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Keir Starmer
Reino Unido

Los peligros que enfrenta Keir Starmer

Si bien no hay que subestimar la magnitud de la victoria laborista, en varios sentidos esta fue la elección del rechazo a los conservadores.

Ramiro Gamboa 08 julio de 2024

Los resultados para Keir Starmer en las elecciones generales del Reino Unido han sido extraordinarios. El laborismo pasó de una de sus peores elecciones desde 1935 con la performance de Jeremy Corbyn en 2019 a ganar una elección con 412 escaños en el Parlamento británico de un total de 650 miembros (el 64 % de los escaños). 

Starmer logró lo que no ocurría desde 1997, cuando Tony Blair, junto a Gordon Brown y el nuevo laborismo, lograron cambiar un gobierno conservador por uno laborista con 418 miembros del Parlamento. 

El laborismo es el partido más grande en Inglaterra, Escocia y Gales: el primer partido que lo consigue en un cuarto de siglo. 

Starmer triunfó en Gales, donde los conservadores no obtuvieron ni una banca, y en Escocia, donde el partido nacional escocés (el SNP) tuvo un retroceso gigantesco por los casos de corrupción, la incompetencia para llevar la causa de la independencia a alguna parte y la agenda woke que alejó al partido de las preocupaciones de las familias trabajadoras escocesas. 

Todo indica que Keir Starmer será el gran ganador.
 

Si bien no hay que subestimar la magnitud de la victoria laborista, en varios sentidos esta fue la elección del rechazo a los conservadores: los tories hicieron la peor elección en la historia con 121 escaños en el Parlamento, incluso peor que los 156 escaños que lograron en 1906. 

Los planes de austeridad de David Cameron y el Brexit en 2016 con sus consecuencias económicas que significaron un fiasco para el bienestar general (según encuestas serias, el 56% de los votantes cree que el Brexit ha sido malo para la economía), la falta de cintura política de Theresa May para ejecutar el Brexit, la destrucción de cualquier sentido del respeto hacia lo público de Boris Johnson con fiestas en medio de la pandemia, el presupuesto de Liz Truss que devaluó la libra y aumentó el costo de las hipotecas de las clases medias, y la falta de logros económicos de Rishi Sunak con una incompetencia feroz para controlar la inmigración ilegal llevaron a que los conservadores fueran castigados en las urnas. 

Starmer y su mujer
Starmer y su mujer

Uno. Estrategia electoral acertada

Aunque hubo una "Labour landslide", una victoria electoral "abrumadora", "sísmica", "histórica" de los laboristas, como titularon la mayoría de los diarios, la victoria fue de la eficacia del voto de los laboristas. 

El equipo de campaña de Starmer no se esforzó por invertir tiempo y energía en lugares donde tenía una caída de apoyo notable, sino que apuntó a asegurar el voto en los distritos que podía conquistar; buscó recuperar escaños en las zonas de voto tradicionalmente laborista del "muro rojo" que se habían perdido con la campaña eficaz del "Get Brexit done" de Boris Johnson en 2019. Los estrategas laboristas buscaron volver a conectar con las familias de origen obrero, que no se sentían representadas por el discurso de Corbyn.

La estrategia fue exitosa. Jeremy Corbyn en el 2019 obtuvo 32% de los votos, pero se quedó con 203 asientos en el Parlamento, mientras que Starmer obtuvo 33,8% de los votos, pero se quedó con 412 escaños. 

"En el Reino Unido se eligen los representantes por circunscripciones uninominales. Cada distrito electoral elige a un solo miembro para ocupar un lugar en Westminster; el partido que saca más votos en cada distrito se queda con el escaño. Es interesante la dinámica de elecciones uninominales porque hace que los políticos vuelvan a su pueblo, a su ciudad, escuchen los reclamos, se tomen una cerveza con potenciales votantes, se vinculen directamente con los ciudadanos. 

Otro rasgo distintivo del sistema británico es que los ministros que forman parte del gabinete tienen que sí o sí haber sido elegidos como miembros del parlamento por los ciudadanos del lugar donde viven. Es una forma inteligente de que la población participe de una forma más directa de la elección del gabinete. Cada ministro es votado por la ciudadanía, esto hace un sistema más dependiente de la voluntad popular que el sistema para elegir el gabinete que tiene el presidencialismo", explica el politólogo e investigador del Conicet Ignacio Santoro a El Economista.

