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América Latina

Presente y futuro del bolsonarismo

Más allá de lo que pase en las elecciones, el bolsonarismo -o de manera más general, un proyecto político de derecha popular- tiene futuro en Brasil

Presente y futuro del bolsonarismo
Tomás Múgica Tomás Múgica 30-10-2022
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El resultado de la elección presidencial brasileña, cuya segunda vuelta tendrá lugar el domingo 30 de octubre, está abierto. 

Datafolha estima que el líder del PT obtendría el 52% de los votos válidos, contra el 48% de Jair Bolsonaro, cifras dentro del margen de error. Un promedio de encuestas elaborado por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) otorga 52.8% a Lula y 47.2% a Bolsonaro.

La campaña se desarrolla en un clima duro, cargado de insultos y fake news. Los candidatos disputan los votos de Simone Tebet, Ciro Gomes y los demás contendientes que quedaron fuera en la primera vuelta; al tiempo que buscan conseguir apoyos entre los que se abstuvieron (21%) y votaron en blanco (5%). 

Bolsonaro sostiene su crítica a las autoridades electorales y amenaza con desconocer el resultado en caso de derrota. Las presiones internacionales -especialmente de EE.UU.-y la respuesta de los militares, al menos hasta el momento, representan obstáculos en un sendero de este tipo. 

Cualquiera sea el resultado de la segunda vuelta, la primera ronda deja una certeza: el bolsonarismo -o de manera más general, un proyecto político de derecha popular- tiene futuro en Brasil. Señalamos dos elementos en este sentido: a) la fortaleza electoral del actual gobierno y sus aliados; y b) la consolidación de la identidad político-ideológica de la coalición que respalda a Bolsonaro. 

Más allá de la performance del propio Bolsonaro, por encima de lo esperado, la fortaleza electoral de su coalición quedó de manifiesto en las elecciones legislativas y de gobernador. En el Congreso, fue notable el crecimiento del mandatario y sus aliados. El Partido Liberal (PL) se situó como la fuerza con mayor número de bancas en Diputados, con 99 asientos sobre 513. 

Ese resultado le otorga una base interesante para la inevitable alianza con el Centrao, que el próximo presidente -sea Lula o Bolsonaro- necesitará, una vez más, para obtener gobernabilidad: si se suman el PL (99), los cercanos Progressistas (47) y Republicanos (41), y el más distante Uniao Brasil (59), se llega a 246 bancas. El PT y sus aliados (comunistas y verdes), con 80 bancas, parten de más abajo. En el Senado, el oficialismo también logró buenos resultados. El PL tendrá 14 bancas propias y será la fuerza más grande del cuerpo. El PT, en tanto, contará con 8 senadores propios. Nuevamente, la alianza con el Centrao será decisiva: en ese espacio jugarán un rol importante el Partido Social Democrático (PSD, del actual Presidente del Senado, Rodrigo Pacheco), con 11 bancas, Uniao Brasil (9) y el MDB (9).

A estos números hay que agregar un elemento cualitativo: el triunfo de candidatos estrechamente identificados con Bolsonaro. Varios exministros -algunos de ellos con un record controversial- de la actual administración resultaron electos, como Eduardo Pazuello (Salud), el candidato a Diputado más votado en Río de Janeiro; Damara Alves (Mujer), Senadora por el Distrito Federal; Ricardo Salles (Ambiente), Diputado por San Pablo; Tereza Correa (Agricultura), Senadora por Mato Grosso do Sul; y Sergio Moro (Justicia), ya reconciliado con Bolsonaro, Senador por Paraná. A la lista se suman el actual vicepresidente Hamilton Mourao, electo Senador por Rio Grande do Sul, y el hijo del Presidente, Eduardo Bolsonaro, quien renovó su banca de Diputado por San Pablo. 

En cuanto a la elección de gobernadores, en 9 Estados triunfaron aliados de Bolsonaro, incluyendo Río (Cláudio Castro - Partido Liberal) y Paraná (Ratinho Júnior). A ellos se suma Romeu Zema (Partido Novo), reelecto en Minas Gerais -el segundo Estado más poblado del país- quien declaró su apoyo a al Presidente al día siguiente de la primera vuelta. En los Estados en los que hay segunda vuelta, los partidarios de Bolsonaro cuentan con grandes chances de triunfar en varios distritos, incluyendo los estratégicos San Pablo (Tarcisio Gomes de Freitas) y Río Grande do Sul (Onyx Lorenzoni). 

En resumen, los aliados dela actual Gobierno consolidan su dominio en algunos de los territorios más poblados y ricos de Brasil. 

Consolidación de una identidad

La otra certeza que deja la primera vuelta es la consolidación de la identidad político-ideológica de una coalición de derecha popular, hoy encabezada por Bolsonaro (y que por ello llamaremos bolsonarismo, aunque su liderazgo pueda cambiar en el futuro). 

