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El presente y futuro de Unidos y Organizados

05-03-2013
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El futuro del cristinismo en Unidos y Organizados. ¿Por qué es tan difícil prescindir del aparato? El retorno al peronismo de cara a las legislativas 2013.

Las gradas del José Amalfitani desbordaban de gente. Había banderas y globos de todos los colores, con inscripciones de todo tipo. Miles de militantes poblaron las tribunas y el campo de juego. Otro tanto se amontonó en las inmediaciones del estadio, sin poder ingresar. Con la excusa formal de conmemorar el día de los trabajadores y la victoria de NK en las elecciones de 2003, la Presidenta llegó al estadio de Vélez Sarsfield para dejar un claro mensaje: “Son ustedes los que tienen que seguir escribiendo su propia historia. Y deben hacerlo bajo el lema de este acto: unidos y organizados” .

El acto, organizado apenas unos meses después del contundente resultado electoral de 2011, fue interpretado por el cristinismo puro como el inicio de una nueva etapa, caracterizada por la incorporación de cuadros jóvenes a los espacios de poder y por una estrategia de despliegue territorial ejecutada al margen de la estructura tradicional del PJ.

Los organizadores del acto tomaron la exhortación presidencial al pie de la letra y se aglutinaron tras el sello “Unidos y Organizados”. Conformaron mesas de conducción con los referentes nacionales, provinciales y municipales de cada fuerza. Abrieron locales, organizaron visitas a los barrios, fijaron cronogramas de actividades y empezaron a coordinador la “bajada” de recursos sociales directamente al territorio. Entre los integrantes de UyO se cuentan agrupaciones juveniles, movimientos sociales y sindicales, y partidos progresistas y de izquierda.

En ese variopinto mosaico del cristinismo puro se ubican La Cámpora ?que ejerce un marcado rol de conducción?; la agrupación de Alicia Kirchner, KOLINA; el Movimiento Evita; la Corriente Nacional de la Militancia y el frente Nuevo Encuentro, revitalizado desde que la Presidenta le encargara a Martín Sabbatella la conducción operativa de “la madre de todas las batallas” , como la definen desde el propio sabbatellismo. A poco de andar, UyO blanqueó su estrategia política: desalojar de sus sillones a los caciques territoriales del PJ y reemplazarlos por dirigentes leales a la Presidenta. Según confió a el estadista una fuente ligada al Ministerio de Desarrollo Social: “Ese fue el mensaje que dejó Cristina cuando nos dijo 'vamos por todo' en el acto de Rosario” . Si no fue ese el verdadero sentido de la polémica frase, al menos así lo interpretaron varios dirigentes que ven en los jefes territoriales del PJ un límite conservador al kirchnerismo reformista.

Con el entusiasmo infundido por el espaldarazo presidencial, UyO ensayó una serie de movimientos dirigidos a desafiar a los caciques provinciales. En agosto de 2012, el opositor José Manuel De la Sota debió soportar una rebelión de intendentes cordobeses que se plantaron con el sello de UyO. En Santa Cruz, Daniel Peralta sobrevivió a varias embestidas de los diputados camporistas conducidos por Máximo Kirchner. En septiembre, La Cámpora motorizó un acto en La Pampa, al que asistió, con escaso protagonismo, el gobernador Oscar Jorge, y que funcionó como una señal hacia el peronismo pampeano alineado con el senador Carlos Verna, de pobres credenciales kirchneristas, y relegado en las listas de 2011 por la propia Presidenta para incluir como diputada nacional a la veinteañera María Luz Alonso.

Tampoco los aliados quedaron a resguardo. En octubre, Milagro Sala ?abierta rival del gobernador Eduardo Fellner? movilizó miles de militantes de la Tupac Amaru para el lanzamiento de UyO en Jujuy. En San Juan, un grupo de jóvenes del PJ alineados con José Luis Gioja terminó a los golpes con sus pares de La Cámpora. Al poco tiempo, UyO tuvo su bautismo diplomático en un desayuno con Lula, y su estreno electoral en la villa 21-24 de Barracas, donde derrotó a la lista del macrismo para la elección de autoridades vecinales. El conurbano también fue terreno de incursiones, aunque con mayor sigilo y articulación, dependiendo del grado de alineamiento del intendente. En los opositores municipios de Hurlingham y Malvinas Argentinas, el desafío fue abierto. En otros, como Ituzaingó y Merlo, los hijos de los jefes comunales directamente se sumaron a La Cámpora. En el sur del Conurbano hubo un despliegue pacífico pero no por ello menos tenso.

Sin embargo, un desafío tan abierto al justicialismo no podía sino generar cortocircuitos severos al interior de la alianza de gobierno. Luego de las protestas del 8N, la estrategia del Gobierno pareció haber girado nuevamente hacia la contención del clásico aparato peronista. El punto de inflexión fue el encuentro que mantuvieron en Santiago del Estero los integrantes de GESTAR, el instituto de formación política del PJ. Apenas una semana después de los cacerolazos, ocho gobernadores y varios dirigentes justicialistas dieron una explícita muestra de apoyo a CFK. Los caciques del PJ, avezados lectores de la dinámica política, entrevieron la oportunidad de recuperar el terreno perdido.

