Escenario

No nos empujemos al abismo

La gravedad de las consecuencias del presente debería generar gestos de grandeza en los hombres públicos, políticos, empresarios, sindicalistas y despertar la vocación de consenso para un programa de rescate. Como nos dijo Francisco, "nadie se salva solo". No nos empujemos al abismo. 

La madre de nuestros males es el estancamiento y en este Gobierno no existe la menor preocupación por aquello que nos derrumba.
La madre de nuestros males es el estancamiento y en este Gobierno no existe la menor preocupación por aquello que nos derrumba.
Carlos Leyba 19 septiembre de 2025

Es posible, tal vez no probable, que el chileno JC Daza logre que el Tesoro americano nos salve de la carencia de dólares de la gestión Caputo y lamentablemente de los argentinos. La desgracia siempre es colectiva.  

Si ocurre antes de las elecciones será bálsamo para las heridas que las elecciones provinciales, los rechazos legislativos y la desconfianza de los mercados, y los trascendidos de coimas e ineficiencias (pasaportes y patentes) le provocaron al experimento libertario. 

Lo del Tesoro, si llegara, sería un bálsamo como aquel de Fierabrás que don Quijote le administró a Sancho y que ejemplifica la distancia entre fantasía y realidad: la madre de nuestros males es el estancamiento y en este Gobierno no existe la menor preocupación por aquello que nos derrumba. Volvamos. 



Un ciudadano extranjero es quien realmente conduce el ministerio de economía, como consecuencia de la intervención que, sobre nuestro Tesoro, han impuesto las finanzas privadas de NY. La contrapartida beneficiosa, de esa ofensa, es que Daza gestionaría el socorro que anunció S. Bessent luego de su visita de unas horas a la Argentina para demostrar - poniendo el cuerpo - que Daza representa esa posibilidad de rescate del Tesoro americano, si el derrumbe de los bonos argentinos o cualquier otro evento, pasara a constituir una "crisis externa". 

El riesgo país (18/9, 11:33 hs) alcanzó 1337 y eso significa una tasa de interés de casi 18% que, si existiera la posibilidad de acceder a los mercados, haría que las deudas financiadas, a esa tasa, casi se duplicarían cada 4 años.  

Esa es la síntesis del legado del Plan Caputo o Anker, nombre de la consultora de "traders" que deslumbraron a Milei. 



Los hombres del mercado no han logrado "la confianza" de los mercados. Pero han logrado, como tantos otros, ingresar en el ridículo. No sólo con "compra campeón", sino con la más ridícula afirmación "que el dólar llegará a los $600". Fue una de las amenazas a los mandriles o "econochantas" que no ríen porque lo que nos pasa, en realidad, da tristeza y nada para burlar.    

Joaquín Cottani es el economista que D. Cavallo ofreció a Milei para que  tengan, en el quinto piso, un economista de la macroeconomía (que recuerdo no es sólo los números fiscales, sino el PIB y sus componentse, el empleo, la distribución del ingreso, etc.), entre una multitud de "traders brillantes", todos formados en la escuela de JP Morgan, la más prestigiosa del rubro. Renunció cuando le resultó imposible seguir asociado a lo que, su conocimiento económico, le señalaba como un inevitable fracaso. 

A los financistas no les entra "la macro" como a "los de cuarta que hacen política" no les entran las consecuencias. En eso se emparentan: hace medio siglo nos gobierna el estancamiento con inflación. Algunos combaten la inflación y profundizan el estancamiento y otros combaten el estancamiento y explotan la inflación. Hombres de un solo objetivo se estrellan contra la complejidad. Un problema de entendederas y no de ideología.



En los últimos días Cottani relató que no pudo comprender por qué razón los "traders del ministerio" creían haber diseñado un plan de dolarización endógena mediante el arbitrio (supuesto) de cancelar la emisión monetaria. 

Cottani, testigo de los relatos de los protagonistas, señaló que esa "peregrina teoría" deslumbró a Milei que había prometido "dolarización" y que, obviamente, no tenía la menor idea de cómo llevarla a cabo. 

Como todos recordamos Javier recorría las pantallas de TV - aumentando rating - y explicaba que dolarizaría con la venta de bonos argentinos más créditos abundantes que decía tener comprometidos (amenazaba celular en mano) y - consecuentemente - procedería al cierre del Banco Central: el peso era excremento. 



El plan Caputo - un alquimista - convirtió al excremento en la moneda más valorizada del Planeta: un país tan caro en dólares que agravaba día tras día el problema endémico de la falta de dólares. De contramano por Libertador, los traders, se asombraban de ver tanta gente equivocada en dirección contraria. ¿Torpeza o astucia? 

Es cierto, Vaca Muerta, el cobre, el litio y tal vez, algún día, una baja mayor de la tasa de interés en EE.UU. valorice las materias primas y entonces sufriremos de la "enfermedad holandesa" y la abundancia de dólares nos producirá otros problemas y otras soluciones. Pero para todo eso falta tiempo. Y el presente, un presente que empezó hace añares, no tiene expectativa de quedar atrás y es un tiempo nublado que amenaza tormenta.  

En campaña, con aquellas declaraciones, Milei contribuía a sumar presión inflacionaria a los desaguisados de Sergio Massa y hoy, toda esta agitación, no ha despertado, lo único necesario, a ninguno de los dos gigantes que nos puedan sacar del marasmo: el consenso y el programa fruto del consenso. 



