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El momento más pro-americano de la actual administración

La administración Fernández está indicando a norteamericanos y europeos que sus conflictos con Rusia y China no van a alterar la decisión de Argentina de proveer alimentos y energía.

Argentina sigue buscando un balance entre Estados Unidos, China y sus respectivos aliados.
Argentina sigue buscando un balance entre Estados Unidos, China y sus respectivos aliados.
Tomás Múgica Tomás Múgica 23-09-2022
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La gira de Alberto Fernández por Estados Unidos, con motivo de su participación en la Asamblea General de Naciones Unidas, representa un matiz en una política exterior que defiende la idea de un mundo multipolar e intenta construir un sendero autónomo en relación a la competencia global entre Estados Unidos y China. Sin abandonar esa aspiración, las últimas semanas muestran el momento más pro-americano de la actual administración. 

Basta repasar algunos hechos para confirmar esta impresión. El viaje del Presidente siguió al realizado por el Ministro de Economía, quien regresó al país el 12 de septiembre. Los encuentros con Mauricio Claver-Carone, presidente del BID y con la Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, fueron los puntos más destacados de una gira en la cual Sergio Massa mostró sus sólidos vínculos con algunos de los principales círculos de poder de Estados Unidos. 

Mientras tanto, con el trasfondo de un giro del programa económico hacia la ortodoxia, se sucedieron gestos de cercanía con EE.UU. por parte de diversas figuras de la coalición oficialista. Destacamos dos: Hugo Yasky y Roberto Baradel, dirigentes sindicales cercanos a CFK, visitaron al embajador norteamericano (a continuación, Pablo Moyano elogió al embajador, a quien definió como “más peronista que muchos de los nuestros”); también visitó la embajada un grupo de diez gobernadores del norte del país, oficialistas en su mayoría, que prepara una gira por Estados Unidos a fines de septiembre. 

Por fuera de la política, en el marco de Conferencia Sudamericana de Defensa en Ecuador, el Jefe del Estado Mayor Conjunto de las FF.AA., General Juan Martín Paleo y la Jefa del Comando Sur, Laura Richardson (quien se había reunido con la Vicepresidenta en abril pasado) difundieron en las redes sociales una foto elogiando la cooperación en materia de seguridad entre Argentina y Estados Unidos.  

Es en ese contexto que tuvo lugar el viaje del Presidente, quien espera concretar su postergada reunión bilateral con Joe Biden para octubre o noviembre, con una agenda dominada por las urgencias macroeconómicas y la búsqueda de inversiones. A su intervención en la ONU -y en los encuentros realizados al margen de la Asamblea- se sumaron la reunión con la Directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva y un encuentro con inversores en el sector energético, en Houston. Fernández también participó de un seminario de la CAF, disertó en la New School (un lugar caro al kirchnerismo) e inauguró una muestra sobre la ESMA. 

La entrevista con Georgieva sirvió al objetivo de sostener el acuerdo con el FMI, uno de los pilares del plan económico. Luego de un informe positivo del staff del organismo, se espera que el Board -en el cual el aval norteamericano es indispensable- apruebe la segunda revisión trimestral de las metas programadas en los primeros días de octubre; ello habilita el pago de US$ 3.900 millones. 

En su discurso ante la ONU, el presidente expuso nuevamente las preferencias de su Gobierno en materia internacional: fortalecimiento del multilateralismo, reforma de la arquitectura financiera global, combate a la desigualdad, defensa de la democracia y los derechos humanos. Pero por sobre todo aprovechó su intervención para mostrar su cercanía a la Vicepresidenta frente al atentado que sufrió y para reforzar la imagen de Argentina como jugador global en los mercados de alimentos y energía.

Tal como viene haciendo en otros foros, el presidente pidió a la comunidad internacional trabajar para alcanzar el fin del conflicto en Ucrania y llamó la atención sobre la desigualdad global, puesta de relieve por la pandemia. 

