El Big Bang peronista

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

Tras la derrota y sin un líder claro, el PJ empezará su proceso de reconfiguración.

La democracia es un sistema donde los gobiernos pierden elecciones, definió alguna vez Adam Przeworski. El peronismo no está ajeno a esa máxima. Es la tercera vez que cae en elecciones ejecutivas nacionales libres y sin proscripciones, y dos de ellas (2015 y 1999), las perdió siendo gobierno. Pero los puntos en común entre sus tres derrotas van más allá.

En las tres oportunidades concurrió fragmentado en más de una opción electoral, envuelto en peleas internas y luchas intestinas por el liderazgo. Las tres veces tuvo enfrente a opciones liberales-republicanas y competitivas que aprovecharon la oportunidad, interpretaron mejor el momento que el peronismo y lograron convencer a una mayoría del electorado con la promesa de un cambio de cultura política. Las tres derrotas tuvieron consecuencias para el Partido Justicialista en los niveles municipales y provinciales.

Sin embargo, 2015 es más 1983 que 1999. Como en el regreso de la democracia, el resultado fue más sorpresivo para el peronismo esta vez que en 1999. Tanto en 1983 como en 2015, el PJ perdió la provincia de Buenos Aires, su bastión tradicional, y casi los mismos 7 municipios del conurbano, más varias de las grandes ciudades del interior bonaerense.

Además, “el triunfo en la PBA en 1999 –agrega la politóloga Victoria Murillo en diálogo con el estadista– le permitió al peronismo hacer valer su peso territorial, sostener a Eduardo Duhalde como primus inter pares con los intendentes (y gobernadores) y asignarle la derrota a Carlos Menem, mientras que en 1983 había más polos de poder como resultado de una derrota sorpresiva y de no tener al gobernador bonaerense”. En ese sentido, compara, “Daniel Scioli no quedará parado como Duhalde sino que habrá una competencia por el liderazgo”.

Eso es lo que se avecina en el partido que fundara Juan Domingo Perón. Sin cargos y habiendo perdido la oportunidad que esperaba desde que fue vicepresidente, la carrera política de Scioli podría haber terminado el 22N. La Presidenta está de salida. La lucha por el liderazgo tendrá varios competidores.

Según la teoría del Big Bang, a la Gran Explosión le siguió un momento de fragmentación y dispersión de las partículas y luego el Big Crunch, una etapa en que las partes se reagruparán en una única formación nueva. Cualquier parecido con el motivo de esta nota, no es mera coincidencia. El peronismo vive su Big Bang, o al menos uno de ellos.

URTUBEY, MASSA Y…¿CRISTINA?

Cuando termine su mandato, la Presidenta volverá a Río Gallegos a pasar fin de año y pensar su futuro político. Qué hará después es una incógnita. En términos de poder institucional, Cristina tiene el apoyo claro de 2 o 3 gobernadores, una veintena de diputados y un puñado pequeño de senadores. Y se va con un apoyo popular nada desdeñable. De todos modos, para Murillo, es difícil que mantenga su liderazgo. “Esos reductos no serán suficientes para frenar la embestida de renovación peronista de los que quieren ser candidato a Presidente la próxima vez. La interna será fuerte y no le querrá dejar al kirchnerismo retener un liderazgo que los llevó a la derrota”, aventura.

En qué medida se le reprochará la derrota a Cristina será determinante en ese sentido ya que, como recuerda María Matilde Ollier, “el liderazgo del peronismo funda su legitimidad última en el voto ciudadano”. Aunque se va con una elevada imagen positiva, por decisión propia o disgusto, la estrategia electoral del FpV fue decisión suya y eso le podría valer reproches dentro del peronismo, como los que ya expresó Florencio Randazzo.

Otros dos anotados para liderar serán probablemente Sergio Massa y José Manuel Urtubey. Al gobernador salteño se le terminará en 2019 su tercer mandato consecutivo y deberá abandonar el cargo. El intento de saltar a Nación, para el que el gobernador ya se mueve, será su salida más probable. El apoyo de sus pares, su principal capital político. Lo que hagan los mandatarios del peronismo que hoy se identifica como disidente (Carlos Verna, Juan Schiaretti, Mario Das Neves, Alberto Weretilneck y Alberto Rodríguez Saá) será otra de las claves a seguir de cerca. Aunque en un primer momento, podrían tener más incentivos para mantener en buenos términos su relación con Mauricio Macri.

