(Columna de Nicolás Tereschuk)
No parece haber muchos mapas a mano que nos digan qué panorama nos podríamos encontrar en octubre y más allá
Con las próximas elecciones legislativas, la política argentina se introducirá -aún más- en una “dimensión desconocida”. Es que, ¿cuáles deberían ser los parámetros para hacerse una idea de qué significa el tercer comicio para seleccionar diputados y senadores nacionales que enfrenta el kirchnerismo como tal?
Si vamos a la historia reciente, el alfonsinismo sólo debió plantar batalla en dos elecciones legislativas. Tras una victoria en 1985, para 1987 ya se vio superado por el PJ, que obtuvo 60 de las 127 bancas en juego para la Cámara Baja.
A su vez, el PJ encabezado por Carlos Menem salió victorioso en los comicios de 1991 y 1993. Y luego, en un año par puso en juego su poderío electoral en las elecciones para convencionales constituyentes. Pero ya para 1997, en su tercera elección legislativa, mostró importantes signos de fatiga desde el mismo planteo de aquellos comicios. La Casa Rosada no manejó la campaña en la que se libró la “madre de todas las batallas” (la provincia de Buenos Aires), donde Eduardo Duhalde tenía al PJ provincial “alambrado” y prácticamente inmune a la influencia menemista. Para peor, el duhaldismo resultó derrotado por la flamante Alianza, con Graciela Fernández Meijide a la cabeza, en territorio bonaerense. Aquellos comicios arrojaron desde lo formal una victoria peronista a nivel nacional: el PJ se quedó con 50 de las 127 bancas a la Cámara Baja en juego (seguimos aquí la información del Atlas Electoral de Andy Tow). Sigue leyendo →
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Mecanismos de prevención de crisis institucionales no le harían mal a nadie…por las dudas, ¿vio?
Al cumplir diez años de su llegada al poder, el kirchnerismo adolece de crecientes disonancias cognitivas: aritméticas, espaciales y temporales. Las primeras lo llevan a actuar como si contara con la mayoría absoluta del electorado. Las segundas lo impulsan a moverse como si contara con la suma del poder público y no tan solo con un estricto mandato constitucional; como si representara a la totalidad de la Nación, y no sólo a una parte de ella; como si su destino fuera el destino del país en su conjunto. Y las terceras lo llevan a confundir los tiempos históricos: allí donde el resto del espectro político ve el principio del final, el kirchnerismo se empeña en ver recién el final del principio.
La “década ganada” permite ilusionarse, en palabras de Andrés “el Cuervo” Larroque, “con por lo menos una década más hacia adelante”. Este 2013 es así un territorio en el que no se termina de asumir las realidades del presente y en el que compiten dos formas de negación: quienes fugan hacia el futuro y quienes experimentan el retorno del pasado. Gobernar con mayorías aplastantes nunca es bueno. Pretender hacerlo como si se contara con dichas mayorías, para introducir cambios que modifican el funcionamiento del sistema republicano, aquel que contiene a mayorías y minorías circunstanciales y les garantiza su expresión y participación, es todavía más nocivo y -a la corta o a la larga- también resulta contraproducente. Sigue leyendo →
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(Columna de Julia Pomares, directora del Programa de Política y Gestión de Gobierno de CIPPEC)
El debate sobre la calidad de los procesos electorales no debería centrarse en el sistema de votación
Obra en tres actos. Lugar donde transcurre la acción: Venezuela. Primer acto (noviembre de 1998): se implementa por primera vez un sistema de escaneo óptico de boletas que busca desterrar el fraude. Eran épocas en las que las actas de escrutinio se denominaban actas “mata votos”. El sistema tuvo problemas de implementación y la autoridad electoral decidió cambiarlo por otro. Sigue leyendo →
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(Columna de Carlos Fara)
El espacio radical-socialista está disponible para la llegada de una figura fresca. ¿Será Sanz?
¿Puede la UCR volver a ser una opción de poder? ¿Con quién? Sigilosamente, en el partido de Alem se fueron produciendo algunos cambios en los últimos 18 meses desde que Ricardo Alfonsín salió tercero en la elección presidencial de 2011: Sigue leyendo →
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Podríamos dividir el mapa político entre kirchneristas puros, kirchneristas moderados, aliados kirchneristas, ex kirchneristas, y un resto más bien pequeño
En el universo de las máximas peronistas, una de las más citadas es la panorámica que el General le dio a un periodista sobre el sistema de partidos argentino. Era 1972, y dijo que había un 30% de radicales, otro 30% de conservadores y otro 30% de socialistas. “Pero, General, ¿y dónde están los peronistas?”, preguntó. “¡Ah, no, peronistas son todos!”, respondió Perón.
Perón estaba proyectando su deseo. Porque la cosa no era tan así. A pesar de su gran plasticidad para absorber a dirigentes y votantes provenientes de otras tradiciones, y para albergar a las más diversas variantes ideológicas en el seno del partido, el peronismo competía con otros partidos establecidos, y existía una diferenciación reconocida entre el peronismo y la oposición, en términos de organización e identidad partidaria. No obstante, en el nivel de la oferta de dirigentes, lo que Perón no pudo lograr sí lo hizo Kirchner. Sigue leyendo →
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La política argentina no es ideológica ni programática sino identitaria
Carlos Menem era invencible. Durante diez años el menemismo fue para siempre, pero de repente llegó el fin y el jefe terminó preso. El arresto duró sólo seis meses, aunque marcó el límite de la impunidad. Después, en un giro menor de la historia, el kirchnerismo recicló al riojano como senador propio. Lo relevante es constatar que nada es para siempre, y si los jueces argentinos fueran como los ministros venezolanos ya estarían bautizando celdas con nombre de ministros. Por cierto, el Gobierno argentino que sancionó a Paraguay por antidemocrático no hizo declaraciones sobre la golpiza que sufrieron los diputados opositores en el Parlamento de Venezuela.
En las últimas semanas, mientras el Gobierno se desangraba cada domingo por televisión, la oposición comenzó a aglutinarse en unos pocos grupos con mayor consistencia. Dado que enfrente no hay una dictadura y que las elecciones intermedias fragmentan el voto, la unidad opositora es innecesaria e inconveniente –salvo para el Gobierno–. Como una gran dispersión es igualmente inconveniente, la estrategia ideal está en el medio: dos coaliciones, una a cada lado del Gobierno, que no polaricen la elección sino que la centrifuguen. Sigue leyendo →
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