Panorama

En medio de la turbulencia

El Gobierno llega a las elecciones de medio término con escándalos de corrupción, debilidad política y una economía atada con alambres ¿Cómo impactan estos factores en las variables que definen el resultado electoral?

El Gobierno no llega en su mejor momento a las elecciones bonaerenses.
El Gobierno no llega en su mejor momento a las elecciones bonaerenses. e

En nuestro último artículo analizando la coyuntura nacional, distinguimos 3 factores fundamentales a la hora de analizar la elección: la estructuración de la oferta electoral, el rumbo de la economía y la ingeniería electoral (las elecciones intermedias premian la fortaleza en el interior en desmedro del AMBA). En todo análisis puede haber cisnes negros, o, mejor dicho: sucesos inesperados que terminan impactando en alguno de los factores mencionados anteriormente. 

Los errores políticos y comunicacionales del gobierno terminaron consolidando una oferta electoral que fragmentó el polo no peronista de votantes (fundamentalmente el electorado de Juntos por el Cambio que va a encontrar opciones menos virulentas políticamente si bien no cuestionen del todo los fundamentos económicos) y unificó la oferta peronista en un Frente de Todos 2.0 sin Alberto (a.k.a Fuerza Patria). 

La polarización discursiva y la agresividad del gobierno dinamitó puentes políticos en el Congreso y favoreció la aparición de armados federales que van a disputar votos y, aunque no tengan la capacidad (aún) de ser una tercera fuerza sólida, pueden hacer mucho daño gracias al sistema D´Hondt (el mecanismo que reparte finalmente las bancas).



Un ejemplo puntual es Corrientes, que eligió gobernador el pasado 31 de agosto con una aplastante victoria del oficialismo. El gobierno nacional eligió el purismo con un candidato que no daba la talla, sacó menos de 10 puntos pero además dejó heridos en el proceso a Camau Espínola y a Peteco Vischi: dos espadas aliadas fundamentales que le permitían al gobierno en el Senado juntar votos para por ejemplo sostener vetos presidenciales o rechazar proyectos adversos. 

Si la victoria en CABA parecía premiar las decisiones tomadas por Karina Milei y los Menem y fortalecía su rol como armadores políticos, los resultados en Corrientes y el escándalo de corrupción en discapacidad debilitan la autoridad de la hermana del presidente, que tiene una prueba de fuego en la provincia de Buenos Aires. La elección del domingo parece ser un punto de inflexión. Para la política, no para la ciudadanía: se esperan índices de abstención importantes y los intendentes le prenden velas a Santa Rosa para que las lluvias no deriven en inundaciones que movilicen el voto castigo.

¿Y de cara a octubre?

Las variables que analizar siguen siendo las mismas: el destino del gobierno en octubre va a estar determinado por la variable económica, la oferta electoral, y la ingeniería electoral. Sin embargo, los sucesos recientes impactan en estas tres variables, y esa evolución es la que hay que atender. 



Con las alianzas conformadas y los candidatos ya definidos, el mapa de la oferta electoral no sufrirá cambios, pero si los resultados de septiembre en Buenos Aires pueden modificar ánimos y estrategias. El gobierno puede sufrir problemas en varios frentes si es derrotado. En primer lugar, pierde capital político al ser una elección que fue a disputar (como en CABA) con la figura del presidente Milei como protagonista. Una victoria peronista además revitalizaría al peronismo que, pese a haber consolidado una unidad, todavía no tiene una oferta representativa en términos de respuestas a los principales problemas del país. Sin embargo, las victorias ordenan, lo que no apareció hasta ahora, puede aparecer. 

En segundo lugar, la elección es mirada por los actores económicos como un preludio de octubre. Una derrota del gobierno es posible que reduzca la confianza en el rumbo económico del oficialismo en las dos variables que parecen importarle a Milei (en desmedro de todas las demás): precio del dólar e inflación. 

Todo sigue atado con alambre: el gobierno debe recurrir a regulaciones día a día para evitar que se le desmadre la cuestión. La intervención en los futuros y el monitoreo día a día de la posición en dólares de los bancos buscan evitar que el precio del billete verde de nuevo alimente expectativas devaluatorias. Por otro lado, en los estudios de opinión el empleo y los ingresos pasan a ser la principal preocupación económica además de la inflación. Los escándalos de corrupción tampoco son algo a desatender: en un contexto de crisis económica y contracción de los ingresos, el vínculo que suele hacer el electorado es casi lineal: fundamentalmente cuando vos te presentás como la anticasta.



Es cierto que la ingeniería puede garantizarle al gobierno en octubre la victoria electoral en bancas y la construcción de un escudo legislativo que, si bien no será una mayoría, puede ser suficiente para blindar los vetos del presidente y salir de la situación de hiperminoría. Ahora bien, incluso ante una victoria el reloj comienza a ser tic-tac: la ansiedad por ver resultados crecerá luego de los resultados y el punto de comparación con el Frente de Todos será cada vez más lejano. Algo similar le sucedió a Mauricio Macri en 2017-18.

Además, la victoria suele funcionar como un aditivo tentador para encerrarse y hacer purismo. Si algo dejarán los números en claro es que el presidente, por lo menos para impulsar reformas significativas necesitará acordar. Los mercados no solamente están mirando la capacidad o la intención: también miran la viabilidad.