Dos. Starmer no enamora, pero no asusta

Si bien el consenso general entre la élite periodística británica es que Starmer no enamora -como escribe George Eaton en la revista The New Statesman- tampoco asusta, y eso fue determinante para ganar la elección. El rasgo tranquilizador de la figura de Starmer para los votantes moderados fue importante porque los laboristas hubieran triunfado en las elecciones del 2015 (donde los laboristas hicieron una alianza poco creíble con el partido nacional escocés), 2017 y 2019 (donde el líder fue Jeremy Corbyn) si sus propuestas electorales hubieran serenado a una porción considerable de los votantes británicos. Un número importante de ciudadanos que rechazaba a los conservadores, pero temían el manejo de la economía y de la seguridad nacional en manos de Corbyn, aceptaron poner la boleta de Starmer en la urna.

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La socióloga Mercedes Máspero, quien vive y trabaja en Londres, y que estudia una maestría en antropología digital en el University College of London, conversa con El Economista: "Una de mis amigas, Lucila San Martín, dijo que el triunfo de Starmer fue 'un gol sin tribuna' y eso define perfectamente la sensación que veo a mi alrededor. Fui a ver los resultados a un pub, y si bien gritaron la cuenta regresiva antes de los resultados no vi mucha emoción, y eso que es una elección histórica. 

Esto tiene que ver con varias cosas: no fue una sorpresa por todas las encuestas que se habían publicado; Starmer fue polémico la última semana antes de las votaciones, particularmente sobre las personas trans, ¡menos de una semana después de la marcha del orgullo gay! 

Esto refuerza la idea de que no es un candidato tan de izquierda como a algunos de sus votantes les gustaría. También noto una sensación de imperio en decadencia entre la gente más grande (mayores de cuarenta). Hay desgano y una idea instalada de que no van a poder cambiar las cosas. Entre los más jóvenes (y 'progres' de Londres) hay una sensación de que no se debaten los temas que a ellos les importan: la crisis de las viviendas, el medio ambiente, el conflicto con Palestina. 

Finalmente, noto que los ciudadanos le prestan más atención a la política internacional por sobre la nacional; escuché más comentarios sobre el debate en Estados Unidos: se habló más de eso en los podcasts políticos de UK que sigo, que sobre los debates entre Rishi Sunak y Keir Starmer. Muchos británicos están aburridos y desilusionados con su política local".

Starmer con el Rey Carlos III
Starmer con el Rey Carlos III

Tres. Las amenazas de Starmer

El laborismo en el poder tiene amenazas de izquierda a derecha: el partido Verde, a la izquierda de Starmer, logró aumentar su porcentaje de votos del 2,7% en 2019 al 7% en 2024, y consiguió lo que buscó en su campaña electoral: ganar cuatro parlamentarios. 

Hubo un avance de partidos independientes pro-Gaza en lugares como Blackburn y Leicester South, lo que introduce el voto étnico y religioso en la elección. "Los resultados plantean algunas preocupaciones para los laboristas de cara al futuro en las zonas con alta población musulmana, donde los candidatos independientes que se presentaron con una plataforma electoral pro-Gaza lograron un gran éxito: ganaron tres escaños y estuvieron cerca de ganar otros distritos. Los laboristas tendrán que encontrar la manera de volver a captar a estos votantes en los próximos cinco años; de lo contrario, corren el riesgo de perder lo que una vez fue un bastión de votantes laboristas de confianza", dice Thomas Smith, que trabaja en consultoría política y estudió una maestría de Política y Comunicación en la London School of Economics.

Esta derrota del laborismo en distritos con una mayor población musulmana se debe, entre otras razones, a una entrevista que Starmer le dio a LBC, en la que aseveró que Israel tenía derecho a retener el agua y la electricidad en Gaza; una declaración dañina para el candidato laborista, de la que luego se retractó. En Islington North, otro candidato que también es crítico de la posición Israel-Gaza de Starmer es el exlíder del laborismo, Jeremy Corbyn, que ganó cómodo en su distrito con una mayoría de más de siete mil votos.

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Starmer tiene 63% de los escaños en el Parlamento británico (412 de 650 escaños); el gran tamaño de este bloque hace que sea natural la aparición de internas y diferencias dentro de las filas de la centroizquierda moderada del laborismo: el límite de los beneficios sociales de la "asignación universal por hijo" británica que hoy solo puede darse a un máximo de dos hijos, los salarios del sector público y la venta de armas a Israel son temas que están en discusión.

La extrema derecha, encabezada por el dirigente excéntrico Nigel Farage, una versión de Javier Milei británica, logró entrar al Parlamento por primera vez después de ocho intentos frustrados. Fue el tercer partido más votado en términos de votos (cuatro millones, lo que representa el 14 % de los electores), desplazó a los conservadores al tercer puesto en muchos distritos (lo que ayudó a los laboristas a tener una mayoría abrumadora de escaños) y logró cinco escaños en Westminster. Lo peligroso de Farage es que en su discurso de victoria anunció que va por los votantes laboristas. 

