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Después de Nisman

28-01-2015
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La muerte del fiscal puede alterar el curso del año electoral y marcar un punto de inflexión en la carrera presidencial

La muerte del fiscal Alberto Nisman, especulan algunos, calza a la perfección en la categoría, ideada por Nassim Taleb, de “cisne negro”: un hecho imprevisto y con consecuencias difíciles de prever. Es un game-changer, dicen otros, subiendo la apuesta. Un antes y un después. Ya nada será lo mismo, arriesgan otros. El tiempo, como siempre, dará su veredicto. Por ahora, lucen prematuras esas invocaciones, más allá de que la muerte de Nisman caló hondo en la sociedad argentina, que sigue con preocupación la marcha de los eventos.

A más más de una semana del hecho no es posible determinar si el “affaire Nisman” teñirá toda la agenda, y la campaña en curso, o si habrá otros temas (por estos pagos, nunca faltan) que le arrebatarán el predominio que hoy ostenta o que irán derivando la causa hacia otros lugares. Más allá del drama, en un año electoral, ante cada hecho que ocurra se intentará conocer su impacto en las urnas.

Por ahora, el hecho se precipitó, en medio de una temporada estival que fluía sin grandes novedades, más allá de la denuncia (no era una acusación) de Nisman a la Presidenta & Cía, el comienzo del año y alteró el tono veraniego de la campaña proselitista en curso. Hubo, de sopetón, un cambio de libretos para todos y volvió el tono confrontativo. Con las PASO a poco más de seis meses vista, vale la pena intentar dilucidar cuáles pueden ser esas consecuencias en el terreno político-electoral.

Primero, resulta menester ahondar un poco en las valoraciones colectivas en torno al suceso en cuestión. “Unos primeros datos de opinión pública (privados) del lunes a la mañana, cuando la gran mayoría no estaba contaminada aún por los detalles mediatizados del hecho, arrojaba muy altos porcentajes de las siguientes percepciones: 1) las denuncias de Nisman son creíbles; 2) fue un asesinato; 3) el Gobierno está involucrado en buena medida, y 4) no creen que se vaya a esclarecer el hecho”. Según Fara, “a la sociedad se le instaló una sospecha que será muy difícil de modificar” y quizás eso explique el cambio de carátula discursivo que el Gobierno hizo desde el “suicidio” del día lunes a la tesis de asesinato/complot de los días siguientes.

Otra encuesta, en este caso de Ipsos y del 19 de enero, encuentra que 70% cree que Nisman fue asesinado y más del 80% percibe que su denuncia, ahora en manos del juez Ariel Lijo, es “creíble”. Cuatro días más tarde, volvió a hacer las mismas preguntas y la percepción del asesinato bajó a 66% y sobre la credibilidad de la denuncia del fiscal, a 65%. Management & Fit, por su parte, detectó que 61% confía en la veracidad de las denuncias de Nisman. La amplísima mayoría cree que su muerte quedará impune y sin esclarecer. En líneas generales, las encuestas tiran para el mismo lado.

Hasta ahora, no se han conocido encuestas ex post sobre intención de voto o sobre qué dirigentes salieron mejor o peor parados. Para algunos, podrían esperarse cambios de la foto de finales de 2013, con el Gobierno, y sus candidatos, cayendo, y con Macri y, en menor medida, Massa, subiendo. Se verá. ¿Por qué Macri podría sacar más ventaja que Massa? Por ser quien más representa el cambio y por haber sido el primero en salir a hablar, primereando a su rival tigrense. Con encuestas en mano y gente en las calles, no les fue muy difícil sintonizar el mensaje que debían dar: Justicia para Nisman y que siga la causa. Lo cierto es que para la oposición es un desafío o, cuanto menos, una interrupción a sus planes originales de campaña.

A quien más descolocado dejó es a Daniel Scioli y justo en su mejor momento estacional: el verano. Por eso el mandatario habló una vez y volvió rápidamente a su “agenda positiva”.

Con los datos encuestorales mencionados anteriormente, la Casa Rosada se encuentra en una posición complicada. Fiel a su costumbre, intenta una salida por arriba de la situación, o por el costado, y contrataca, llevando el conflicto al Congreso (“desviandólo”, según la oposición) y ensayando una fuga hacia adelante. La estrategia se pulió en la semana y terminó en la propuesta de CFK de disolver la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE) y crear una Agencia de Federal de Inteligencia. La Presidenta se puso a disposición de la Justicia, delegó la resolución de las circunstancia de la muerte, como corresponde, en la Justicia y confirmó su viaje a China.

Ahora el proyecto pasará al Congreso, donde se espera un áspero debate. Eso asegura que el tema seguirá presente en los medios por unas semanas, aunque con eje en la AFI. El proyecto, inspirado por el ala más garantista y progresista del oficialismo, ingresará por el Senado, donde el kirchnerismo tiene mejores márgenes. La Cámara Alta, “por mayoría simple”, será la encargada de designar a sus nuevas autoridades, que serán propuestas por el Poder Ejecutivo. Aún no trascendieron quiénes serán los elegidos.

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