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Vuelven los radicales

22-07-2013
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Hay varios indicios en los últimos tiempos de que la UCR está ganando la competencia intraopositora

Las elecciones legislativas provinciales de Misiones del 30 de junio plantearon una sugerente hipótesis de resultado para las PASO nacionales del 11 de agosto. El oficialismo kirchnerista, representado localmente por el Frente Renovador de la Concordia, logró el 34,5% de los votos. Si a ello le sumáramos el 5,9% del Frente para la Victoria, que presentó una lista aparte, el voto kirchnerista llegó al 40,4%. Y el segundo lugar fue para la UCR, con el 18,3%. El 41,3% restante se dividió entre otras siete fuerzas, varias de ellas vinculadas al voto peronista.

Para el radicalismo misionero no se trata de un resultado apoteósico ni mucho menos. Gobernó la provincia entre 1983 y 1987, y en las cuatro elecciones siguientes (1987, 1991, 1995 y 1999), aunque perdió frente al justicialismo, lo hizo siempre en forma ajustada: nunca obtuvo, en los '80 y '90, menos del 45% de los votos. Luego, como ocurriera en la mayor parte del país tras la crisis de 2001, la UCR misionera se derrumbó, y en las tres elecciones de gobernador siguientes (2003, 2007 y 2011), sus resultados fueron magros. Es respecto de ellos, y no de aquél voto consolidado de las décadas previas, que los 18 puntos de junio representan una recuperación.

Algo similar podemos esperar en varios distritos relevantes. La UCR, sola o en coalición, va a hacer buenas elecciones en Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Chaco, Río Negro, Capital y provincia de Buenos Aires, entre otros. El agregado de estos resultados provinciales arrojará, a nivel país, un segundo lugar detrás del oficialismo. Curiosamente, muchos radicales no están viviendo este retorno con demasiada emoción. Insisten en que el partido no tiene vida interna, que no genera nuevos liderazgos y ahuyenta a los jóvenes, y que la identidad radical se diluye en alianzas extemporáneas, como la que tienen con Pino Solanas o los Libres del Sur en la CABA. Todo eso es cierto, y también lo es que, si comparamos con lo que los radicales llegaron a ser, el escenario de 2013 no deja de lucir como un desempeño módico.

Pero los radicales están ganando la competencia intraopositora. En febrero de este año escribíamos que la oposición estaba empantanada en una paridad fragmentaria, ya que antes de iniciarse esta campaña, el PRO, la UCR, el PJ antiK y el FAP estaban en igualdad de condiciones y ninguno sobresalía sobre el otro. Ahora, todo indica que el partido que va a sobresalir es el centenario.

Pero las razones de su ascenso relativo parecen depender más de factores exógenos que de méritos propios. Que los tiene. En Misiones, como reconocen aún sus adversarios, el radical fue el único partido que renovó su oferta de candidatos, y atrajo nuevos votantes por esa razón. Y tiene una cantera potencial en las divisiones inferiores: la Franja Morada gobierna dos de cada tres centros de estudiantes en las universidades públicas argentinas.

No obstante, la principal causa de la primavera radical es el estancamiento de sus competidores naturales. Mientras que la UCR logró, sin demasiado esfuerzo, mantener una cierta presencia en los principales distritos del país, el PRO y el FAP hoy están sufriendo la territorialidad.

Este año, volverá a ponerse en evidencia que el macrismo no logra salir de los confines de la Capital. Distrito en el que también enfrenta un serio desafío, precisamente por la conformación de una amplia alianza filoradical. Y en Santa Fe, la única esperanza federal del PRO, Del Sel va tercero en todas las encuestas.

Por su parte, el FAP modelo 2013 no tiene la fuerza que el de 2011. En Santa Fe, la candidatura de Binner está en primer lugar, pero el Frente se dispersó en el resto de los distritos. El partido de Luis Juez no tiene buenos números en Córdoba, y el FAP no se constituyó como tal en el resto de los distritos grandes.

No menos disperso quedó el peronismo disidente, mutado en nestorismo anticristinista, tras el lanzamiento del Frente Renovador bonaerense. La foto del 1º de mayo (De la Sota, De Narváez, Lavagna y Moyano, convocando a saltar a Massa y Scioli desde el atril) perdió competitividad. De la Sota está abocado a mantener posiciones en Córdoba, De Narváez aliado a Moyano sufre el efecto Massa, la negociación entre Lavagna y el macrismo terminó mal, y Alberto Fernández aún no se repone de la indigestión ocasionada por los gestos de lealtad sciolista.

Hay una sobreoferta de opciones peronistas en esta elección, las otras alternativas opositoras pasan por un mal momento, y en este contexto el radicalismo queda, otra vez, como la segunda fuerza política del país. Pero esto no alcanza a los jóvenes radicales, opacados por una dirigencia encaramada en sus sillas, que mantienen un pronóstico reservado sobre el futuro del partido. Los datos son insoslayables: este radicalismo del 20%, con vistas a 2015, vuelve a ser una opción. No está claro, sin embargo, qué está haciendo y que hará para aprovechar este potencial.

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