Si Starmer y su ministra de Hacienda, Rachel Reeves, no logran cumplir su promesa de hacer crecer la economía, de unir a las islas del Reino Unido y de frenar la inmigración ilegal, Farage puede lograr cautivar a votantes desencantados con un gobierno laborista en las próximas elecciones. 

Otro limitante de Starmer es que será difícil que gobierne "en nombre del pueblo". El moderado porcentaje de votos, 33,8%, y la baja participación de la ciudadanía en la elección -60%, la más baja desde 2001-, hacen que la legitimidad popular del gobierno sea decente, pero no desbordante. Además, los laboristas estuvieron fuera del poder catorce años, lo que implica que pocos miembros del equipo de Starmer tienen experiencia ministerial en la cima del Gobierno. 

Sólo David Lammy, ministro de asuntos exteriores, Yvette Cooper, ministra del interior, y Ed Miliband, ministro de energía, han ocupado altos cargos. La experiencia de Starmer como procurador general, aunque valiosa, no lo expuso a los aspectos más intensos de la toma de decisiones políticas.

Cuatro. Starmer no es Blair

Tony Blair aseguró cuando se convirtió en primer ministro en 1997 que el mundo vivía una era posclasista luego de la caída del muro de Berlín. Si tuviéramos que identificarlo ideológicamente, podríamos ubicar a Blair como un político de "extremo centro", como conceptualizó el politólogo Daniel Lutzky. En cambio, Starmer, durante la campaña electoral, ha hablado del origen obrero de su familia, ha sabido identificar la vergüenza de la clase trabajadora frente al esnobismo de las clases altas y ha reivindicado a Ernest Bevin, ministro de Asuntos Exteriores de Clement Attlee, quien aseguraba tener conciencia de clase, no odio de clase.

Tony Blair
Tony Blair

Otra diferencia entre Blair y Starmer es que mientras el 32% del gabinete de Blair fue a escuelas privadas (el 69% de los ministros del gobierno conservador de Rishi Sunak también), el gabinete que va a liderar Starmer es el más educado por la escuela pública británica desde 1945: solo el 13 % de los ministros fueron a colegios privados. 

Además, Starmer prometió cobrar mayores impuestos a las escuelas privadas, crear la empresa pública de energía "GB Energy" (para la que ya se han reservado 8.000 millones de libras), renacionalizar los ferrocarriles, prohibir nuevas licencias de petróleo y gas en el Mar del Norte a capitalistas extranjeros y reducir la edad para votar a los dieciséis años. 

Cinco. Futuro previsible

Starmer inaugura un período de previsibilidad en la política británica, en el que los ciudadanos, la sociedad civil y las empresas pueden esperar que el gobierno haga precisamente lo que prometió hacer. 

El partido conservador, desgarrado por disputas entre facciones y luchas internas, no ha sido capaz de impulsar una agenda legislativa desde la votación del Brexit en 2016. Esto no será un problema para Starmer, porque tiene la mayoría parlamentaria necesaria para actuar rápido. 

Se trata de un gobierno unido en torno a sus cinco misiones, que incluyen el crecimiento económico, la mejora del sistema de salud público, el combate a la delincuencia, la mejora de la educación pública y la promoción de las energías limpias. "Su campaña fue pragmática y funcionó bien para llevarlo al poder, pero ahora necesitará ejecutar políticas más concretas. Su apoyo es amplio, pero volátil, y podría salir perjudicado en las próximas elecciones si no cumple sus promesas rápidamente", asegura Sebastian Leman, que trabaja en una consultora privada de Londres.

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Starmer va a estar presente en la cumbre de la OTAN en Washington que será del 9 al 11 de julio, donde espera encontrarse con su par estadounidense Joe Biden. El 17 de julio va a pronunciar "el discurso del Rey", que expone el programa legislativo del Gobierno, en el que Starmer defenderá las cinco misiones de su gobierno y detallará los proyectos de ley que quiere que se debatan en Westminster. El 18 de julio será la cumbre política europea en el Palacio de Blenheim, donde el líder británico va a expresar sus ideas para reinventar la relación con la Unión Europea que los tories supieron destruir. 

"Lo más difícil para un político es reconocer que las destrezas que te llevaron a ganar una elección no son las mismas que necesitás para mantenerte en el poder", escribe Tony Blair. Starmer demostró su capacidad para encontrar a los estrategas adecuados para llegar al poder; ahora necesita encontrar el equipo indicado que le ayude a atravesar el fuego del poder sin quemarse.

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