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Argentina

La Sin-federación

A las crisis cíclicas del pacto federal se le suman las variables de un gobierno débil y un ajuste que impacta mayoritariamente en las arcas subnacionales.

La Confederación es simplemente una anecdota constitucional.
La Confederación es simplemente una anecdota constitucional. .
Juan Antonio Yannuzzi 18 marzo de 2024

Los conflictos entre unidades subnacionales y el gobierno federal en Argentina ya forman parte del paisaje institucional. La estructura constitucional de nuestro federalismo deja fuera de discusión la posibilidad de secesión, pero analizar el nuevo recrudecimiento de las tensiones políticas territoriales es necesario en una nueva era de conflictos federales.

El Estado argentino se construyó a fuerza de disputas de unidades políticas, cuyas resultados se manifiestan en el diseño de las relaciones de poder entre provincias, cristalizado en el tipo de federalismo que supimos construir. El concepto de "unidad a palos" (Gibson y Falleti) da cuenta de la particularidad del nacimiento de nuestra organización política, donde la necesidad de resolver conflictos económicos, políticos y bélicos primó sobre un diseño institucional hecho a medida de la heterogeneidad de nuestro territorio.

El manejo del lugar de la Provincia de Buenos Aires y el puerto de la Ciudad siempre estuvo en el centro del debate de la organización nacional. Tanto en los casos que este hegemón pudo ganarse su lugar de liderazgo en la federación, como cuando las provincias lograron imponer instituciones que limitaron su poder, el problema siempre residió en la distribución desigual de los recursos y las capacidades.

Estas discusiones están lejos de ser saldadas, aunque los obstáculos para su superación hayan sobrevivido todas las crisis que ha atravesado el país. En este sentido, a poco más de tres meses del inicio del mandato del presidente más disruptivo de la historia ¿Se puede esperar un cambio en las condiciones de este conflicto irresoluble de la democracia argentina?

En primer lugar, el libertarianismo de Javier Milei y su admiración por Estados Unidos lo dejan en una posición favorable al federalismo. Desde su base ideológica, es una estructura política que puede ser virtuosa. Unidades políticas más pequeñas limitan el poder del gobierno, mientras que su autonomía, en conjunto con la unión que generan, fomenta la competencia de políticas públicas y, en el mejor escenario, genera una disputa fiscal para atraer inversiones que llevaría la tendencia negativa de las alícuotas impositivas hacía la mínima estructura estatal posible.

En segundo lugar, Milei no fue un candidato que haya evitado hablar de temas referidos a la estructura federal, y aunque su discurso se centró en aspectos fiscales, estos afectan el núcleo de la distribución "vertical" del poder en el país. En esta línea, a largo plazo apuntaría a disminuir las arcas nacionales y en compensación aumentar la libertad de las provincias para modificar alícuotas que pesan sobre su territorio, y que haya una relación directa entre procedencia y destino de los recursos tributarios.

Por último, aunque la base ideológica y discursiva del presidente nos haga esperar reformas novedosas para la estructura federal argentina, su debilidad política y la situación económica dificultan la puesta en marcha de sus propuestas. Es más, si se analizan los resultados de sus primeros meses de Gobierno, la dirección es prácticamente la contraria. Propuestas de reforzar las arcas nacionales y amenazas constantes a los recursos provinciales han caracterizado al programa fiscal federal. El oficialismo afrontó su debilidad política peleando con los pocos dirigentes subnacionales dialoguistas, rechazando cada una de sus propuestas, todas ellas muy en línea con lo que predicaba antes de llegar a la Casa Rosada.

En una lectura adelantada, dado que recién comienza su primer periodo de sesiones ordinarias, puede que al presidente se le están conjugando varios factores favorables. Su debilidad política también significa libertad de asociación, con posibilidades de negociar con todo el arco político. A su vez, si un mensaje entendió la política luego de las elecciones del 2023 es que la ciudadanía reclama algo distinto, y que la necesidad de resultados es urgente. Para la dirigencia que se quiera adaptar a las nuevas demandas, y que no pueden asegurar resultados, todo lo que tienen para ofrecer de cara a la opinión pública es voluntad de cambio y diligencia para ayudar al nuevo gobierno. 

El conjunto de elementos que se necesita para renegociar la estructura de federalismo fiscal es tal, que mientras más atípicos los métodos y la procedencia de sus creadores más atentos deberíamos estar a esperar resultados. Desde ya que la unanimidad subnacional es impensable, pero la reforma por vías no convencionales será necesaria en una próxima generación de propuestas oficialistas.

El orden de los factores será vital en el juego de negociaciones con las fuerzas políticas subnacionales. La desfinanciación del esquema de coparticipación y la instauración de mecanismos fiscales más competitivos, en conjunto con la utilización de herramientas discrecionales que cuiden el costo social de la transformación, se tiene que dar con una sintonía tal que cuiden los débiles apoyos políticos. Dicho esto, si se comienza a ver luz al final del túnel de la estabilización macroeconómica, se puede dar una oportunidad única de revertir desbalances pétreos del federalismo argentino.

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