EL FRENTISMO K

La construcción de esquemas frentistas no es una novedad en la praxis política del kirchnerismo. Desde que Néstor Kirchner asumió la presidencia en mayo de 2003, el Gobierno ensayó alquimias que le permitieron contar con una base de sustentación más ancha que aquella que podía proporcionarle el PJ. Primero, la llamada transversalidad le permitió a Néstor Kirchner sumar a dirigentes que provenían de fuerzas menores. Gustavo Beliz, del centroderecha porteño, y Graciela Ocaña, oriunda del centroizquierda bonaerense del ARI, fueron la expresión de esa estrategia. Su fase superior fue la Concertación Plural, expresada en la fórmula presidencial Cristina- Cobos. El vicepresidente completó la formula por haberse ubicado a la cabeza de un numeroso grupo de gobernadores e intendentes radicales que acompañaron al Gobierno. En 2007, el grueso del poder territorial de las dos estructuras políticas tradicionales jugóbajo el amparo del Frente para la Victoria.

Dos años más tarde, con la alianza de gobierno estallada por el conflicto con el campo, Néstor y Cristina Kirchner profundizaron su arraigo en el PJ al tiempo que buscaron con mayor intensidad convencer a los espacios políticos, sociales y culturales de perfil progresista de que su Gobierno estaba dando una batalla contra las corporaciones. Ahora bien, UyO parece tener algunas diferencias importantes con las experiencias anteriores. En primer lugar, este espacio posee una carga ideológica que en el período 2003/2007 estuvo mucho más atenuada. Uno de sus objetivos es controlar el compromiso ideológico de las figuras políticas que forman parte del Gobierno y que tienen en sus distritos legitimidad democrática propia. En la Concertación Plural, ni los referentes bonaerenses más visibles de los radicales K, como Gustavo Posse y Enrique García, ni mucho menos el propio Cobos, hubiesen pasado por márgenes ideológicos tan estrechos como los que impulsa UyO.

Una segunda diferencia es que el período 2003/2009 no exigió a las piezas del esquema frentista un alineamiento incondicional. El énfasis de la convocatoria estaba puesto sobre la construcción del apoyo político necesario para sostener la salida de la crisis. El pluralismo y la amplitud fueron los valores rectores de la concertación. En cambio, la consigna en torno a la cual se aglutinan las fuerzas de UyO es la lealtad. Todas las fuentes camporistas coinciden en una máxima: “La única que conduce es Cristina, de ahí para abajo son todos militantes”.

Una tercera diferencia, atada a la anterior, es que, por primera vez, hay sectores del kirchnerismo que se animan a pensarse fuera del poder. En UyO coinciden en que uno de los objetivos es “construir el partido de Cristina”. En diálogo con el estadista, un funcionario de buen vínculo con los movimientos sociales razonó lo siguiente: “Si perdemos en 2015 habrá un espacio que mantenga las banderas que plantó el kirchnerismo en los últimos diez años. Eso no lo va a hacer nunca el PJ” . Desde luego, a pesar del escalofrío que genera en el cristinismo el peligro de un fin de ciclo, la continuidad en el poder es un objetivo irrenunciable. Y cuando de poder se habla, nuevamente, la pregunta por lo que hará el PJ escala posiciones.

PJ:¿SE PUEDE PRESCINDIR DE EL?

Ya sea para mantener viva la esperanza de una reforma constitucional o para llegar a 2015 con capacidad de imponerle al justicialismo un candidato propio, el kirchnerismo necesita, a la vez, lograr una buena cosecha legislativa este año y frenar a los dos opositores internos mejor posicionados: el gobernador Daniel Scioli y el intendente de Tigre, Sergio Massa. El Gobierno sabe que jamás podría lograr ambos objetivos si profundizara el alejamiento del justicialismo que insinuó en 2012 Unidos y Organizados.Luego del quiebre del sistema de partidos en 2001/2, la política territorial se volvió más importante que la política partidaria.

Sin embargo, el ciclo de valorización del territorio como variable central de la política no empezó con la última crisis sino mucho antes, con el retorno de la democracia. El politólogo Steven Levitsky, en un trabajo que quizás represente el mejor análisis del justicialismo moderno, explicó que a partir de 1983 los peronistas de La Renovación utilizaron los recursos públicos, a cuya administración habían accedido a través del voto popular, para construir una amplia red de clientelas políticas.

El objetivo era contar con un armado que les permitiera disputar de igual a igual con el actor que hasta entonces había hegemonizado la conducción del peronismo: los sindicatos. A partir de entonces, el sindicalismo fue desalojado de la centralidad del universo peronista por las ligas de gobernadores e intendentes, cuya base de poder ya no consiste en la organización de los trabajadores, fábrica por fábrica, sino en la llegada al territorio, barrio por barrio, con empleo público y gasto social focalizado.

A medida que las reformas neoliberales transformaron a los trabajadores en desocupados, las redes clientelares se fueron haciendo cada vez densas. La ecuación del poder interno en el PJ jamás se volvió a modificar. Además del impacto electoral y el control del territorio, las redes del justicialismo desempeñan una función central: el control operativo de los comicios. En la Argentina no alcanza con tener los votos. Además, hay que disponer de una estructura muy aceitada y formada por decenas de miles de fiscales y cuadros políticos capaces de auditar la elección y de pelear cada sufragio como si fuera el decisivo. La última fuerza no justicialista que contó con esa estructura fue la Alianza.

Por ahora, Unidos y Organizados está bastante lejos, salvo por excepción, de poder garantizarle al Gobierno Nacional los mismos servicios electorales que el PJ. Inclusive, aun si Unidos y Organizados pudiese aportar una estructura semejante, empujar al justicialismo afuera de la alianza de gobierno sería como invitar al aparato a que se busque un candidato, convite que tanto Scioli como Massa aceptarían con entusiasmo. Así las cosas, la pregunta sobre el futuro político del cristinismo no “pejotizado”podría responderse como sigue: Unidos y Organizados será, en definitiva, lo que Cristina Fernández quiera que sea.

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