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2003-2023: dos elecciones con mucho en común

Como en 2003, 20 de las 24 jurisdicciones han desdoblado, y no estamos 100% seguros de que la provincia de Buenos Aires no decida hacerlo.

A 20 años de una elección histórica.
A 20 años de una elección histórica.
Julio Burdman 27 abril de 2023

Se cumplen veinte  años de una jornada que marcó un hito de la política argentina del Siglo XXI. El 27 de abril de 2003 se celebraron las primeras elecciones presidenciales después de la crisis de 2001, y aquella votación tuvo al menos dos características distintivas.

  1. La oferta de candidatos fue muy fragmentada, con cinco postulantes con posibilidades reales de disputar el triunfo.
  2. La competencia presidencial estuvo prácticamente "aislada" de los otros niveles electorales, ya que las elecciones de otros cargos (legisladores nacionales, y la gran mayoría de las gobernaciones) se realizaron en otras fechas. 

Ambas características fueron determinantes de los resultados, y con todas las diferencias del caso, recuerdan un poco al panorama que enfrentamos este año.

Para poner aquella elección en contexto, recordemos que Fernando de la Rúa había renunciado a la presidencia a fines de 2001, en el marco del colapso del régimen de convertibilidad y todo el descalabro social político y financiero que trajo aparejado, y que en 2002, tras semanas de turbulencia institucional, se formó una alianza entre el peronismo y un sector del radicalismo para elegir desde el Congreso a Eduardo Duhalde, con el mandato de completar el período de De la Rúa hasta fines de 2003. 

En ese lapso Duhalde logró ordenar la macroeconomía, asumiendo los costos políticos y sociales de las durísimas medidas que tuvo que adoptar junto a su ministro de Economía, Roberto Lavagna, pero decidió no ser candidato a presidente en la elección por venir. Sus razones para no hacerlo aún son motivo de debate, pero sin dudas pesó el hecho de no contar con el respaldo de todo el peronismo, que se encontraba aún muy dividido. 

Su adversario Carlos Menem mantenía influencia política y electoral, y Adolfo Rodríguez Saá, enfrentado a Duhalde por la falta de apoyo recibido durante su breve presidencia interina, preparaba su candidatura con entusiasmo; el presidente bonaerense vislumbraba que Menem y Rodríguez Saá podrían llegar a aliarse contra él. 

En ese marco, Duhalde utilizó a fondo su "lapicera" doble -la que firma decretos en la Rosada, y resoluciones en la calle Matheu- y organizó una elección a medida de su triunfo. Adelantó la fecha de los comicios al 27 de abril, previa renuncia a su mandato hasta fin de año -hubiera correspondido votar en octubre-, y la "desdobló" de las legislativas. Con ello, automáticamente separó a las elecciones presidenciales y de gobernador.

Solo dos distritos alinearon sus calendarios provinciales con los nacionales, en protesta contra el diseño duhaldista: La Rioja y San Luis, los terruños de los peronistas del interior que desafiaban al presidente. 

A su vez, Duhalde convocó a un congreso del PJ, con el objetivo para voltear cualquier intento de convocatoria a una interna partidaria para elegir candidato presidencial, y el cónclave fue aún más allá de lo anunciado, sorprendiendo a muchos de los que estaban allí para respaldar a Duhalde: se aprobó una moción que decidió retirar al partido de la elección presidencial, y "dejar en libertad a los afiliados" para que presenten candidaturas "por fuera del partido". 

De esa forma, Duhalde se garantizó que Menem o Rodríguez Saá no copasen el peronismo, y trasladó la interna justicialista a la elección general. Hubo tres candidatos peronistas, Menem, Kirchner y Rodríguez Saá, y Duhalde -padrino del segundo- sabía que contaba con la fuerza del antimenemismo a su favor: lo importante no era ganar, sino crear las condiciones para que su candidato pueda competir, y llegue al balotaje.

Mientras tanto, la antigua Alianza UCR - Frepaso, que había ungido a De la Rúa pocos años antes, estaba en una situación aún peor. El Frepaso se había disuelto como fuerza política; sus líderes visibles -Chacho Alvarez, Graciela Fernández Meijide- dieron un paso al costado durante todo el proceso, mientras que Aníbal Ibarra, su dirigente más resiliente en 2003, se replegaba en la Capital con una propuesta de tono local. 

Y la UCR, que cargaba sobre su espalda con la culpabilización por el desastre de 2001, no desaparece pero asiste a la dispersión de su electorado hacia nuevas formaciones neoradicales: López Murphy y Elisa Carrio habían creado sus propios partidos, que juntos reunieron el 31% de los votos el 27 de abril de 2003, mientras que el candidato oficial de la formación centenaria, el valiente Leopoldo Moreau, solo cosechó 2%.

Este repaso de la historia reciente es para recordar que la gran fragmentación de los votos presidenciales en 2003, aunque reflejaba la ruptura de las dos grandes coaliciones electorales de 1999 en un marco de fuerte crisis, fue facilitada por el diseño electoral de Duhalde. 

Sin desdoblamiento electoral y con un PJ en la cancha, los resultados hubieran sido distintos, tanto en el peronismo como en el (neo)radicalismo: de alguna forma, los partidos hubieran presionado para concentrar la oferta, sea con alianzas creativas o realizando elecciones internas, y la política provincial hubiera ayudado a ordenar el voto hacia los candidatos propios de cada fuerza. 

Mientras tanto, veinte años después también asistimos a una crisis de la representación política. Los renunciamientos en masa de las figuras más importantes a sus respectivas reelecciones -Cristina Kirchner, Mauricio Macri y el propio presidente- son una expresión de la crisis. 

A su vez, sin ellos en la cancha, los incentivos hacia la fragmentación partidaria y coalicional son mayores, y hoy asistimos a la posibilidad de que haya ruptura en ambas coaliciones, y posibles nuevos alineamientos alrededor de los precandidatos. 

Por ejemplo, la emergencia de Javier Milei crea un problema para Juntos por el Cambio: si Larreta es candidato, muchos simpatizantes bullrichistas podrían votar a Milei, y si Bullrich es la candidata, muchos cambiemitas podrían verse tentados a votar por alguna opción justicialista-radical impulsada desde Córdoba. Naturalmente, si hablamos de una alianza previa entre Milei y un sector del PRO, la ruptura es un hecho.

El Frente de Todos tiene sus discusiones similares, cada vez más explícitas, aunque hoy luche contra ellas por una actitud defensiva. Y hay que destacar que todos estos fenómenos, que tienden a la fragmentación -emergencia de Milei, internismo en las dos coaliciones- hoy se ve facilitado por el masivo desdoblamiento electoral entre comicios presidenciales y de gobernador: casi como en 2003, 20 de las 24 jurisdicciones han desdoblado, y ni siquiera estamos 100% seguros de que la provincia de Buenos Aires no decida hacerlo a último momento.

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