Aquella mezcla de errores y ensoñaciones disonantes de todos los demás en campaña, lograron convencer, a pesar de los esfuerzos de C. Melconian con la metáfora de "sin fideos ni tuco", primero a periodistas "especializados" hambrientos de rating y después a millones de argentinos que lo eligieron por la promesa de cambio radical: motosierra y dolarización, insultos y desprecio, para canalizar la bronca que generó una situación horrible, la pandemia más Fernández. 

Cuando los jóvenes comparan su vida y el pronóstico de futuro, con la de sus padres y estos con la de sus abuelos, la utopía mora en el pasado que no puede existir y eso enoja: la enfermedad de un estancamiento de 50 años que paraliza.  

El que se llamaba a sí mismo "especialista en crecimiento con y sin dinero", designó presidente del BCRA a Emilio Ocampo para que lo cierre. Lo hizo en el salón que le prestó "el prócer" Hugo Barrionuevo, el leal amigo quien también colmó, con su tropa, al Movistar Arena para escuchar al prócer del liberalismo vernáculo pedir la ruptura de relaciones con el Vaticano. Sí Barrionuevo, Hugo, el mismo que se hizo célebre por aquello de "el país se arregla si dejamos de robar por dos años" estuvo en las horas más gloriosas de la construcción electoral de Javier. 



Enfrentado a la realidad de gobernar, el programa de la dolarización y cierre del BCRA, se deshicieron en el aire. Adoptó la propuesta de Caputo: una fantasía cara. Según Cottani, Caputo "lo deslumbró". A punto tal que aseguró en el Luna Park, gracias a ese plan, que será Premio Nobel de economía. 

Afortunadamente la dolarización endógena no ocurrió, primero porque no podía ocurrir. Tampoco funcionó la exhortación a gastar los dólares del colchón y - es muy probable - que vuelva un nuevo intento de convocatoria a los dólares del colchón y un nuevo elogio a la evasión tributaria. No es nuevo: en 2019 en el programa "Cara o Cruz" de la vecina Paraguay dijo Milei: "Lo que hace el contrabando es evitar al fisco. Para mí los contrabandistas son héroes. Uno de mis grandes héroes, yo lo suelo mencionar en mis charlas, es Al Capone". 

¿Milei quiere el equilibrio fiscal o la desaparición del Estado?  Lo ha repetido hasta el cansancio, quiere ser el topo que, desde dentro del Estado, pueda destruirlo: su fe es anárquica. Quien quiere la destrucción no anhela construir el "equilibrio fiscal".



Todos sabemos que sufrimos una enorme evasión tributaria. Lo demuestran los exitosos blanqueos que han realizado todos los gobiernos en lo que va del siglo, kirchneristas, macristas y libertarios. 

Cualquier persona normal diría que, si hacemos un plan integral contra la evasión que, algunos la estiman en 30% o más, terminaríamos con el déficit fiscal en lugar de cargar contra el Garrahan o los discapacitados. 

Al Capone, el héroe de Milei, jamás lo propondría porque su negocio es la evasión. Muchos celebran "el éxito del blanqueo" que es la contraparte del fracaso del sistema de recaudación. 



¿Qué el sistema tributario es injusto, engorroso, ineficiente? Seguro que sí. Pero todos esos males no justifican el fracaso recaudatorio. Y mucho menos la celebración del éxito del blanqueo que es una burla extraordinaria a la mayoría que - a pesar de todas esas fallas e injusticias - tributa. Evadir es - como mínimo - engañar. 

El déficit fiscal es - por supuesto - la consecuencia de un Gasto Público que ha explotado en este siglo. 

Cuando aún todas las empresas públicas no habían sido privatizadas, el Gasto Público no superaba el 20% del PIB y en este S XXI - con empresas privatizadas - ha duplicado esa participación. El déficit de las cuentas públicas ha sido dominante por mucho tiempo y en los últimos 50 años, por un lado, la evasión impositiva y por el otro, el recurso al endeudamiento externo, generaron el drama de la fuga - en moneda dura - de, también, los recursos generados por la evasión. 



Un Estado deficitario y con una deuda en dólares ha sido el gran tema del Siglo XXI. Justamente el siglo empezó con un default entre los más grandes de la historia. El más agudo analista político de nuestros días, Carlos Pagni, ha recordado reiteradamente la idea del "tema de nuestro tiempo", la obra de J. Ortega y Gasset y ha sostenido, con razón, que "ese tema", que lo llevó al triunfo a Milei, es haber encarnado al adalid contra la inflación, impoluto de inflación, por ser "el nuevo y distinto". 

Pero debajo de la inflación, hay una corriente profunda - también orteguiana - que arrastra en reversa esas luchas y es la cuestión de la deuda externa pública. Una deriva del desequilibrio de nuestras cuentas externas. No crecemos en la productividad (y esa es la madre de todas las batallas de la economía) porque las inversiones reproductivas se ausentan y estamos asistiendo a las consecuencias del crecimiento de la pobreza, en medio siglo, que está deteriorando el potencial de nuestro capital humano.  

La gravedad de las consecuencias del presente debería generar gestos de grandeza en los hombres públicos, políticos, empresarios, sindicalistas y despertar la vocación de consenso para un programa de rescate. 



El odio envenena y como nos dijo Francisco "nadie se salva solo". No nos empujemos al abismo.

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