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Ajuste o gobernabilidad

Si Milei está dispuesto a negociar ajuste por gobernabilidad, lo que pasó con los gobernadores patagónicos es una oportunidad.

El presidente Javier Milei.
El presidente Javier Milei.
Julio Burdman 22 marzo de 2024

El plan económico ultraliberal de Javier Milei tiene tres pilares: ajuste, reforma del Estado y desregulación. En términos prácticos, estos tres pilares son las medidas de Luis Caputo (y el BCRA), la ley Bases y el DNU 70/23. Pero los pilares están chocando entre sí. Mientras que el ajuste se implementa a partir de resoluciones ministeriales, la ley y el DNU dependen del juego interpoderes: el Congreso debe aprobar, y la Justicia puede bloquear.

El escenario es singular. Argentina es presidida por un completo outsider sin apoyos legislativos ni gobernadores propios, pero con una extraordinaria habilidad para mantenerse popular en el contexto de un ajuste de magnitud.

Nueve de diez votantes de Milei en el balotaje siguen apoyándolo en su centésimo día de frenética gestión, aun cuando la gran mayoría de ellos reconozca que la alta inflación se lleva puesta a su economía familiar.

La incesante batalla contra "la casta" y el mensaje de que Milei lucha decididamente contra problemas heredados de otros están rindiendo frutos. 

Que la popularidad presidencial no se haya derrumbado, y que medio país comparta la idea de que el ajuste era inevitable -aunque se queje de que pesa más sobre la gente que sobre "la casta"- es uno de los datos centrales del análisis político. Hay que agregar a eso que la popularidad de Milei cohabita con la impopularidad de la mayoría de los dirigentes nacionales. No obstante, este mandatario exitoso en el manejo del ajuste y la opinión pública apenas puede avanzar en los otros dos pilares de su plan. 

Milei tuvo que retirar la Ley porque no le aprobaban los artículos más sensibles, aunque promete reenviarla en el marco del Pacto de Mayo que promueve, y el decreto fue rechazado parcialmente por la Justicia y totalmente por el Senado. Este cuadro por ahora augura un gobierno que ajusta pero no reforma ni desregula. Milei sintetiza el dilema, o el choque, en modo advertencia: "Si no me aprueban la Ley y el DNU, voy a sobreajustar a la política".

Este es el origen, o el meollo, del escenario político 2024: el poder real que destraba la aprobación de la reforma (Ley) y la desregulación (DNU) son los gobernadores, a través de los legisladores que les responden, y sobre ellos pende la amenaza de ajustar aún más. Las provincias se están desfinanciando y Milei, con las herramientas de su cargo, puede profundizar esta tendencia.

De esta manera, el plan de Milei enfrenta un dilema entre su poder ejecutivo de ajustar presupuestos (milagrosamente avalado por un segmento importante de la opinión pública) y la gobernabilidad necesaria para aprobar legislación reformista. Y este dilema se ve envuelto en la relación central de la política argentina, que es el choque entre la Nación y las provincias.

La Nación tiene el poder de ajustar a las Provincias, vía control de transferencias y otras formas de manejar sus ingresos, y las provincias tienen la llave del Congreso que aprueba leyes y rechaza decretos. Los gobernadores les proponen que ajuste menos a cambio de gobernabilidad para reformar y desregular; Milei por ahora no da el brazo a torcer, y probablemente tiene un as en la manga para al Pacto de Mayo por venir.

¿Milei sabía que el dilema ajuste versus gobernabilidad iba a mutar en un enfrentamiento abierto entre Nación y provincias? Por supuesto que sí. Milei podrá ser libertario, presidente de la Nación, amante de los perros, o político outsider, pero por sobre todas las cosas es un economista. 

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Eso dice su bio de la red social X, que convirtió en una herramienta de gobierno: "Economista". Ni un descriptor más. Toda una definición. Es el primer presidente economista, y un producto cabal de la comunidad de economistas profesionales argentinos.

Esta comunidad, que para Milei es familia, piensa desde hace décadas que el problema argentino es fiscal, y que el núcleo de este está en el régimen de coparticipación federal. O, mejor dicho, en el gasto público consolidado, que es la sumatoria del gasto nacional, provincial y municipal.

Ningún economista fiscalista argentino que se precie de tal cree realmente que un ajuste en serio consista en pasar "motosierras" únicamente a las partidas del gobierno nacional, que Milei simbolizó políticamente en el ajuste del número de ministerios (¡afuera!), y que también afecta a presupuestos más sensibles, como jubilaciones o universidades. 

Todos piensan que el desafío real está en las jurisdicciones subnacionales, en el dinero que va a las provincias. Milei suscribió esta idea toda su vida, y por ahí intenta ir. Hay una parte de Milei que seguramente se daría por satisfecha si logra dominar la inflación con superávit fiscal, acumulación de reservas y torniquete al gasto público consolidado, aún si esto implica abandonar la ilusión de reformar el estado y desregular los mercados, porque con semejante ajuste las provincias y los actores sociales entrarían en pie de guerra con la Casa Rosada. 

Pero sin ley y sin DNU, su plan quedaría trunco. Las famosas reformas de segunda, tercera y cuarta generación que anunció en campaña, la promesa de ser Alemania en 30 años, todo eso para Milei tiene más que ver con las reformas legislativas que con el ajuste macro. Por lo tanto, el dilema es: ¿cuánto ajuste está dispuesto a resignar para que su plan comience a realizarse?

En su discurso del 1° de marzo habló de un alivio fiscal para las provincias, que muchos interpretaron como la posibilidad de restituir el impuesto a las ganancias sobre el salario que eliminó Sergio Massa en el fragor de la campaña electoral. Eliminación con la que ningún gobernador peronista estaba de acuerdo, pero nadie se animó a cuestionar en el marco de sus propias campañas electorales provinciales. Para muchas provincias del norte grande, la restitución de ese impuesto significa varios meses de sueldos a pagar.

Si Milei está dispuesto a negociar ajuste por gobernabilidad, lo que pasó con los gobernadores patagónicos -insolentemente autodenominados Provincias Unidas del Sur- es una oportunidad. Los patagónicos fueron frontales, pero hicieron un planteo de tipo regional. Una proclama patagónica. Es decir, expresan la fractura del frente de los gobernadores: admitieron que no es lo mismo la Patagonia que el AMBA, la Región Centro, o el Norte Grande.

Si las provincias con más recursos propios empiezan a reclamar en función de sí mismas, entonces los aliados naturales de Milei son las más dependientes de un buen diálogo con el gobierno central. Y esas provincias están en el Norte, una geografía con todos los colores políticos, pero donde el denominador común es la consciencia de sus gobernadores de que el ahogo financiero se paga caro.

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