En el kirchnerismo creen que la sucesión presidencial se resolverá dentro del peronismo. Entienden que los casi 40 puntos que Cristina Fernández le sacó al segundo en las últimas elecciones marcaron una distancia con relación a las otras fuerzas políticas que no se podrá remontar en el corto plazo. Tampoco lo ven a Mauricio Macri con condiciones y estructura territorial suficiente para ganar una elección nacional.
Por lo tanto, no tienen dudas de que el próximo presidente saldrá del peronismo y por eso creen que allí es en donde debe darse la batalla. Concretamente, para el kirchnerismo ortodoxo eso significa buscar un candidato que asegure que el modelo se siga profundizando y, al mismo tiempo, cerrarles el camino a quienes pueden significar un retroceso para los avances logrados en los últimos años. Por supuesto que esa lista es encabezada por Daniel Scioli pero, de acuerdo a como evoluciones el proceso político, puede tener otros integrantes como Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey.
Ese sector supone que Cristina impondrá, en su momento, el nombre de su sucesor. Eso requiere que llegue al fin de su mandato con una elevada popularidad que le permita constituirse en la gran electora.
Pero la selección de una figura con estatura presidencial no es sencilla. La experiencia con Amado Boudou demuestra que hay cargos que requieren un importante rodamiento político previo.
Además, en la medida en que se concentre todo el poder en Cristina y que sea considerada como la figura excluyente del oficialismo, no es fácil que alguien pueda construir un perfil propio y que logre destacarse.
Por otra parte, si la puja interna entre distintas alas de la coalición oficialista se hace más intensa puede terminar perjudicando a todos. La decisión del kirchnerismo puro de bloquear las candidaturas de las figuras que les son menos afines puede derivar en un conflicto que aproveche el espectro no peronista.
El caso más recordado en ese sentido es el de la dura puja entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde que fue clave para que en 1999 la sucesión no recayese en el peronismo. Y así se impuso la Alianza. Luego del fracaso de esa experiencia, Duhalde comenzó un ciclo político que sigue hasta hoy. Duhalde eligió a su sucesor, Néstor Kirchner hizo lo mismo y Cristina fue reelecta.
El peronismo es la fuerza política más importante del país y, por ese motivo, es la que siempre tiene las mayores posibilidades de ganar las elecciones. Pero la experiencia muestra que, aun siendo ampliamente mayoritario, puede sufrir derrotas sino procesa adecuadamente sus diferencias internas.



Pingback: Nueva entrada en el blog: El kirchnerismo se tiene que acordar de Menem |