcentaje de pobreza en otoño, con las nuevas tarifas de luz, gas y transporte? 

La caída de la actividad económica ya es alarmante. Pero las cifras de empleo, que se desplomarán, resisten por la inapropiada (por planes y demás) definición de ocupado para el Indec ("personas que durante el perìodo de referencia realizaron algún trabajo de al menos una hora, hayan recibido pago (en dinero o en especie) o no por dicha actividad") que hace de la "baja desocupación" del kirchnerismo una verdadera burla que sólo puede ser leída en clave de pobreza y trabajo informal.

Claro que la inflación bajará. La disminuirá la recesión y el ejército de desesperados que no generan demanda sino que demandan sobras que, por ahora, no tienen precio y por eso "desinflacionan". ¿No la ven? 

El ex presidente español Felipe González, que mira desde afuera y desde arriba, palabras más palabras menos, advirtió que la recesión, para este otoño, será demoledora. El otoño de Milei. 

Favor de leer a Diego Genoud "El mercado como religión" (LPO). Hay mucha información. Estamos mal y vamos peor. 

¿La culpa es de Milei? No de ninguna manera. Los errores se arrastran, de manera increíble y tozuda, desde hace medio siglo. Contribuyeron mucho los más o menos liberales. Pero los que fungen como "progresistas, keynesianos y populares", "la reventaron". Cristina, con el pequeño Kicillof, que es un Milei al revés, levantan el dedo admonitorio y, sin lugar a duda, son los principales contribuyentes al desastre en los últimos 20 años, en el ranking sigue Alberto Fernández (se salva de ser el peor gracias a la inacción) pero no podemos olvidar que Macri incrementó, en 4 años, la deuda en dólares, verdes con la cara grande, en US$ 90.000 millones. 

De todo esto Milei es el heredero. Lo grave es que su remedio, como dice él, es "moto sierra y licuación". 

Por ejemplo Caputo, el pariente del jolgorio de Tierra del Fuego, celebra que puede mostrar superávit en las Cuentas Públicas Nacionales de enero. Lo logró (¡y lo celebra!) gracias a la caída homérica del gasto social: las jubilaciones - el rubro principal - están, en términos reales, en su mínimo histórico. 

Jubilaciones en el mínimo histórico y 57% de pobreza. ¿cuál es el límite de la tolerancia social al ajuste sin programa y sin compasión?

Que estamos en estanflación aguda no es una noticia y que llevamos en ella medio siglo es evidente. Y sobre ese pantano, del que es imposible salir sin programa (que no lo hay) e inmoral, sin compasión, Felipe González lee, con honestidad e inteligencia, los datos que todos ven y nadie mira. Peor, miran la catástrofe que se aproxima, como si fuera un inevitable fenómeno natural. Un periodista que ha pasado un tiempo afuera y amplió, felizmente, su horizonte de mira, preguntó ¿es inevitable tirar con recesión para matar la inflación?

La respuesta es que, en "estanflación" y ahí estamos, la ortodoxia sola profundiza el estancamiento y hace imposible la continuidad y el keynesianismo acelera la inflación y hace imposible la continuidad. Las dos estrategias "sin coordinación" agravan el mal. Massa le echó nafta al fuego inflacionario y le estalló a Milei con la devaluación inevitable. Ahora Caputo seca el pozo de agua. Uno quema, el otro ahoga. 

Lo más riesgoso es que mientras licua todo, Milei amenaza con la dolarización, la renuncia a tener moneda que es la renuncia a tener Estado y a ser Nación. 

Prueba indiscutible, es que la erosión de la moneda es paralela erosión de la eficiencia del Estado y viceversa. 

Milei sin programa, en soledad, amenaza con la dolarización que, además de absurda, es una renuncia. 

Como decía Gabo "error es impartir una orden que no este seguro que será cumplida". Sería el segundo, salvo que un programa de estabilización y no de licuación y una modernización consensuada no una motosierra sean las herramientas.

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