Mientras tanto, según reconocen en el propio Frente Renovador, “Massa quiere ser el Cafiero de Macri”. El tigrense se ve como el elegido para encabezar una oposición peronista cooperativa como la que encarnó el ex gobernador bonaerense cuando Raúl Alfonsín era Presidente. No habrá cogobierno ni ministros del massismo en los gabinetes nacionales ni provinciales del PRO, aclaran desde el massismo, pero sí habrá seguramente acuerdos ocasionales.

El pilar principal de esa cooperación será la acción legislativa en los distintos niveles. En la Cámara de Diputados del Congreso Nacional y en ambas cámaras de la Legislatura bonaerense, los legisladores renovadores y los de Cambiemos sumados alcanzan la mayoría simple. Y también podrían brindar apoyos puntuales en el debate público en políticas con las que coincidan.

Sin embargo, lo más probable es que la discursión en torno al liderazgo no se dé desde un primer momento ya que el amplio respaldo que Macri obtuvo en algunas provincias y la necesidad de recursos podría ser un incentivo para que muchos gobernadores se apoyen en el Presidente electo en un primer instante. Más aún cuando además del reordenamiento de piezas al interior del peronismo, el mapa de poder entero en Argentina atravesará un período de reacomodamiento.

LA RECONFIGURACION

A partir del 10 de diciembre, el peso institucional del peronismo no será para nada desdeñable, pero tampoco tan fuerte como en períodos previos en los que era oposición.

Tendrá mayoría en el Senado y será primera minoría en Diputados, algo que no ocurrió ni en 1983 ni 1999. No obstante, sin un liderazgo claro, algunos peronistas se dispersarán, lo que podría modificar el cuadro actual de alineamientos.

Los gobernadores serán en su mayoría peronistas, aunque no lo será el bonaerense ni el de ninguna de las cinco provincias más grandes, con la excepción de Córdoba, que estará en manos del peronismo local, hoy no alineado con el oficialismo nacional. También Chubut, Río Negro, San Luis, La Pampa, Formosa y Chaco estarán gobernadas por peronistas sin proyección nacional que serán claves para brindarle apoyo a uno u otro dirigente que quiera encabezar la fórmula del PJ en 2019. Además, algunos de ellos accedieron al cargo con un discurso enfrentado al kirchnerismo, mientras otros tantos hicieron campaña por Scioli. Esas diferencias también tendrá que subsanar el partido.

Si bien el sindicalismo sigue siendo en gran parte peronista, los dirigentes gremiales no gozan de la popularidad que tenían antaño y no están todos encolumnados detrás de un mismo líder político.

Por otro lado, las elecciones nacionales mostraron la debilidad del PJ en la franja central del país. De cara al futuro, el senador electo por Santa Fe, Omar Perotti, es una de las figuras que podría ser clave para rearmar al peronismo en esa área clave que le costó la elección.

En vistas al futuro, todo pareciera indicar que la provincia de Buenos Aires volverá a definir el rumbo del peronismo. En 2017 se pondrán en juego las tres bancas del distrito en el Senado y a Massa se le terminará su mandato en Diputados. Massa buscará reunir apoyos peronistas pero desde afuera del PJ, una estrategia que deberá ratificar con votos en dos años, como lo hicieron Cafiero en 1985 y Néstor Kirchner en 2005. Mientras tanto, Urtubey, Perotti y otras figuras provinciales buscarán su oportunidad por distintos caminos.

Como señaló Andrés Malamud vía Twitter y ratifica Pierre Ostiguy en el estadista, el peronismo intentará seguramente ubicarse a la izquierda de Macri, quien además quedará a la derecha si implementa un ajuste económico con efectos negativos sobre el salario real de los trabajadores. Por tanto, al menos en lo discursivo, veremos seguramente un peronismo inclinado a la izquierda.

Si la crisis se agudiza, el contraste con el Gobierno de Cristina será inevitable, por lo que el PJ tendría en un primer momento más incentivos para oponerse a Macri unido que separado. A la larga, no obstante, espera la pelea por el liderazgo.

Distrito

Partido

Buenos Aires

PRO

Córdoba

PJ no K

CABA

PRO

Santa Fe

FPCyS

Mendoza

UCR

Tucumán

PJ

Entre Ríos

PJ

Salta

PJ

Misiones

UCR K

Chaco

PJ

Corrientes

UCR

Santiago del Estero

UCR K

San Juan

PJ

Jujuy

PJ

Río Negro

PJ no K

Neuquén

MPN

Formosa

PJ

Chubut

PJ no K

San Luis

PJ no K

Catamarca

PJ

La Rioja

PJ

La Pampa

PJ no K

Santa Cruz

PJ

Tierra del Fuego

PJ

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