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Ni cuentas claras ni amistad

La pelea entre el Estado Nacional y la Ciudad ya acumula tres frentes abiertos. ¿Estrategia electoral o conflicto de intereses?

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Si no es por la coparticipación, es por los subsidios, y si nos llegamos a aburrir renace el litigio por los terrenos cedidos. La pelea entre la Ciudad y la Nación no tiene fin. La sucesión de hechos con potencial conflictivo se parece más a un guion televisivo que a la relación entre una administración federal y un distrito autónomo.

Frente a la superposición de eventos de conflicto, es más que valida la pregunta de siexisten verdaderas diferencias de intereses entre los dos gobiernos o si es mera especulación electoral. En el segundo caso, restaría saber si es de ambos por igual o una de las partes está más interesada en mantener viva la llama del conflicto.

En primer lugar, se puede afirmar que los intereses de los dos gobiernos juegan un papel importante. Tanto en la disputa por los terrenos cedidos por Macri, como en la baja de la coparticipación y la presunta eliminación de los subsidios, hay intereses reales de cada uno de los ejecutivos. 

Los intereses son sobre todo presupuestarios pero también el orgullo tiene un rol. Este último elemento es lo que une a las dos hipótesis de explicación sobre la perpetuidad de la pelea. Para el Estado Federal es una cuestión de orgullo recuperar los beneficios otorgados al distrito porteño durante la gestión de Macri, tales como la cesión de terrenos nacionales a la Ciudad para financiar obras y el excesivo aumento de la coparticipación para solventar el traspaso de la policía. 

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires encuentra en estos reclamos y acciones un activo comunicacional para polarizar con el Frente de Todos y mostrarse como principal víctima del gobierno federal. La estrategia resulta atractiva tanto para hablar con los votantes del distrito, con quienes los conflictos sirven para justificar aumentos de impuestos, tarifas y posible desinversión, como para posicionarse como principal referente opositor a nivel nacional. 

Más allá de la perdida de presupuesto porteño, los tres frentes de combate abiertos con el gobierno de Alberto Fernández es exactamente lo que necesita el Jefe de Gobierno para catapultar su candidatura a todo el país. En este sentido, no está claro si las medidas adoptadas desde la Casa Rosada tienen el filtro de la estrategia comunicacional. El empoderamiento de Larreta como líder opositor puede servir a corto plazo, pero una vez que la fecha de las presidenciales se acerque, el Frente de Todos tendría que minar su legitimidad alzando a nuevas figuras al ring nacional. 

Las cuentas no están claras entre la Nación y la Ciudad. Es evidente, a partir de los datos oficiales, que entre el 2015 y 2019 se benefició excesivamente al distrito porteño. La amistad cultivada en el primer momento de gestión de la pandemia entre las administraciones de Fernández y Larreta parecería ser independiente de la claridad de las cuentas.Ni las cuentas claras podrían conservar la amistad a un año de las presidenciales.

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