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Buenos Aires: la madre se hace abuela

El lugar de la madre de todas las batallas en el sistema político nacional puede cambiar a partir del 22 de octubre.

El kirchnerismo se volvería un fenómeno bonaerense.
El kirchnerismo se volvería un fenómeno bonaerense. Télam
Juan Antonio Yannuzzi 05 octubre de 2023

Si la ciencia política tiene su Ley de hierro, la política argentina presenta algunas reglas de oro. Entre ellas, muchas tienen que ver con la Provincia de Buenos Aires. Que el presidente de la Cámara baja sea el primer candidato a diputado de la lista ganadora en PBA puede ser un formalismo, pero hay tendencias cuya estabilidad le dieron un marco de certidumbre a la política nacional en circunstancias de gran volatilidad. La irrupción de Milei y La Libertad Avanza puede romper algunos de estos supuestos.

En el último siglo, sólo Mauricio Macri fue capaz de llegar a la Casa Rosada sin ganar Buenos Aires. Esto fue matizado por el hecho de que su candidata a gobernadora, María Eugenia Vidal, se pudo imponer al candidato oficialista y se logró la armonía partidaria entre provincia y Nación. En 1999 ya había sucedido que, a pesar que De la Rúa ganó en la categoría presidente en el distrito, tuvo que convivir en su presidencia con un gobernador bonaerense justicialista. Siendo el único registro en la historia reciente de esta situación, se puede afirmar (con nulo poder de generalización) que no es el escenario más propicio para la gobernabilidad del Ejecutivo nacional.

Las PASO adelantaron un resultado que sería inédito. El candidato con más posibilidades de ganar la presidencia de la Nación, saldría tercero en la provincia más poblada del país. La madre de todas las batallas parece que ya no tiene la capacidad de inclinar la balanza. Aunque sus votos sigan siendo fundamentales, el 22 de octubre la mirada no puede estar puesta solo en el hegemón federal.

De madre, la provincia de Buenos Aires podría pasar a ser la abuela, perdiendo la última palabra en la definición presidencial y abriendo un nuevo capítulo en la dimensión territorial del sistema político nacional. De materializarse el adelanto de las PASO, dadas las diferencias entre los resultados del distrito y los del país, la PBA sufriría un proceso de provincialización de su sistema de partidos. Esto ya lo atravesaron muchas de las unidades subnacionalesargentinas, pero sería algo completamente novedoso en la que reúne al 38% del padrón.

La dislocación de Buenos Aires podría tener como efecto la ruptura de algunas tendencias perjudiciales para los bonaerenses. El hecho de que, repetitivamente, el candidato a presidente sea el ganador en la provincia y que quién gane ahí llegue a la Rosada, produjo que los mandatarios bonaerenses sean elegidos por el candidato nacional. En la política federal, esto afectó en el sometimiento de La Plata por parte del Ejecutivo nacional, perjudicando los intereses de más de 17.000.000 de personas.

El reflejo de este fenómeno se puede ver en casi cualquier ámbito de la política nacional. Buenos Aires se ubica en la última posición en todas las mediciones de reparto per cápita por parte del Estado central. La subrepresentación legislativa y la distorsión entre lo que aporta y lo que recibe en el esquema de federalismo fiscal, son tanto consecuencias de esta sumisión como causas de muchas otras desigualdades secundarias.

Todo esto puede comenzar a cambiar a partir de la provincialización de la política bonaerense, abriendo la puerta a una coalición de los principales distritos demográficos y productivos. Tanto en caso de que ganen Milei o Bullrich, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe quedarían, a priori, en manos de gobernadores que no serán subordinados directos a la Casa Rosada.

El segundo mandato de Kicillof podría marcar el inicio de la transformación del kirchnerismo como una fuerza provincial bonaerense, o mejor dicho, conurbanense. Las posibles configuraciones de convivencia entre gobernador y presidente tienen como la más probable a una reelección del gobernador que tenga que manejarse en un Ejecutivo nacional liderado por Milei, por lo cual es de esperar niveles de conflictividadinéditos en la historia del federalismo argentino del último siglo y medio.

En el Poder Legislativo provincial los problemas de gobernabilidad de la próxima gestión ya están prácticamente definidos. Partiendo de un último bienio legislativo de empate entre las dos coaliciones mayoritarias en ambas cámaras, la irrupción de La Libertad Avanza como tercera fuerza la pone en el lugar decisivo para la conformación de mayorías. Kicillof sabe que de ganar va a necesitar una ruptura del bloque de Juntos, por lo que una presidencia de Bullrich que contenga al radicalismo es el peor escenario.

Buenos Aires no dejará de ser el hegemón federal, a pesar de que su Ejecutivo pierda en gobernabilidad y en sintonía con la administración central. Es más, la provincializacion de su sistema de partidos puede ser el primer paso para un camino hacía una estructura federal más proporcional desde lo fiscal y lo representativo. Se viene una nueva era de disputas intrarregionales en el país y el 23 de octubre se define en quémedida la PBA puede liderar un nuevo federalismo hegemónico en las provincias unidas.

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