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¿Quién manda en el radicalismo?

La falta de definiciones y liderazgo complica a una UCR sin candidato presidencial desde 2011 ni a gobernador de Buenos Aires desde 2007. Tampoco sabe qué hacer con Milei. 

La cúpula de la UCR.
La cúpula de la UCR.
Oscar Muiño 06 marzo de 2024

"Así no podíamos seguir". Tal la frase más escuchada entre los votantes que eligieron darle una oportunidad a Javier Milei. Ahora despunta una secuela: "Así tampoco". Pasamos de la pasión con los BRICS y Nicolás Maduro, al seguidismo con Estados Unidos y Benjamín Netanyahu, de revolear subsidios a negárselos a niños enfermos, de controles excesivos a libertades abusivas, de elogiar a los que nada producen a endiosar a los que se la llevan toda...

La coalición LLA-PRO es ya un polo político. Enfrente, el peronismo tratará de salir de su destartalada realidad para erigirse en alternativa. Para ser competitivo, el PJ necesita que no haya ninguna otra opción. La coalición neoliberal contra el pan-peronismo. Lo mismo vale para LLA-PRO: su chance se agranda si solo debe pelear contra el justicialismo. Grieta en estado prístino.

Podría nacer otra opción. Una que abandone el esquema amigo-enemigo, el insulto y la diatriba, capaz de cosechar el hartazgo por el conflicto permanente. Es la chance de la UCR con sectores de Cambiemos, más corrientes que acompañaron el Acuerdo Cívico y Social hace una década.

La UCR asomaría como una fuerza tranquila, con banderas que laten en el ideario colectivo,  aunque hayan dejado de ser su propiedad exclusiva. El espacio para combinar capitales privados y control estatal, infraestructura y tarifas pagables, protección al vulnerable y políticas públicas inclusivas, estímulos a la innovación y el empleo. Un discurso facilitado por la muy modesta elaboración de mileístas y peronistas.

La práctica siempre es más compleja que el diagnóstico. Mucho más fácil escribirlo que hacerlo. Y la UCR exhibe incomodidades para asentarse en la democracia de candidatos y en las redes sociales. Otro peligro para la UCR es el cambio morfológico. El comité sigue siendo el modo ortodoxo de acceso a las candidaturas y conducciones partidarias. Funciona algo en ciudades pequeñas y pueblos. En las grandes urbes se difumina y ya no alumbra al conjunto del barrio, que tampoco acude al local.

No le faltan figuras, al radicalismo. Pero ninguna ha logrado hasta ahora devenir referente mayoritario, líder carismático, ni candidato triunfal. ¿Qué está pasando?

Vale arrancar por el Comité Nacional. La institucionalidad partidaria no es lo que era, pero mantiene órganos de gobierno e internas. Su presidente, Martín Lousteau, es hombre cultivado, inteligente, que habla con sentido. 

Martín Lousteau liderará la UCR.
Martín Lousteau lidera la UCR.

¿Por qué no le alcanza? A sus correligionarios mayores les cuesta aceptar figuras de afiliación reciente, en contraste con la tradición de "radicalismo de sangre". Hay hipocresía: muchos de los quejosos tuvieron inconductas, rompiendo el radicalismo o votando por otras fuerzas. A Lousteau lo golpeó, también, la derrota ante Jorge Macri como jefe de gobierno. Por muy poco, pero derrota al fin.

Lousteau está advirtiendo que la inteligencia y la formación son menos relevantes que el carácter. Su muy articulado discurso progresista parece impotente, en los hechos, ante las proclamas de fe neoliberal de legisladores de Evolución, su grupo interno. Ha juntado dirigentes interesantes, con exceso de librepensadores. Uno de sus diputados promovió la dolarización, otro defiende "el cambio", aunque tal "cambio" vaya en contra de los principios del radicalismo. Un proyecto colectivo pone límites al disenso. Y evita la tentación de usar los cargos como simple trampolín para el crecimiento personal. Desde los inicios de la democracia, los ingleses inventaron una función: The whip (el látigo), encargado de la disciplina del voto en los grupos parlamentarios. Cuando alguien no lo hace, restalla el látigo. Rige hasta hoy.

