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Un fenómeno político asombroso

Veinticinco años de UPAU

UPAU fue una escuela superior de cuadros políticos, luego reciclados con éxito en otras fuerzas o en corporaciones privadas

Veinticinco años de UPAU
Veinticinco años de UPAU .
Julio Burdman Julio Burdman 25-08-2010
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Fue un fenómeno político asombroso. Un cuarto de siglo atrás, el clima de la democratización alfonsinista estaba en su apogeo, el libro Nunca Más circulaba en los hogares y se realizaban los juicios a las Juntas. 

Mientras tanto, una agrupación conservadora se abría paso en las universidades nacionales argentinas. La Unión para la Apertura Universitaria (UPAU) a mediados de 1985 se impuso en el Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Cuyo, logrando su primer triunfo electoral; dos años después, hizo una elección histórica en la Universidad de Buenos Aires, conquistando los centros de estudiantes de Derecho, Ingeniería, Arquitectura y Veterinaria, y quedando a pocos votos de la presidencia de la FUBA.

También, UPAU tuvo un gran desempeño en los colegios universitarios. En 1987 estuvo a pocos votos de ganar en los centros de estudiantes del Nacional Buenos Aires y el Carlos Pellegrini a través de su brazo en la escuela media, la Alianza Liberal, que polarizó las elecciones con la Franja Morada. Ese año, la izquierda siempre predominante -en los '70, los '90 y los 2000- quedó como suspendida, casi sin votos.

El ascenso de UPAU fue asociado con el de la Unión del Centro Democrático (Ucedé), el partido conservador fundado y liderado por el capitán ingeniero Alvaro Alsogaray. Y es indudable que hay una conexión entre ambos. Pero no fueron exactamente lo mismo. En primer lugar, porque los dirigentes universitarios pertenecían a otras fuerzas de centroderecha, como el Partido Demócrata (de ahí su debut mendocino) o el Federal, y luego se sumaron a la Ucedé cuando ésta adquirió volumen electoral. Cabe agregar que los UPAU, una vez adentro, fueron un dolor de cabeza para Alsogaray, ya que no le respondían e intentaban armar una corriente interna para disputarle la jefatura del partido. 

Por otra parte, después de la Ucedé aparecieron otras fuerzas de centroderecha, que capturaron porciones del electorado nacional superiores a la del partido de Alsogaray, como Acción por la República, Recrear y el PRO, pero no tuvieron presencia alguna en las universidades. Ello sugiere que, más allá del fenómeno electoral de la Ucedé, había algo propio de la UPAU que explica su éxito. 

Responder al interrogante no es fácil, porque casi no hay investigaciones académicas en las que apoyarse. El único artículo dedicado a ella que encontramos es el de Miguel Talento, de 1988, publicado en la revista Nueva Sociedad. 

Talento, alarmado por la “derechización” de la misma universidad que había visto nacer a todas las corrientes contestatarias de la sociedad argentina, atribuye el éxito de UPAU a una protesta de parte de la comunidad universitaria a la crisis institucional de la educación superior. La eficacia de la nueva agrupación, reconoce Talento, radicó en exigir “que la universidad funcione”, tomando por sorpresa a los movimientos populares y la izquierda que se dedicaban a construir otros discursos. Más bien, para este autor, la UPAU fue el resultado del fracaso de quienes debieron saber interpretar las demandas de estudiantes y profesores.

Su artículo estaba muy bien, considerando que estaba escrito en plena ocurrencia del fenómeno y cuando aún no se había explicitado la profundidad del clima cultural que se estaba gestando –el Muro de Berlín todavía estaba en pie-. Pero le faltaba, podemos decir hoy en perspectiva, reconocer más los méritos políticos propios de la UPAU y sus dirigentes, y la potencia de sus ideas. 