Agradeció a los países que apoyaron a la Argentina en la renegociación de la deuda externa y demandó cambios en las reglas del juego de la economía mundial. También, en un gesto de autonomía frente a Estados Unidos -que no opaca el actual acercamiento- y en su rol de presidente pro-tempore de la CELAC, reclamó nuevamente -tal como lo había hecho en la última Cumbre de las Américas en Los Angeles- el cese de las sanciones a Cuba y Nicaragua.  

Fernández renovó el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas, señalando el carácter ilegal de la explotación de los recursos naturales que el Reino Unido lleva adelante alrededor de las islas y el dispositivo militar que mantiene allí, en contraste con la existencia de una zona de paz en la región; y requirió a Irán que permita juzgar a los acusados por el atentado contra la AMIA. 

En materia de Derechos Humanos, un área en la cual Argentina ocupa un lugar destacado en diversos foros diplomáticos, Fernández destacó la elección del país para presidir el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Las notas distintivas del discurso presidencial fueron dos. Primero, Fernández hizo referencia al atentado contra CFK, al que situó en el marco de un avance a nivel global de la polarización y de conductas extremistas que amenazan la democracia. Segundo, reiteró que Argentina es un proveedor confiable de alimentos y puede serlo de energía, en momentos en los que el acceso a ambos se ha vuelto más dificultoso a nivel mundial. En cuanto a los alimentos, el país no limita su rol al de productor y exportador, sino que se sitúa en la frontera tecnológica y puede contribuir a mejorar la productividad global del sector. En relación a la energía, tiene un gran potencial como productor de “energías de transición” (gas natural) y de energías limpias (solar, eólica, hidrógeno verde).

Alimentos y energía fueron además ejes de los side events en los cuales participó el presidente. Fernández expuso en la Cumbre Mundial de Seguridad Alimentaria, presidida por Estados Unidos, la UE, la Unión Africana y España y en la cual participaron Pedro Sánchez, Olaf Scholz, Justin Trudeau, Charles Michel y Anthony Blinken, entre otros líderes occidentales (además de Fernández, Gustavo Petro y Guillermo Lasso representaron a Latinoamérica). 

El presidente también fue invitado -junto a otros siete mandatarios- a una cena convocada por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, con foco en la agenda energética. Dicha agenda fue parte, en fin, de la reunión con el Primer Ministro de Portugal, António Costa, en la cual se evaluó la posibilidad de que las exportaciones de gas argentinas ingresen a Europa a través de puertos portugueses. 

Definir a Argentina como proveedor confiable de alimentos y energía entraña un posicionamiento en el tablero internacional. Implica, ciertamente, evitar alineamientos políticos que pongan en peligro esa confiabilidad. Pero en el contexto actual -especialmente en el caso de la energía- supone también asegurar a Occidente (y a sus aliados) que Argentina puede contribuir a paliar la crisis de suministro desatada por el conflicto en Ucrania. 

En resumen, la administración Fernández está indicando a norteamericanos y europeos que sus conflictos con Rusia y China no van a alterar la decisión de Argentina de proveer alimentos y energía. Más aún, en el terreno de la energía, los capitales occidentales -especialmente norteamericanos- deberían jugar un rol central en el desarrollo de las capacidades de producción y exportación, mediante la inversión en Vaca Muerta: las visitas a Houston de Massa, durante su gira, y del Presidente en esta ocasión, son claras señales en ese sentido. 

Por supuesto, también hay gestos para el equipo de enfrente: en otro evento lateral, Santiago Cafiero se reunió con el Ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, quien ratificó el apoyo de su país al ingreso de Argentina en el BRICS. 

Al igual que otras potencias medias de la región y del Sur Global, Argentina sigue buscando un balance entre Estados Unidos, China y sus respectivos aliados. Sin embargo, resulta claro que -empujado por la necesidad de encarrilar la economía y a la vista de buenas oportunidades en materia de comercio e inversión-, el Gobierno busca fortalecer su relación con Occidente y despejar ambigüedades. Todo parece indicar que, al menos en ese punto, el Frente de Todos ha logrado acuerdos internos. 

 


 

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