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Todos son populistas

En el último tiempo los principales dirigentes políticos del país se acusan reiteradamente de ser populistas, sin embargo, esto nos lleva a preguntarnos, ¿qué entendemos por populismo?

Es un estilo político, una ideología, una lógica de articulación o un discurso?
Es un estilo político, una ideología, una lógica de articulación o un discurso?
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"El lugar donde se inventó el populismo, es en el primer lugar que va a caer", sostuvo el expresidente Mauricio Macri. El líder del PRO revivió el debate del concepto y afirmó una vez más sus intenciones de "erradicar" lo que él considera uno de los mayores problemas de la política argentina. Aunque, en esta oportunidad, haciendo también un mea culpa de la gestión de Juntos por el Cambio y profundizando todavía más la grieta que atraviesa al espacio.

Si bien no es ninguna novedad la frecuente utilización de manera peyorativa de este término, las acusaciones cruzadas de los principales dirigentes del país, así como las discusiones de la opinión pública, demandan que prestemos un poco más de atención. Después de todo, mientras Macri afirmaba que había que ir contra del populismo tradicional encarnado en el kirchnerismo y el "populismo light" de JxC; Manes acusaba al expresidente de "populismo institucional" y al kirchnerismo de "populismo económico". De repente, pareciera ser que todos son populistas.

Ahora, ¿qué es el populismo? La realidad es que en el último tiempo se tiende a utilizar el término con mucha liviandad. Podríamos decir que, siempre agitando el miedo al "fantasma del populismo", el concepto termina siendo utilizado meramente para criticar a los rivales, sin saber específicamente qué es. Gran parte de la responsabilidad recae en los especialistas, quienes no se cansan de debatir sin ningún resultado. El problema de esto es que, al final del día, no sabemos a qué nos referimos cuando hablamos del fenómeno. ¿Es un estilo político, una ideología, una lógica de articulación o un discurso? ¿Se trata de un fenómeno parasitario de la democracia liberal o una solución que evita una ruptura del sistema político?

Ciertamente no existe una única respuesta, solamente opiniones al respecto. Por ejemplo, Ernesto Laclau, destacado por sus contribuciones en el debate, nos diría que el populismo es la esencia de la política. Se trata de aquel líder capaz de superar la lógica de las diferencias y articular las múltiples demandas de actores desorganizados. A simple vista es cierto, pero si tomamos esta definición, todo es populismo. Lo que presenciamos hoy es una falta de precisión del concepto y la ausencia de consensos sobre aspectos puntuales que son necesarios. Quedamos con un término amorfo, un estiramiento conceptual, abierto a la interpretación y aplicable a múltiples casos. No obstante, considero relevante desarrollar algunos puntos que, a mi parecer, son esenciales para entender el fenómeno. 

Primero, el principio de exclusión es fundamental para entender el populismo, así como estudiar el contexto político actual del país. Este fenómeno se funda sobre una narrativa de conflicto permanente, de un "nosotros" vs "ellos". Esta grieta, expresada en un discurso de "odio" tan polémico en el país en el último tiempo, es crucial para la supervivencia y legitimidad de los líderes populistas. 

Desde una posición de autoproclamada superioridad moral, el líder es capaz de interpretar la "voluntad popular" (si existe tal cosa) y pretende guiar a sus seguidores. En este escenario, todo lo que se aleje, no solo resulta un peligro, sino que debe ser eliminado.  Muchos dirán que la grieta ni es nueva ni es tan grave como varios plantean. Ciertamente los desacuerdos son inherentes a la política, sin embargo, la extrema polarización siempre le termina pasando factura a cualquier régimen político y sus instituciones. Cuando tu supervivencia depende de la desaparición o erradicación del otro, la convivencia pacífica se vuelve en una tarea imposible. Esto nos lleva a resaltar las grandes consecuencias negativas del populismo: la desaparición del pluralismo, la crisis de representación y los ataques a las instituciones. Cuando existe una única verdad, muchas veces se tiende a acallar las voces disidentes, así como también a buscar una salida por fuera de los mecanismos institucionales tradicionales a los que se considera inútiles.

Por otra parte, también con la llegada del populismo vemos la emergencia de un nuevo grupo en la sociedad. Esto no quiere decir que no existía antes, sino que no poseía la saliencia, en términos políticos y económicos, que tiene en la actualidad. Ese grupo ocupaba un rol marginal anteriormente y ahora se ha vuelto una pieza central para mantener al líder en el poder. El problema se genera cuando el dirigente pierde la capacidad de aglutinar estas demandas y, poco a poco, el grupo se comienza a fragmentar. Esto es uno de los grandes desafíos que deberá enfrentar el kirchnerismo de cara a las elecciones presidenciales del 2023. 

Respecto a quién lo encarna hoy en Argentina, varios aspectos del fenómeno se ven expresados en distintos dirigentes del país, más allá de la bandera política. Así como el análisis del concepto demostraba que podía ser aplicado al kirchnerismo, no es la única fuerza que representa algunos de sus componentes. Por ejemplo, como sostiene la teoría, el líder populista también llega al poder buscando luchar contra las elites corruptas, algo que suena similar con la narrativa del espacio que va en contra de la "casta política". 

No obstante, dejando de lado fuerzas menos relevantes, es fundamental resaltar un hecho sumamente interesante del caso argentino: la durabilidad de los efectos del populismo. Como señalan diferentes especialistas, el peronismo es el caso más exitoso en la historia. Como destacó Benjamin Moffitt, la particularidad del kirchnerismo fue su habilidad de pasar el mando, algo que no sucede normalmente en la mayoría de los casos. Tras la muerte de Néstor, Cristina Fernández asumió, de manera casi natural, como la figura central de la política argentina. Sin embargo, la situación comenzó a cambiar en los últimos años. 

El kirchnerismo de hoy dista muchísimo del que existía en el primer mandato de CFK. En este contexto, el desafío más grande es la sostenibilidad del que fue el espacio político argentino más importante de las últimas dos décadas. En el largo plazo esto no quiere decir que veamos desaparecer los efectos del fenómeno, pero sí que nos enfrentaremos a una reestructuración de las principales fuerzas del país.

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