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Así fue la Marcha Federal Universitaria.
Panorama

La marcha universitaria marca el fin del principio

Cientos de miles de asistentes es un número infrecuente, sin antecedentes contra un gobierno que lleva seis meses. Empieza la carrera contra el tiempo.

Oscar Muiño 28 abril de 2024

"No es el fin, ni siquiera el principio del fin. Pero es el fin del principio".  Winston Churchill recién pudo pronunciar esta frase cuando sus tropas derrotaron al mítico mariscal alemán Rommel en El Alamein. Iban tres años de guerra y arrastraba muchas más derrotas que victorias.

La inmensa movilización por la educación pública del martes es uno de esos puntos de inflexión. El primer llamado de atención de un clima que puede empezar a cambiar.

La morfología del acto quedó transparente. Todas las edades, más mujeres que hombres, clases media-media y media-baja, más trabajadores registrados que precarizados, muchos estudiantes, maestros y profesores. Encontrar alguien de altos ingresos era buscar una aguja en un pajar. Había pobres, pero no estaban esas personas humildes que marchaban arrastrando los pies y mirando el suelo, como sin saber por qué están.

El segundo rasgo, la organización. ¿Aparato o gente suelta? Por supuesto, hubo personas encuadradas, ruidosas y visibles las cegetistas aunque poco numerosas. La absoluta mayoría era "pescadilla". Los que van sueltos, solos o con su pareja, unos amigos, sus hijos o padres.

Resaltaba la convicción de los manifestantes. Todos sabían por qué estaban. La imaginación brotaba desde una bicicleta con "todos somos UBA" hasta el cartel "Conan está muerto" o las burlas al ministro de Defensa, Luis Petri. El mejor toque argento, burlón sin agresividad. "El que no salta / votó a Milei" es una consigna simpática, de las menos belicosas que corean las canchas y las marchas.

Esta marcha universitaria contagiaba alegría, optimismo, falta de agresividad. En nuestra historia, casi todas las marchas rezumaban queja, descontento y furia de los que marchaban. He visto actazos y actitos, desde las manifestaciones clandestinas de 1966 hasta las inmensas movilizaciones antidictatoriales de 1969-72, los cánticos proguerrilla de las juventudes peronistas y guevaristas, las movilizaciones obrero-estudiantiles de Córdoba, la trágica y frustrada recepción a Juan Perón en Ezeiza (1973), el interminable luto en el velatorio del propio Perón. 

Los obreros en Plaza de Mayo de 1975 de los ¡Gracias Isabel! y semanas después, tras el rodrigazo, ¡Isabel, coraje, al Brujo dale el raje! Los palazos en marzo de 1982 y 72 horas después, los vítores a Galtieri. La gran marcha de la Multipartidaria y las gigantescas concentraciones en favor de Alfonsín y Luder. Las plazas de Raúl y las plazas contra Raúl, las plazas del Sí a Carlos y del No a Carlos. Las marchas federales contra Carlitos y el rugido contra De la Rúa. Los primeros piqueteros y los cartoneros que empezaron a revolver la basura mientras los ahorristas estafados golpeaban las puertas de los bancos. Las Plazas que echaron a Fernando y al Adolfo. Los pibes de Néstor y Cristina, las concentraciones contra Néstor y Cristina. Los muchachos de Moyano y los amigos del campo antes del voto no positivo. Las mareas verdes y las respuestas celestes. Las grandes concentraciones como el 8-N, la llegada de Mauricio  y las desilusiones contra Macri. La expectativa con Alberto y el desencanto de Fernández. 

Siempre con actos, con marchas, con Plazas de Mayo y del Congreso, con el monumento a la Bandera y las marchas en todas las provincias. La lucha por el control del espacio público es también parte de la lucha por el poder desde siempre.

El acto de la semana pasada fue impecable en materia de auto-disciplina. Sin policías, no hubo incidente alguno. Queda sin argumentos la extraña pretensión de evitar que los ciudadanos caminen por las calles. Sería oportuno que el gobierno reevalúe  el uso de las fuerzas de seguridad, cuya misión es combatir el delito y no amedrentar la protesta.

La alegría de la marcha contrastó con la reacción oficialista. Sin experiencia, la Casa Rosada parece ignorar que en política, como en  los matrimonios, la luna de miel es corta y conservar la armonía exige replanteos y concesiones. Nada de esto pareció ocurrir hasta ahora.

Los ojos desorbitados de sus "periodistas" y comunicadores, en lugar de reflexionar sobre la masividad y las banderas de la marcha, elegían desacreditarla. El desprecio del propio Presidente a las "lágrimas de zurdo", que en su escala de valores es lo más bajo, casi como la casta de los intocables. Se sabe que deslegitimar a los que se oponen nada tiene que ver con las prácticas republicanas de los Estados de derecho. 

Tales maltratos podrán tener consecuencias. ¿Qué hará, por ejemplo, el jefe del bloque radical Rodrigo de Loredo? Los insultos y descalificaciones oficialistas hacia los que marcharon -como él mismo- ponen a Loredo y otros ante una dramática situación. ¿Cómo conservar cierta auto-estima si rinde vasallaje a quien lo menosprecia en público? ¿Se tentarán por fijar posición de "ni libertarios ni populistas" como la del presidente de su partido Martín Lousteau o el diputado Facundo Manes? ¿O aceptarán seguir subordinándose a LLA como antes parte del radicalismo se subordinó al PRO?

Seis meses es un octavo de mandato. Parece poco, pero ha transcurrido casi un tercio del plazo que va desde la asunción de Milei hasta su primer test en las urnas, la próxima elección de diputados y senadores nacionales, el año que viene. No falta tanto...

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