Dado el horror de la política por el vacío, los silencios del presidente son cubiertos por otros. La línea la está imponiendo -con palabras y votos- Rodrigo de Loredo, jefe del bloque de Diputados, que relojea las encuestas para acompañar a Milei hasta que la opinión pública lo abandone... 

Sólo que, si tal cosa ocurre, es difícil que los ciudadanos acompañen a los socios del día anterior...

de loredo
Rodrigo de Loredo

Loredo pertenece a Evolución, el grupo que lidera Lousteau. La postura de la UCR y de Evolución que trasciende es la suya, no la de Lousteau. Como si los roles se hubieran intercambiado. Es cierto que no debe emitirse una orden que no se cumpla, pero hay fronteras... La presidencia de un partido obliga a transmitir una visión, la convocatoria a un destino. El presidente de una fuerza debe aspirar a ser jefe de jefes.

Da la impresión que los radicales "mileístas" se juegan a fondo mientras los críticos del gobierno exhiben llamativa timidez. El pretexto de mantener la unidad, hasta ahora, encubre una preeminencia de los núcleos pro-oficialistas más audaces. Hay, incluso, un ministro -Luis Petri - cuya pertenencia simultánea al mileísmo y a la UCR resulta inescrutable. Si ha cambiado de opinión (lo cual no es reprochable) debió renunciar a la UCR; si sigue siendo radical, ¿cómo aplaude a quién descalifica a su partido? Y la propia UCR, ¿no tiene nada que decir? ¿O es dale que va...?

Los documentos radicales reiteran sus objeciones históricas al populismo, pero olvidan las críticas al conservadorismo. A fin de cuentas, el radicalismo nació para enfrentar al Régimen conservador, que Milei adora y de cuyo final culpa al radicalismo. Apoyar la visión de Milei supone reconocer que la UCR jamás debió haber existido. En tal caso, ¿a quién estarán representando los que voten contra el alma de su partido?

El radicalismo ha perdido capacidad de emisión. Su último candidato presidencial fue Ricardo Alfonsín en 2011, y el último que aspiró a la gobernación clave de Buenos Aires fue el mismo Alfonsín, en el lejano 2007. Demasiado tiempo alejado de la red de mensajes que recibe la población.

Que sí, que no...

Facundo Manes parece entender lo que está pasando. Él, un centrista, representa más fielmente a los socialdemócratas que los socialdemócratas declarados. Plantado como polo opositor, ¿Manes podrá construir un liderazgo potente? La condición, por supuesto, es convertir su potencial en acción, atraer votos y construir una organización poderosa, algo que no pudo concretar para los comicios de 2023. Su hermano preside la Convención Nacional de la UCR, que exhibe fragilidades semejantes a las del Comité Nacional.

Facundo Manes.
Facundo Manes.

La victoria de un outsider como Milei parece demostrar que argentinos y argentinas prefieren probar con quienes no hayan tenido que ver en la gestión. Visto hoy, Manes podría haber resultado mejor candidato que Larreta o Bullrich. Incomprobable, pero...

Eran cinco gobernadores

Cinco gobernadores son una base de poder territorial, la preferida de los radicales. Dos de ellos, flamantes, la tienen particularmente difícil. Chaco y Jujuy son provincias con déficit histórico y necesidades antiguas. Leandro Zdero y Carlos Sadir habrán de concentrarse en las dificultades locales más que jugar en el tablero nacional, al menos en estos primeros tiempos de gestión.

Mucha presencia viene teniendo Gustavo Valdés. Había irrumpido con tal fuerza que dijimos: "De repente estalló un tapado. Hace un siglo que un radical no conseguía en ningún lugar del país una victoria tan aplastante como la del último domingo de agosto en Corrientes. Tres de cada cuatro votos consagran un triunfo hegemónico. ¿Solo una gran gestión local? ¿La habilidad de una inmensa coalición? ¿El discurso anti-Grieta del vencedor? ¿También un castigo al peronismo nacional? ¿O el gobernador correntino Gustavo Valdés irrumpe como la nueva figura radical hacia la Casa Rosada?" (Muiño, El Economista, septiembre 3 de 2021).

