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La ilusión peronista: alguien que agarre la sartén por el mango

El kirchnerismo demuestra una vez más la paradoja de su caudal electoral significativo, pero no suficiente.

El nuevo elegido.
El nuevo elegido. telam
Lucas Sebastián Raffo 04 julio de 2023

Para los politólogos y consultores no involucrados, el cierre de listas fue lo más cercano al meme de Michael Jackson comiendo pochoclos en el cine. El escenario aparece ahora claro y con los jugadores en la cancha. En el caso del peronismo, hasta último minuto parecía que iba a haber PASO entre Wado de Pedro y Daniel Scioli, pero al final, se bajaron ambas candidaturas y quedó ungido el "candidato de unidad" Sergio Massa. "unidad" entre comillas, ya que Juan Grabois, que se había bajado, se volvió a subir y consiguió los avales para una candidatura que seguramente buscará contener al kirchnerismo de paladar negro.

El Frente de Todos/Unión por la Patria en su cierre de listas nos dio una muestra cabal de su disfuncionalidad, la misma que caracterizó al espacio durante toda la gestión. Es tal la falta de liderazgo actual (por deficiencias o abdicación) en el peronismo, que lo que comenzó como una declaración al pasar del gobernador riojano Quintela, termino siendo 10 horas después el bombazo del cierre. 

La teoría rebordista del enano con bastón más vigente que nunca: el presidente había ofrecido su apoyo a una candidatura de unidad de Sergio Massa (dejando huérfano a Scioli) a cambio de elegir el vice. Alberto, el paradigma de la debilidad presidencial, no solo puso al vice, sino que puso a sus alfiles en las listas. Todos tuvieron que aceptar lo que a la mañana parecía un chiste delirante.

El peronismo está ante el desafío más importante: encontrar un liderazgo que posibilite el recambio generacional y reorganizarse como partido del poder, algo más importante que la próxima elección. La candidatura de Massa es la expresión de una serie de defecciones: la del kirchnerismo a la hora de construir liderazgos detrás de Cristina, la de los gobernadores que desde NéstorKirchner jamás pudieron construir un candidato competitivo y la de una gestión que arrancó con mucha esperanza y termina con mucha desilusión. Ni "Wadito", ni Máximo pudieron estar a la altura de la ilusión que generaron en algunas columnas de los analistas del círculo rojo.

La crisis del liderazgo en el peronismo no es reciente, sino que es el devenir de un proceso más lento: Cristina eligiendo a Alberto es el reconocimiento implícito de que lideraba una porción grande, pero no total del peronismo: el Frente de Todos terminó siendo una confederación de clanes con mucho veto, pero poca decisión. Un pecado imperdonable para el peronismo. La experiencia frentetodista fue la ausencia de alguien que tomara la sartén por el mango: el único acuerdo que tuvieron las tribus del Frente de Todos fue que había que delegar el gobierno si nadie podía ejercerlo efectivamente. Ahí apareció Massa.

Más allá de la necesidad del peronismo de encontrar un liderazgo efectivo que implique el avance de una nueva generación, aventurar si Massa puede ser ese líder es imposible: el peronismo nos enseñó que (post Perón) sus liderazgos más significativos provienen de los márgenes: Sergio Tomás puede contar con la audacia de Menem, o la de Kirchner, pero no deja de ser extraño para un electorado que todavía lo mira de costado. Como si fuera poco, el peronismo corre de atrás en esta carrera: ningún liderazgo auspicioso puede comenzar con una derrota.

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