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La política de Schrödinger

El gobierno nacional parece estar vivo y muerto a la vez, con un año de mandato por delante pero casi carente de posibilidades para su continuidad.

La política de Schrödinger está más viva que muerta.
La política de Schrödinger está más viva que muerta.
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En los últimos días, en varios medios y redes sociales, y en boca tanto de analistas como de distintos dirigentes políticos, de diversos orígenes ideológicos, se habla de la similitud de la vida política argentina con el conocido experimento de Edwin Schrödinger. En ese experimento, este físico sostenía -en términos un poco más precisos- que bajo ciertas condiciones, un animal (en el caso del experimento teórico, un gato) podía estar vivo y muerto en simultáneo, ya que cualquier cambio que se daba en la situación llevaba a su muerte, y por lo tanto no podía sostener su vida. Estaba físicamente vivo, pero ante su imposibilidad de acción, también estaba muerto. Más allá del sentido de lo antes mencionado, podemos discutir -del mismo modo que en el experimento- si esta realidad aplica al caso argentino.

La política argentina se está asemejando al experimento de Schrödinger. ¿En qué? Las posiciones de las fuerzas políticas centrales parecen ensimismadas en resoluciones que no atrapan al electorado. Al interior de sus fronteras, la discusión se enfrasca en identificar quiénes son las figuras con más visibilidad para impulsar una candidatura presidencial capaz de aglutinar a sectores con la impronta desada por la coalición, y que deje la menor cantidad de heridos al interior de las mismas. No obstante, pareciera haber un cierto obstinamiento respecto a la capacidad de "trascender la frontera del otro", olvidando que, tanto en 2015 como en 2019 se impusieron las candidaturas y las coaliciones que pudieron exponer con mayor claridad la amplitud. En 2015, el fenómeno Cambiemos, apartir de aglutinar al grueso de las alternativas no peronistas, logró ofrecer el diferencial. En 2019, fue el Frente de Todos, con la candidatura presidencial de Alberto Fernández, la coalición que ofreció el factor disruptivo. ¿Dónde está lo original y atractivo en 2023? Pareciera que las fuerzas centrales agotaron estos recursos, asumiendo así el mismo estado que el gato de Schrödinger: si no ofrecen algo distinto, no son competitivas, pero a la vez, no están en condiciones (hoy) de ofrecer algo distinto. 

A su vez, en el experimento, el gato se encontraba "vivo-muerto" por la presencia de una caja de veneno, que bajo ciertas condiciones se liberaba y mataba al gato. ¿Cuál sería la caja de veneno en el caso argentino? El esquema institucional. La combinación del régimen presidencialista, con sus bemoles, con un sistema electoral concreto y prolongado, cortesía de las PASO, lleva a un ejercicio de rendición de cuentas permanente. Los gobernantes no solo se tienen que preocupar por la gestión de gobierno, sino también por la opinión de la ciudadanía respecto a las mismas. Esta opinión se pone en juego en el proceso electoral. De hecho, el disparador de las grandes peleas por las candidaturas -y lo que desnuda este experimento de Schrödinger- fue el proyecto de ley, del diputado Di Giácomo, que buscaba eliminar las PASO. En 2009, las PASO surgieron ante un problema concreto interno del peronismo -la explosión de disidencias exitosas-, pero le brindaron a la oposición en no mucho tiempo una herramienta para coordinar exitosamente sus esfuerzos y convertirse en competitiva. El problema con las instituciones en un sentido macro (el orden constitucional) y en un sentido micro (las reglas de juego electoral) es que las mismas fueron tejidas con un alto nivel de consensos. ¿Se pueden cambiar todas estas instituciones? Sí, pero para que puedan ser un catalizador de la vida política argentina, se tienen que mover con suma cautela, y apelando a la búsqueda de consensos. Así, en cierta medida, se neutraliza el efecto del veneno.

La vida política de nuestro país, a diferencia del experimento, no es una construcción teórica, sino que es una realidad tangible, de la cuál tanto dirigentes, como ciudadanos, muchas veces nos terminamos alejando. Seguramente -y puede que sea una expresión de deseo- se saldrá de la situación de encierro en la negociación. ¿Por qué? A ninguno le conviene estar "vivo-muerto": si se tiene el poder, pero no se lo puede ejercer, el mismo poder se erosiona. Es por ello que las fuerzas políticas, en el marco de las instituciones vigentes, seguramente encontrarán los incentivos para resolver este conflicto. Eso sí, los próximos meses nos mostrarán una política más enfocada en resolver los dilemas prácticos de este experimento teórico que en resolver las problemáticas cotidianas de la ciudadanía. Esto no necesariamente tiene que ser un problema: las instituciones requieren tiempo y revisión constante de su ingeniería, así como también un adecuado mantenimiento. Solamente en la medida que puedan procesar las demandas de la ciudadanía funcionarán. Si la política no puede salir de ello, la ciudadanía lo demandará, con la emergencia de otras fuerzas y movimientos sociales. Por ello, podemos esperar una reacción de la política, al igual que en 2009, 2015 y 2019: ofrecer un diferencial que atraiga a la ciudadanía y sea competitivo. Ese diferencial puede venir, o bien de una ampliación de la oferta político-partidaria y de liderazgos, o a partir de iniciativas de reformas institucionales. Por ello, la política de Schrödinger -que no es teórica-, está más viva que muerta. 

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