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Ciudad

Larreta y su cuchillo de palo

Larreta hospedó la conferencia de alcaldes mostrando gestión y modernidad aunque comienza a enfrentar tensiones internas que afectan su proyecto nacional.

Larreta se balancea entre su proyecto nacional y la gestión local.
Larreta se balancea entre su proyecto nacional y la gestión local.
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Buenos Aires fue sede del C40, la conferencia de alcaldes que reúne a los representantes de las ciudades más importantes del mundo. Larreta fue anfitrión de los gobernantes locales de distritos habita gran parte de la población mundial y que son decisivos a la hora de enfrentar los desafíos globales. El tema principal del encuentro fue la agenda ambiental, donde se comparten experiencias de políticas públicas que mitigan la contaminación y mejoran la posición de las ciudades en cuanto a la sustentabilidad.

Con el desafío que representa albergar esta conferencia mundial, la Ciudad de Buenos Aires se viste de fiesta y, sobre todo, de verde. Horacio Rodríguez Larreta buscará posicionarse como la vanguardia de la gestión de ciudades en el mundo pero, sobre todo, a nivel nacional. El alcalde porteño tiene la segunda intención de mostrarse como líder global, respetado y moderno para los propios. Esta voluntad se vio claramente reflejada en el primer día de la conferencia donde reunió a 150 intendentes de todo el país.

Larreta está abocado a su campaña nacional, y el C40 es parte de ella. Mientras tanto, y como es de esperarse, comienza a recibir acusaciones de dejar relegadas sus funciones como Jefe de Gobierno. Estos reclamos se manifiestan sobre todo en la Legislatura de la Ciudad, donde no solamente el tono de la oposición ha ido en aumento, sino que hay entre las filas propias algunas voces en alza.

La distancia entre la esencia y la apariencia se fue incrementando en la misma medida que el alcalde porteño comenzó a inclinar su balanza de interés para su proyecto presidencial, en perjuicio de la gestión. La forzosa incorporación de aliados políticos para dar cuenta de la apertura ideológica hoy empieza a pasarle factura. La disputa por la sucesión del sillón de De la Rua lleva a mostrar las grietas dentro de la amplia coalición. 

El interbloque oficialista en la Legislatura de la Ciudad reúne 31 legisladores, sobre un total de 60. Sin embargo, este grupo dista mucho de ser homogéneo. En él se agrupan 2 miembros de Republicanos Unidos, 2 del Partido Socialista, 5 de la Coalición Cívica, 8 de UCR-Evolución y al menos 3 legisladores que responden exclusivamente a Macri y Bullrich. Con esta configuración, al Jefe de Gobierno le quedan 11 representantes “propios”, cifra que da cuenta de la potencial debilidad del mandatario en caso de que cambie su actual viento en popa.

Esta fragmentación y dispersión del interbloque se visibilizó como nunca en sus 7 años de gobierno en recientes discusiones parlamentarias. Tres procesos legislativos dieron cuenta de la fragilidad de el armado larretista, cuyo repercusión debe ser leída con atención de prosperar sus posibilidades presidenciales. El inicio del tambaleo fue una convocatoria a una sesión especial para realizar una licitación que renueve el servicio de grúas del distrito. Aunque la sesión no se dio, por presión del ejecutivo, se comenzó a forjar un dialogo entre los heterogéneos espacios opositores que empujo al Jefe de Gobierno a avanzar en la dirección pretendida por los aliados imprevistos. 

La consecuencia más relevante de este evento fue el dialogo que permitió avanzar en una nueva convocatoria para sesionar, pero ahora para derogar el impuesto a los sellos a los resúmenes de las tarjetas de crédito. En esta negociación el frente opositor logró el acompañamiento de los dos legisladores de Republicanos Unidos, armando una alianza potencial que ya reúne a 30 de las 60 bancas. Aunque faltó un voto para poder derogar el impuesto, la movida sienta un precedente peligroso de cara a la discusión por el presupuesto 2023.

Con un proyecto de presupuesto que no baja ningún impuesto y donde se espera terminar el año con un superávit financiero considerable, será complicado convencer a los legisladores propios para acompañar sin modificaciones. 

Mientras el Jefe de Gobierno se mostró como un líder dialoguista e innovador, su realidad interna muestra una fragilidad producto de una política direccionada para fortificar su candidatura presidencial. La tan buscada fortaleza política corre el riesgo de derrumbarse, por priorizar las alianzas nacionales a las pretensiones locales de sus correligionarios. Va a ser difícil que el alcalde porteño enfile detrás de su candidatura tanto al radicalismo progresista de Lousteau como a los liberales de López Murphy.

Larreta podrá ser un gran herrero para ganar la interna de Juntos por el Cambio a nivel nacional, pero en su casa el cuchillo de palo es la ausencia de sucesores competitivos propios. La atomización de la oferta porteña peligra la continuidad del PRO en la Ciudad y quien sea responsable de perder el bastión tras 16 años, no saldrá ileso. 

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