Desde entonces, Valdés ha crecido, cosecha partidarios en Chaco, en Misiones y avanza en otros distritos. Pero no ha dado el salto. Sus declaraciones insinúan que imagina crecer junto al oficialismo. Hace pocos días, Valdés prometió apoyar a la Casa Rosada: "Tenemos que darle una oportunidad al Presidente", aseguró luego de recibirlo. Criticado, se justificó diciendo "yo represento a la provincia de Corrientes, cuando venga un presidente lo voy a atender. Sea de mi signo político o no. Me importa tres carajos lo que piense [Martín] Lousteau". 

Gustavo Valdés.
Gustavo Valdés.

Tal vocabulario ha sido infrecuente en la UCR y "carajo" parece un tributo al mileísmo. La queja contra el "centralismo porteño" va contra la historia radical, cuyos principales jefes fueron porteños y bonaerenses, desde Alem e Yrigoyen hasta Balbín, Alfonsín y el propio Illia. Y contra la historia correntina, más que amistosa con los porteños (salvo durante el rosismo).

¿Qué le ha pasado? Valdés temió que una victoria de Sergio Massa levantara el alicaído espíritu de los peronistas correntinos. No se equivocaba. Y salió a militar por Milei sin advertir que Milei tenía más votos correntinos que Massa, que un candidato de Milei tendría más chance de arrebatarle la provincia que un massista. Valdés está al fin de su mandato; se le atribuye intentar imponer sucesor a su hermano (lo que no será fácil), mientras vuelve al horizonte correntino la figura de su mentor, Ricardo Colombi, el hombre que estructuró la hegemonía radical en la provincia y sigue con ganas de volver a gobernarla.  

Otro dirigente hiperactivo es Alfredo Cornejo, quien vuelve a la gobernación de Mendoza después de cuatro años. Expresidente del Comité Nacional, figura potente, más entusiasta por los pactos que por los contenidos. Cornejo, mano derecha del entonces gobernador Julio Cleto Cobos fue el gran articulador de Cristina-Cobos y vos. La Concertación Plural entre los K y parte del radicalismo. Un paquete de votos para Cristina 2007.

Alfredo Cornejo y su compañera de fórmula, Hebe Casado.
Alfredo Cornejo y su vice, Hebe Casado.

Caída esa Concertación, el entusiasmo de Cornejo se reavivó con Milei. Pero se complica. El gobierno le puso de interlocutor a Carlos Balter, líder del Partido Demócrata de Mendoza. Balter y Cornejo no se hablan.

Cornejo y Valdés emergen de un virus que ataca radicales desde la Convención de Gualeguaychú. El problema no fue la alianza con Macri y Carrió, sino la pérdida de autoconfianza colectiva. A partir de entonces, muchos jefes radicales se recelan de sus correligionarios, solo confían en sí mismos, y terminan buscando paraguas externos. Una apuesta como satélite de poderes ajenos...

Antes del fenómeno Milei escribimos: "Varios dirigentes históricos -incluso de pasado alfonsinista- giran a posiciones liberal-conservadoras. Esa mutación difícilmente coseche éxito. El PRO es mucho más confiable para defender las banderas del estímulo a la libre empresa con limitaciones a la acción estatal, que el radicalismo, cuya historia abunda en intervencionismo y preocupaciones sociales" (Muiño, El Economista, septiembre 3 de 2021).  Y eso que todavía no estaba Milei.

La esperanza secreta

Formado en la disciplina de la Junta Coordinadora Nacional de la Juventud Radical santafesina, Maximiliano Pullaro es la esperanza blanca de buena parte del radicalismo. Dirige la provincia más grande que la UCR gobierna desde que perdió Córdoba (1999) y la Capital (2000).

Milita en Evolución y -a diferencia de otros que comparten espacio - no pierde ocasión de ensalzar a Lousteau. Jura que por cuatro años se dedicará en cuerpo y alma a su provincia de Santa Fe. Su línea lo aleja de los libertarios, pero precisa el apoyo del gobierno nacional y las fuerzas federales para combatir al narcotráfico rosarino y no quedar prisionero de una policía provincial sospechada. Su relación con Patricia Bullrich es buena. Acordar y disentir, parece el mecanismo elegido.

Las calles de marzo tendrán dos tests para los radicales. Este viernes 8 se recordará el Día de la Mujer y el lunes 24 el golpe militar de Videla. La UCR de Alfonsín fue decisiva para ampliar los derechos femeninos y para castigar a los violadores de los derechos humanos. ¿Cómo lo recordarán sus líderes de hoy?

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