Desde el punto de vista socio-económico, el bolsonarismo tiene un fuerte componente de clase media (su voto comienza a crecer por encima de los dos salarios mínimos), pero alcanza también a sectores más pobres (como buena parte de los evangélicos). En términos regionales su fortaleza está en el Sur, el Centro-Sur -las áreas económicamente más modernas y prósperas-y el Centro-Oeste, foco del agronegocio. 

La base electoral que respalda al Presidente y sus aliados está unida no sólo por el horror al PT, sino también por la coincidencia en torno a ciertos valores y programas. Aunque es un elemento importante, no se trata sólo de un rechazo a la figura de Lula (que alcanza el 46%, según Datafolha), a sus políticas redistributivas y a los escándalos de corrupción durante los gobiernos del PT; el anti-petismo es parte de la historia, pero hay bastante más. 

La elección muestra que una amplia porción del electorado apoya un proyecto conservador en materia de valores, pro-mercado en lo económico y que demanda la mano dura en el terreno de la seguridad (incluyendo la propuesta, controversial aún entre los electores favorables a Bolsonaro, de hacer justicia por mano propia, a través de la liberalización en el uso de armas). Se trata de una coalición heterogénea y no exenta de contradicciones internas, pero que al mismo tiempo muestra cierta coherencia y proyección a futuro.

Lo que hace un par de años parecía -en el contexto brasileño- una propuesta marginal, casi una excentricidad impulsada por figuras como Olavo de Carvalho, uno de los mentores ideológicos de Bolsonaro, y el ex Canciller Ernesto Araújo, hoy presenta un aspecto más articulado y sólido. 

En el debate actual entre conservadores y progresistas, que trasciende Brasil y atraviesa el mundo occidental, Bolsonaro y gran parte de sus seguidores forman parte del campo conservador.

El rechazo al aborto, la defensa de la familia tradicional, el cuestionamiento a las políticas de identidad de género y la oposición a la liberalización del consumo de drogas son algunos de los temas que conforman la agenda conservadora. 

El lema "Dios, Patria, Familia y Libertad" (heredero del lema del Integralismo, movimiento fundado en los años 30 por Plínio Salgado) utilizado por el Presidente en su último discurso ante la Asamblea General de la ONU, resume esta visión. 

Algunos datos de opinión pública muestran el respaldo a estas posiciones en la sociedad brasileña: según un estudio de Ipespe de febrero 2022, el 58% de los brasileños se declara en contra de la legalización del aborto y el 69% se opone a la liberalización de las drogas; un estudio de Datafolha (octubre 2022) señala que el 82% considera importante la defensa de la familia tradicional para definir su voto a Presidente.

Las iglesias evangélicas juegan un rol fundamental en la construcción de esa identidad. Aproximadamente un 30% de la población de Brasil pertenece a alguna rama del evangelismo, mayormente de orientación pentecostal. 

La Asamblea de Dios y la Iglesia Universal del Reino de Dios son posiblemente las más conocidas (esta última controla un partido político, Republicanos, que cuenta con 41 diputados). El apoyo a Bolsonaro es mayoritario entre los evangélicos y ronda el 66% contra el 28 % de Lula. 

Un ejemplo reciente de la potencia política de las posiciones conservadoras es el de Nikolas Ferreira (PL, Minas Gerais), un joven de 26 años que resultó el diputado federal más votado del país, con 1,5 millones de votos. Ferreira, quien se define como "cristiano, conservador y defensor de la familia", fue criado en una favela y se recibió de abogado en la Universidad Católica de Minas Gerais. 

El joven, que acumula millones de visualizaciones en las redes sociales, también es un ejemplo de un dominio del entorno digital que no encuentra paralelo en la campaña de Lula. 

  • Las cifras son elocuentes: Bolsonaro supera ampliamente a Lula en número de seguidores en Instagram (22 millones de seguidores contra 7 millones de Lula), Facebook (14 millones a 5 millones), Twitter (9 millones a 4 millones), Tik Tok (2.7 millones a 1.4 millones). 

La consolidación de la identidad político-ideológica del bolsonarismo repercute sobre otros actores, tanto adversarios como aliados, en Brasil y en la región. 

Dos notas al respecto. 

Primero, en su intento por conseguir el favor del electorado más conservador, Lula reconoce y recoge parte de su agenda. Ello quedó de manifiesto en sus declaraciones sobre el aborto (manifestó que a nivel personal está en contra), sobre la religión (reafirmó que es cristiano, que no va a cerrar iglesias y hasta que no tiene tratos con el diablo) y en su Carta Pública al Pueblo Evangelista, lanzada pocos días atrás.  

Segundo, el bolsonarismo fortalecido se anima con más fuerza a exportar sus ideas a nivel regional, con una recepción que excede a figuras marginales o anti-sistema: en su viaje a la Argentina, Eduardo Bolsonaro fue recibido por importantes dirigentes de Juntos por el Cambio, como Miguel Pichetto y Joaquín de la Torre. 

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Ambas son postales del tiempo que viene en Brasil. Incierto para Jair Bolsonaro, que el domingo 30 enfrenta una batalla electoral muy complicada. Más promisorio y seguro para un proyecto de derecha popular, que muestra signos evidentes de consolidación. 

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