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El lugar de Cristina

Cristina pasa del desentendimiento a tratar de tomar las riendas del gobierno mientras se descifra cómo llega el Frente de Todos al 2023

Sin Cristina no se puede pero sola no alcanza.
Sin Cristina no se puede pero sola no alcanza. Archivo
01-07-2022
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Cristina Kirchner es la figura política con más votos propios que hay en el país. Pero no son suficientes para ganar elecciones por sí sola y de allí la famosa frase “sin Cristina no se puede, pero con Cristina sola no alcanza”. Consciente de esa limitación, y procurando enmendar los errores que cometió en el armado electoral de 2015, construyó una fórmula con Alberto Fernández.

Pero se trata de un esquema disfuncional, como quedó en claro una y otra vez. El conflicto es inevitable entre quien aporta el mayor número de votos para ganar una elección y el que luego detenta el poder institucional. Nunca el primero, o la primera en este caso, está conforme con lo que hace el segundo. El conflicto es inevitable en esos casos y todo lo que está pasando en la coalición oficialista lo ratifica. Todo el sistema político está pendiente de la relación entre el Presidente y la vicepresidente, que desde hace tiempo no tienen un diálogo.      

La fractura política existe desde hace tiempo, pero es lógico que ninguno de los dos quiera formalizar por completo la ruptura porque considera que en este tiempo tienen más para perder que para ganar si dan ese paso.  

Pero el año que viene hay elecciones presidenciales y el armado político de 2019 debería reformularse porque una vez más demostró  que es disfuncional y genera una tensión política permanente que afecta la gestión de gobierno.

No está en la naturaleza de los líderes políticos, y Cristina lo es, dar un paso al costado. Y tampoco serviría ni sería creíble porque su presencia en cualquier armado del peronismo se notaría siempre aunque su nombre no figure. 

La única forma de no repetir un experimento como el actual es que Cristina sea candidata presidencial en 2023. Que lo sea por el Frente de Todos compitiendo contra Alberto en primarias (muy poco probable)  o que lo sea por ese espacio sin competencia o representando a algo parecido a lo que fue  Unión Ciudadana.  

Su candidatura sería la mejor manera de sincerar el sistema político. Y también le daría la oportunidad a Fernández, siguiendo la lógica de los sistemas presidencialistas con reelección inmediata, de buscar otro mandato, pero esta vez  al frente de su propio proyecto porque ya no sería creíble que intente hacerlo repitiendo el esquema con el que ganó en 2019. 

Las variantes son muchas, pero que Cristina defina qué papel quiere desempeñar en los próximos meses y qué lugar aspira a ocupar en 2023 es clave para ordenar al oficialismo.

Hasta hace un tiempo, la mayoría de los análisis daba por sentado que Cristina daba por perdida la elección presidencial, sobre todo luego de la firma del acuerdo con el FMI que trató de evitar.  

Por lo tanto, tomaría distancia de la gestión del Gobierno, procuraría quedarse con las banderas históricas del kirchnerismo y le dejaría el camino despejado al Presidente. El año que viene, siguiendo con ese razonamiento, sería candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires y concentraría allí su actividad política y eventualmente en algunos otros distritos en los que los candidatos a gobernadores le sean afines. 

Sin embargo, en las últimas semanas parece haber cambiado su actitud y parece más decidida a influir en la gestión de gobierno de la que ya no se desentiende.  Propone nombres y  políticas lo que sugiere que considera que todavía es posible corregir un rumbo que ella considera errado. 

Muchas de sus críticas, sugerencias o recomendaciones terminan siendo implementadas.  Las medidas recientemente adoptadas luego de que la vicepresidenta hablase de “festival de importaciones” es una prueba de ello.  

Hay consenso en que un mal final del Gobierno de Fernández compromete a todos los proyectos políticos que se barajan en el oficialismo, incluido el de Cristina. La economía volverá a ser la ordenadora del sistema político y por eso todos tratan de imponer su punto de vista en ese terreno, en el que claramente no tienen coincidencias, salvo en que ninguno ha mostrado resultados favorables en la materia.  

La persistencia de una inflación elevada que deteriore los ingresos de la población pueden afectar las chances del oficialismo en todo el país, pero en particular en su “zona núcleo” en términos electorales que es el conurbano bonaerense. 

En ese contexto se entienden, además, los cuestionamientos de Cristina a Martín Guzmán.  

Mientras tanto, la vicepresidenta va reconstituyendo y reforzando vínculos con gobernadores e intendentes retomando la idea fundacional del Frente de Todos que fue la reunificación del peronismo. Además mira con atención, y entusiasmo, a los últimos procesos electorales en América Latina altamente polarizados entre coaliciones de derecha y de izquierda que resultaron ganadoras. Lo que vaya a hacer a Cristina nadie lo sabe, y como siempre ocurrió en el kirchnerismo, recién se conocerá a último momento. 

Por lo tanto, habrá que esperar varios meses para conocer la decisión, el problema es el deterioro que sufrirá la gestión del Gobierno durante ese proceso mientras que no quede claro el lugar al que aspira ocupar cada uno de los actores centrales del oficialismo.

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