Alsogaray, Michael Fox & Sex Pistols

Sobre los méritos, de UPAU se puede decir aquello que Isidoro Gilbert escribió sobre la Federación Juvenil Comunista: que fue una escuela superior de cuadros políticos, luego reciclados con éxito en otras fuerzas o en corporaciones privadas. Tenía una muy buena organización. Y sorprende, por lo extensa y notoria, la lista de funcionarios de Menem, Cavallo, Kirchner o Macri que iniciaron su vida política en UPAU. Muchos de ellos terminaron siendo favoritos de sus nuevos jefes, que apreciaron su cintura, lealtad y capacidad de implementación. Aún en ambientes de izquierda, el paso por UPAU es un antecedente valorado, que equivale a una maestría en política práctica. 

El desarrollo del otro factor, el de las ideas, merece especial atención porque UPAU fue una formación política generacional, que sedujo durante unos años -pocos- a una buena parte de lo mejor de la sociedad argentina. Supo ser, como la JP o la Franja, un actor que se movilizó y confrontó a su liderazgo partidario, y desarrollo un sentido de pertenencia. Tal vez, a diferencia de la despolitización que creyó ver Talento en los '80, la UPAU sí llegó a representar para los jóvenes una opción política contestataria, como las que cíclicamente produce nuestra universidad. Fugaz o moda, pero contestataria al fin. Al reivindicar con orgullo la identidad de derecha, el capitalismo estadounidense, el anticomunismo y al empresariado privado, se sostenía una ideología ofensiva, con el consiguiente desprecio de los “tibios”, que discutía un sistema de ideas instalado en amplios sectores de la sociedad.

Y contaba con argumentos fuertes. Recordemos que el mundo era otro: los países del socialismo real se habían convertido en dictaduras empobrecidas, el Estado empresarial cargaba con las culpas del fracaso de los servicios públicos y el empresario privado innovador, en los tiempos de la revolución informática, era un héroe social. “Empresario” era un Bill Gates que abandonaba la universidad y a los 19 años, desde un garaje o algo así, desafiaba al complejo industrial – militar corporizado en la IBM.  Podía ser, en suma, cualquiera de nosotros. 

Pero los argumentos de la ideología UPAU se derrumbaron en poco tiempo. Aquellos héroes capitalistas del garaje se transformaron en multimillonarios monopólicos, odiados por los nerds, la competencia y los creadores del software libre. En la Unión Soviética, el partido fue reemplazado por las mafias. Las grandes empresas de servicios y los bancos dieron la espalda más de una vez a sus usuarios, y la intervención liberal internacional de Estados Unidos quedó deslegitimada en Irak. La realidad ha hecho extremadamente difícil sostener un ideario liberal – conservador, hoy restringido a postulados abstractos u ofertado como mal menor frente al adversario populista. 

UPAU tuvo más elementos en común con las juventudes políticas tradicionales argentinas, que con sus sucedáneos sociales más conformistas y apolíticos, como los Jóvenes PRO. Logró, en poco tiempo, consolidarse como un actor generacional creíble, que le permitió diseminarse rápidamente. Combinó las demandas de “que la Universidad funcione”, con las posiciones de los apegados a las ideas derechistas de sus padres, una identidad generacional de rugby y música punk de clase media alta disconforme con los discursos predominantes, el temor al empobrecimiento personal, y otros valores difusos en una época de confusión y de mayor participación política. En una serie de televisión, “Lazos Familiares”, el personaje de Michael Fox hubiera sido de UPAU: un estudiante universitario republicano que se peleaba con sus padres hippies. 

La experiencia de UPAU, en suma, es interesante para el análisis político argentino, y no solo por la gran cantidad de cuadros políticos que produjo. Nos permite entender el clima de la época, y las enormes dificultades ideológicas que hoy enfrenta la derecha para formar cuadros políticos. El mundo cambió enormemente, vaciando al conservadurismo liberal de sus principales argumentos. Y también cambiaron, demasiado rápidamente, las formas de organización política. Los UPAU no eran liberales desconfiados de la política: eran conservadores y politizados. 

Y para los conservadores, como dice Alan Wolfe, la política es una lucha que nunca se acaba. Por eso, no es casual que los UPAU se hayan reciclado en diferentes expresiones de la gran familia peronista, pero nunca se mezclaron con sus archienemigos del radicalismo.

 

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